Siete de un golpe
El sastrecillo valiente
Hablemos de oficios, de esos tan importantes y tan poco apreciados, el de la sastrería, por ejemplo, casi a punto de extinguirse, pocas personas somos las que recurrimos a ellos y me incluyo porque a mí la ropa en Mérida, Yucatán, me la hace el sastre Huchin, cuyo local se encuentra a unas cuadras del parque y el mercado del barrio de Santa Ana.
Yo, todavía soy de las que compran telas para luego llevárselas a él, los modelos igual van por su cuenta, nada como la mirada de un hombre con alfileres en la boca, cinta métrica en el cuello y dedal en mano para elegir qué me queda; es decir, que la ropa que me pongo es del gusto de él y no mío, yo sólo me dedico a conversar, mientras me toma medidas.
El oficio, dicen algunos historiadores, se remonta a la Edad Media, y siendo los primeros clientes, los soldados, a quienes se les confeccionaban prendas de lino que portaban debajo de sus uniformes, trabajo que dio origen a los primeros gremios de sastrería en las principales ciudades europeas; más adelante, entrado el Renacimiento (puerta de la moda como concepto), tener un sastre era sinónimo de lujo, era una manera de expresar estatus dado que ellos tiene el poder de resaltar atributos del cuerpo o bien esconderlos, por eso yo recurro a Huchin y él lo sabe, con magia y sin cirugía puede lograr hacerme ver menos pechugona, alta, delgada, estilizada y cuando por alguna razón se quiere vengar de mí, el traidor me hace ver más chaparra, gorda y espaldona, así que el mejor consejo que les puedo dar es que siempre saluden de beso a su sastre, hay que saber elegir las batallas; yo, con Huchin, prefiero siempre hondear bandera blanca. Cada vez que le llevo mis telas, no puedo dejar de acordarme de Mauricio Garcés en la película “modisto de señoras”, habla hasta por los codos, no logro entender cómo no se ha tragado un alfiler. Ir con él, además de perder una mañana, es también buena terapia, me pone al tanto de todos los chismes emeritenses, lo disfruto.

El oficio de la sastrería es, algo así, como el club de Tobi, se compone de puros hombres organizados jerárquicamente, uno fungiendo como cabeza y los demás aprendices superándose a través de la experiencia práctica, uno corta, otro se encarga de los cierres, el nuevo cose botones y el que, nomás no da una, se encarga de la bastilla o el dobladillo, además de soportar los regaños del patrón y de ir por la comida y los refrescos de todos.
No existen manuales, el registro del oficio queda en sus cabezas, por eso es importante que no desaparezca. Hace días le hablé a Huchin sólo para preguntarle cómo estaba y si no le había dado COVID, sólo de pensar que él se me vaya al cielo, tiemblo. En las tiendas departamentales las tallas son para gente anoréxica, eso sin contar que la mayoría de la ropa que venden es la abanderada bajo lo llamado fast fashion, prendas fabricadas con materiales de baja calidad para asegurar un precio barato, pero igual una durabilidad nula y así empujarte a consumir constantemente; cosa que puedes parar si optas por consumir marcas sustentables y locales además de reparar, reutilizar y renovar lo que ya se tiene con la ayuda de un buen sastre.

Las mujeres con el tiempo lograron colarse en ese grupo varonil, el nombre también dejó de ser sastre para convertirse en modisto o modista; por lo general, la palabra “costurera” era el que se le daba a la mujer que confeccionaba ropa y el hombre era llamado “sastre” por elaborar trajes para caballero, pero eso no es del todo cierto.
México tiene el orgullo de contar con varios sastres de lujo; es más, tuvo la fortuna de haber contado con uno de los tres mejores del mundo, un oaxaqueño que llegó descalzo a la ciudad de México con muchas ganas de superarse, tanto, que no tardó en hacerse de un lugar en las calles aledañas del Palacio Nacional en las que se encuentran los talleres de sastrería; el chiquillo de doce años aprendió pronto todo lo que su maestro José Schroeder le enseñó; sastre de origen alemán que vestía a grandes personalidades como María Félix, diva que sólo se hacía vestir por los franceses y el alemán mencionado. El aprendiz Gilberto Ortiz en unos años superó a su maestro, al grado que, junto con Richard Anderson, el sastre personal de la fallecida reina Elizabeth de Inglaterra y un sastre italiano fue reconocido como los mejores a nivel mundial, teniendo dentro de su lista confidencial de clientes a varios de los Presientes de México.

