Educar con sentido: entrevista a Carlos Baquedano

Jorge Carlos Baquedano Medina se desempeña como Director de Secundaria en Álamos Sur, escuela ubicada en Cancún, Quintana Roo. Cuenta con diecisiete años de experiencia como docente y quince años de darle vida, luz y alegría a Álamos Sur. Es psicólogo de formación. Su profesión y liderazgo le han servido para dirigir, transformar y hacer de un espacio educativo a uno multifacético donde los estudiantes además de aprender también se divierten, crean, reflexionan y exploran.

El profesor Carlos tiene una vasta experiencia con adolescentes. Y como docente de secundaria siempre he tenido la curiosidad de saber más sobre esta etapa, de entender qué pasa por la mente de un alumno de trece o quince años, y de por qué la adolescencia está estigmatizada y catalogada como una etapa “difícil” en la que los hijos se vuelven rebeldes y desobedientes.

Así que, cuando conocí al profesor Carlos y su forma de liderar a un gran equipo de trabajo y la manera de explicar el comportamiento adolescente entendí que él debería ser el indicado para explicar y responder las siguientes preguntas.

Desde su experiencia, ¿cómo es liderar dentro de un entorno educativo?

Liderar en un ambiente educativo implica asumir una responsabilidad que va mucho más allá de la gestión directiva. Es, en esencia, acompañar procesos humanos que están en construcción.

Desde mi experiencia, liderar una escuela significa tomar decisiones todos los días pensando en el impacto que tendrán en la formación de adolescentes: en cómo aprenden, en cómo se relacionan, en cómo se perciben a sí mismos y en el tipo de personas en las que se están convirtiendo.

Es sostener y contener tensiones: entre lo académico y lo socioemocional, entre la innovación y la estructura, entre lo que queremos lograr y las realidades que enfrentamos.

Liderar una escuela es formar comunidad. Y cuando eso se logra, los resultados académicos llegan como consecuencia de algo más profundo: un entorno donde las personas se sienten vistas, acompañadas y retadas a crecer.

¿Cómo acompaña a su equipo para brindar una enseñanza de excelencia?

Lo primero y más importante es aplicar la misma base que mencionaba en la respuesta anterior, tener siempre presente que antes de que ser docentes o colaboradores, son seres humanos que necesitan ser tratados con respeto, ser vistos, reconocidos y acompañados.

No solo se trata de coordinar un equipo de trabajo para cumplir objetivos académicos, sino de ayudarlos a generar condiciones para que el aprendizaje en sus aulas sea significativo. Esto implica trabajar con los docentes para que no solo enseñen contenidos, sino que construyan experiencias de aprendizaje; estar presente para los estudiantes, entendiendo que cada uno vive su propio proceso.

¿Por qué se dice que la adolescencia constituye una etapa fundamental en el desarrollo del ser humano?

Considero que todas las etapas del desarrollo son importantes; sin embargo, la adolescencia tiene una relevancia particular. Como señala David Bainbridge, es precisamente esta etapa la que nos hace profundamente humanos, ya que marca el tránsito entre la niñez y la vida adulta.

Durante la adolescencia, los cambios biológicos, hormonales y emocionales se intensifican y comienzan a poner al descubierto quiénes somos en realidad. Es el momento en el que emerge la necesidad de independencia y autonomía, al mismo tiempo que se va consolidando la personalidad.

También es una etapa de “primeras veces”: experiencias que transforman la mirada infantil y nos acercan, poco a poco, al mundo adulto, aunque aún no formemos parte de él del todo. Las emociones están a flor de piel y los cambios ocurren de manera simultánea, lo que puede generar confusión, pero también un enorme potencial de crecimiento.

Bien acompañada, la adolescencia puede convertirse en una de las etapas más significativas de la vida, ya que es aquí donde comienzan a construirse redes de apoyo fuera de la familia y vínculos que, en muchos casos, resultan fundamentales para el desarrollo personal.

¿Por qué la adolescencia suele percibirse como una etapa compleja o difícil?

Creo que parte de esta percepción sobre la adolescencia tiene que ver con la “mala fama” que históricamente se ha construido alrededor de esta etapa. Con frecuencia se les asocia con características como la rebeldía, la impulsividad o la falta de interés, porque desde la mirada adulta muchas de sus conductas pueden parecer incomprensibles o incluso inaceptables.

Sin embargo, esto tiene una explicación mucho más profunda. Durante la adolescencia, el cerebro aún está en proceso de maduración, y particularmente la corteza prefrontal, que es la encargada de funciones como la planificación, la toma de decisiones, el control de impulsos y la anticipación de consecuencias, es una de las últimas estructuras en desarrollarse por completo.

Al mismo tiempo, las áreas relacionadas con las emociones, tienen una mayor activación en esta etapa. Esto genera un desbalance natural: las emociones pueden ser muy intensas, pero las estructuras cerebrales para regularlas aún se están consolidando.

Cuando este proceso se desconoce, es fácil caer en juicios superficiales, como pensar que el adolescente “no quiere”, “no le importa” o “es grosero por decisión”. En realidad, muchas de estas conductas responden a un cerebro que está en construcción. Además, hay que considerar algo importante: los adultos ya atravesamos este proceso y lo hacemos desde un cerebro maduro, por lo que nos resulta difícil recordar o comprender lo que implica vivir esta etapa desde dentro.

Entender esto no justifica cualquier conducta, pero sí cambia profundamente la manera en que nos acompañamos. Nos invita a pasar del juicio a la comprensión, y de la reacción a la guía.

¿Qué recomendaciones compartiría para educar desde la pasión, el compromiso y el amor?

Primero, creer firmemente que la educación transforma vidas, empezando por la nuestra. Quienes trabajamos en una escuela no solo enseñamos contenidos, acompañamos procesos y, en ese sentido, contribuimos todos los días a cambiar el mundo desde lo cotidiano.

A partir de ahí, es fundamental escuchar a los alumnos, mirarlos y reconocer su valor. Cada estudiante necesita sentirse visto, comprendido y tomado en cuenta.

También es importante entender que los límites no son lo opuesto al afecto; al contrario, son una forma de cuidado. Poner límites claros y consistentes también es decirles: “me importas”.

Y, finalmente, no podemos olvidar que el ejemplo es una de las herramientas más poderosas que tenemos. La manera en la que nos relacionamos con nuestros compañeros, cómo resolvemos conflictos y cómo construimos ambientes de respeto, también educa. Los estudiantes no solo aprenden de lo que decimos, sino, sobre todo, de lo que ven.

Es Licenciada en Antropología Social por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha participado en la logística del congreso UC-Mexicanistas en el marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) entre 2014 y 2024. Es columnista en Novedades Yucatán y también ha publicado en Universo de Letras de la UNAM “Unalome” y “Para aquellos amores que existieron”. Participó con la ponencia “Un paseo por Mérida en resistencia” en el Encuentro Cultural y Literario “Mérida en su caleidoscopio”. Además en su tesis de licenciatura se interesó por investigar sobre la violencia de género y sus obstáculos en las instituciones públicas. Se ha desempeñado como docente en educación básica y educación superior. Ha sido jurado de diversos eventos. También ha participado como ponente en distintos proyectos desde su formación como antropóloga.