El periodismo ante los nuevos escenarios comunicacionales

El auge de Internet desplazó los modelos tradicionales de comunicación.  Antes, la comunicación era unidireccional, con medios como la radio, la televisión o los impresos marcando la dinámica informativa, hoy, ahora, quien esté en un escenario de posible emergencia noticiosa, potencialmente puede convertirse en generador de contenidos y multiplicarlos hasta el infinito en correspondencia con el alcance logrado en Internet y las redes sociales, lo que pone en riesgo la credibilidad y deja abierta la puerta para la entrada maliciosa de las fake news.

Para muchos estudiosos, la prensa impresa ha quedado para explicar la noticia, pues ya no le es posible cumplir con la misión monopólica que desempeñó durante muchos años de dar la noticia y ser la referencia. Por dónde nos enteramos hoy de las noticias. Hay muchos lugares donde han desaparecido los medios impresos o donde son totalmente gratuitos ante los complejos escenarios para la producción, y los elevados costos de insumos y materias primas como papel, tintas, etc, además de los recursos humanos.

Por eso, la tendencia a la creación de multimedios es irreversible y no puede pensarse en una sola salida para los contenidos noticiosos. La segmentación de los públicos es imprescindible y hay que lograr llegar a todos por igual utilizando las diversas vías disponibles, la web, redes sociales, correo electrónico y otras.

Unido a ellos, es cada vez más alto el nivel de participación de los públicos en las agendas de los medios y no tomarlos en cuenta puede poner en riesgo su efectividad comunicacional. Antes, los profesionales ejercían su poder como prensa e imponían sus diferentes visiones, hoy la discrepancia es intrínseca a tales escenarios y la posibilidad de comentar las publicaciones de los medios abrió una nueva era de relaciones entre quienes emiten los mensajes y los receptores de ellos.

Esa realidad, es decir, la penetración de Internet en todos los ámbitos comunicacionales ha dejado a los medios tradicionales a la deriva y reinventándose en la búsqueda de nuevas salidas para mantener su competencia en tanto aplican fórmulas de relaciones y de conspiración que les permitan sobrevivir.

Otro tanto sucede con las redes sociales, que funcionan como un gran engranaje que ha puesto en jaque el periodismo tradicional. Antes, una cobertura noticiosa necesitaba para un medio tradicional un andamiaje productivo que llevaba intrínseco una producción asociada a diversos recursos. Hoy, una persona mínimamente preparada, con un móvil en la mano puede convertirse en un relator de cualquier acontecimiento mientras esté presente en el lugar del hecho. Esto no quiere decir que el Periodismo ha perdido su función esencial, lo que nos indica es que han aparecido otros actores en el mismo escenario y son más libres que quienes responden a agendas editoriales dictadas por los dueños o directivos del medio.

Por eso hoy, para muchos, lo más importante no es quién ofrece la noticia, sino la propia noticia, no importa si está verificada o no. Las redes han impuesto un reto y la posverdad puede salir ganando si los receptores de los mensajes no se encuentran preparados para discernir las esencias.

Sin embargo, una fortaleza que aún conservan los medios tradicionales es la veracidad. Todavía hoy, aunque con ciertas dudas, al menos en Cuba, una parte importante de las audiencias creen en lo que cuentan los medios públicos y reproducen sus contenidos como verídicos ante la avalancha de mentiras y medias verdades que se dispersan por las redes sociales, pero, hacia el futuro habría que preguntarse si continuará siendo esa la dinámica del escenario comunicacional que se avecina.

La hegemonía de los medios se tambalea continuamente es otras de las afirmaciones que escuchamos en los últimos tiempos. Por lo tanto, una pregunta es qué hacer para continuar siendo la primera opción de la información. La respuesta pudiera ser simple: adaptarse a las nuevas dinámicas, responder a los intereses de los consumidores y con más agilidad a los reclamos de la agenda pública, entronizar cada vez más la agenda pública con la mediática y tener claro la responsabilidad social del Periodismo ante los escenarios políticos diversos. Pero es mucho más compleja que esta simple aseveración. El desarrollo de las tecnologías y su impacto en la comunicación se complejizan con el transcurrir de los días.