Coahuila no se queda atrás cuando de sastres hablamos, prueba de ello es el sastre de raíces coahuilenses Arturo Castañeda de madre nacida en Matamoros quien confeccionó el traje portado por Kamala-Harris en su toma de protesta, aprendiz que trabajó de la mano de Ralph Lauren, historia de superación y éxito, niño que en época de vacaciones viajaba a Coyote a unos 15 kilómetros de Torreón para pasar tiempo con su familia.

La sastrería “El Ideal” además de confeccionar los uniformes de todos los integrantes de la División del Norte, mismos que presumieron en una foto frente a la estación de ferrocarriles nacionales de Torreón, al General el sastre lagunero de ese establecimiento lo dejó presentable y respetable.
En lo que respecta a la Comarca Lagunera son varias las sastrerías que merecen mención, la lista es larga, por eso sólo les recordaré que los laguneros fuimos los que pusimos guapo a Doroteo Arango. Mucho se sabe de la polvareda que Villa hizo en esas tierras allá en 1914, acción aplaudida por varios, odiada por muchos, da igual porque el punto es que según algunas fuentes la sastrería “El Ideal” además de confeccionar los uniformes de todos los integrantes de la División del Norte mismos que presumieron en una foto frente a la estación de ferrocarriles nacionales de Torreón, al General el sastre lagunero de ese establecimiento lo dejó presentable y respetable, lo que no sabemos es si le pagó, interesante sería conocer las medidas del Centauro del Norte.










Un oficio noble. Hermosa redacción q nos lleva de la mano por el mundo de nuestros artesanos
«la sastrería, la costura»…. No son un trabajo fácil que cualquier persona pueda desarrollar, son un arte que solo manos mágicas pueden dominar, no cualquiera puede confeccionar una prenda que quede perfecta, como un guante.
Sean buenaventura dos todas las personas que tengan ese don. El de crear piezas únicas a la perfección.
Muy bonita noto Ivonne, felicidades por tu excelente redacción.
Espero la siguiente nota.
Muy simpática reseña del oficio de sastrería, Ivonne, lo primero que pensé fue que en verdad deben ser super habilidosos para no tragarse un alfiler, si hablan tanto😂 en verdad me encantó tu historia! Saludos! Espero la siguiente.
Interesantísimo tema la Sasteria y los sastres! Las modistas y costureras! La historia de la moda es un paseo por el tiempo! Podemos identificar un siglo, una década y algunas que han marcado época! Y la añoranza de la majestuosidad, suntuosidad y formalidad de algunas épocas más que otras! A riesgo de no estar a la “moda” con mi comentario ..creo que además era bella la definición primaria de vestido para mujer y traje sastre para hombre! .. no menosprecio la practicidad que hoy en día implica la ropa en serie , unisex! O más actual andrógina y aunque para mí el concepto de sastre ha evolucionado literal con la moda o al reves?!😉 creo que las nuevas tendencias han dejado casi extintos los sastres hechos a medida!!! Esperemos que haya un renacer de ese oficio que rescate el viejo dicho..”De la moda!.. lo que te acomoda “! Felicidades Maestra Ivonne Boulle por poner el tema tan interesante!!!
Mi estimada Ivonne, gracias por ilustrarnos de una forma tan amena. Siempre caracterizándote por hacer atractivas tus narrativas. La equidad de género está muy bien representada por este oficio; ojalá que no desaparezca, porque en Tabasco no sé si existen suficientes, a lo mucho sé de dos o tres.