Igualmente, ha ido cambiando la conformación de los medios ante los nuevos retos tecnológicos, con la modificación de sus estructuras de redacciones, donde muchos impresos, obligados por la realidad, se han convertido en diarios digitales con ediciones en papel de acuerdo con sus posibilidades económicas, con reducciones en sus tiradas y un aumento considerable de su interacción en las plataformas digitales y la web. Esto también ha sido un reto para los periodistas, que, de su papel tradicional de redactor de noticias frente a un escritorio en una redacción, ha tenido que aprehender nuevas competencias: tomar fotos periodísticas, editar videos, realizar podcast, escribir en un móvil, transmitir en vivo, conectarse con las diversas plataformas digitales, realizar infografías, todo en un corto de periodo de tiempo ante los reclamos de la instantaneidad de la noticia.

La tendencia al incremento de la realización de videos, podcast, infografías y otros elementos gráficos indican que todo ha ido cambiando en los escenarios comunicacionales y no puede negarse que enriquecen el discurso periodístico y ofrecen una más amplia variedad de miradas. El consumo hoy es predominantemente audiovisual, donde se aplica aquello de que una imagen vale más que mil palabras.

Caso Cuba

En el caso de Cuba y esos nuevos escenarios, se discute ahora mismo el anteproyecto de Ley de la Comunicación Social, que está disponible para su lectura y consulta por los ciudadanos.

La propuesta de normativa, en su versión 32, aborda la gestión estratégica e integrada de los procesos de comunicación social en los ámbitos institucional, mediático y comunitario.

Además, trata el rol de ese proceso en los espacios públicos físico y digital, así como los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social. Los ciudadanos son los sujetos principales de los procesos comunicacionales, como corrobora el anteproyecto.

Las personas podrán emitir opiniones sobre el contenido del texto por vías digitales como redes sociales y el correo electrónico, lo que demuestra el carácter participativo y democrático de la elaboración de la norma.

Cuba llega a una propuesta de ley inédita, robusta y estratégica para la construcción de un sistema de comunicación en la mayor de las Antillas, y permite educar en materia de información y comunicación a los públicos.

Foto: Granma

El anteproyecto de Ley de la Comunicación Social es integrador, pues las regulaciones en materia de comunicación a nivel mundial se enfocan en características específicas, mientras en el caso de Cuba predominó la dispersión en temas legislativos, más allá del ámbito mediático.

El texto abre una oportunidad para la relación efectiva entre la prensa, las instituciones y las fuentes, y posibilita la transformación editorial y económica de los medios.

Para su elaboración, se revisaron 309 normativas de la nación para verificar el tratamiento dado a la comunicación, además de otros 61 documentos de los fondos del Instituto de Historia de Cuba.

A lo largo de sus 12 capítulos el anteproyecto regula en torno a la comunicación en el ámbito comunitario, mediático e institucional, la comunicación en el ciberespacio, la gestión de los procesos, así como los asuntos vinculados a la publicidad y el patrocinio, y la imagen y marca país.

La propuesta es fruto de una exhaustiva investigación documental sobre las normas jurídicas que se han establecido en el mundo, especialmente en América Latina y abre el camino a revolucionar todo el escenario mediático y comunicativo del país.

Pelayo Terry
Pelayo Terry Cuervo es Licenciado en Periodismo y Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana. Fue Corresponsal de Guerra en Etiopía entre 1988 y 1989. Reportero y Corresponsal Jefe en La Habana de la Agencia de Información Nacional (actualmente Agencia Cubana de Noticias), subdirector del semanario Tribuna de La Habana (1997-2000), subdirector del diario Juventud Rebelde (2000-2009), Director de Juventud Rebelde (2009-2013) y Director del diario Granma (2013-2017). Actualmente es editor del sitio web Cubaperiodistas, de la Unión de Periodistas de Cuba. Ha sido conferencista y tribunal de tesis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y presidente y miembro de varios jurados de la UPEC, entre ellos el Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida, el Juan Gualberto Gómez, por la obra del año, y el Premio Nacional de Periodismo 26 de Julio, del cual ha sido presidente en los dos últimos años. Fue premiado en varios concursos periodísticos en Cuba y consultor en temas de Periodismo y Comunicación. Fue colaborador de los diarios Por Esto! (diciembre 2017-junio 2020) en el tratamiento del tema Cuba, tanto en reportes informativos como en artículos de Opinión.