Iba en el auto con el director hacia un nuevo espacio cultural ubicado en el barrio de San Sebastián, en Mérida. No me había percatado que estaba a unos días de cumplir un año sin estar en un escenario. De pronto, a un par de horas de la presentación, la lista de todo lo que significaba compartir un pedazo de la obra de teatro “¿Antonieta o el suicidio?”, apareció claro: la coautoría del texto, las horas leyendo varios libros sobre la vida de Antonieta, su propia pluma, ensayar en pandemia, yo siendo acompañada por ella…
Acepté interpretar a Antonieta Rivas Mercado en un monólogo sin saber quién era. Una rápida revisión en internet arrojó lo que la mayoría asocia al escuchar su nombre: hija del célebre arquitecto Antonio Rivas Mercado, la mecenas de importantes intelectuales mexicanos del siglo XX y amante de José Vasconcelos También encontré que, con la pistola de este último, se disparó en el pecho dentro de la catedral de Notre Dame acabando así con su corta vida.
¿Cómo era posible que nunca antes hubiera escuchado sobre esta mujer? La cosa se puso interesante con los libros, sobre todo con la recopilación que Tayde Acosta publicó en dos tomos con la editorial Siglo XXI en el 2018. Es emocionante saber sobre la vida y obra de Antonieta a través de otras personas. Pero, sobre todo, es una verdadera delicia leer lo que ella misma escribió en sus diarios, crónicas, ensayos, obras de teatro y cartas.
Antonieta nació en 1900 en la ciudad de México. Era de “buena familia”, lo suficientemente privilegiados para recibir dinero por los trabajos por encargo que Porfirio Díaz hacía al arquitecto Rivas Mercado, pero no la clase de familia que tuvo que huir durante la revolución para ganarse unos años más de vida. Aprendió francés, ballet y piano siendo niña. También desde temprana edad se acostumbró a los viajes a París. Se casó a los 18 años con un inglés conservador radicado en México de apellido Blair y amigo de los hijos de Madero.
Cuando leí los fragmentos del diario donde habla de esa relación, no pude evitar sentirme identificada con ella. Me vi. Vi a varias mujeres que conozco. Yo también me sentía ligera y feliz cuando se iba, también dije directamente “ya no”, también me sentí desesperada cuando no hubo modo que me creyera porque él simplemente no me quería creer.
“No la entiendo, pero la siento. Horrible. Es como si me envolviera una nube de humo. Me estoy ahogando. He llorado tanto, tanto. Me duele la cabeza y tengo por dentro algo que parece trapo, algo sin forma, sin color. Me duele todo, ya no quiero llorar, ya no. Todo parece inútil. ¿Cómo fue posible? Lo que me ha dicho, lo que dijo. Algo espantoso que no entiendo pero que es horrible y vergonzoso, que me tiene cogida, que me tiene prensada”. Diario de Antonieta. (Acosta, 2008, p.7).
Pienso en Albert obligando a Antonieta a presenciar cómo quemaba sus más preciados libros, los que él no entendía porque estaban en francés, los que lo hacían explotar de celos, los que eran ventanas por las que la luz reconfortaba a Antonieta en medio de aquella opresión. Luego pienso en Antonieta con un hijo pequeño, optando por el recientemente legalizado divorcio, en su creatividad esperando el momento de escapar.
“Fue la mañana que lo acompañé a la estación. Era tempranito, mañanita gris, friolera, suave. Cuando salió el tren sentí ganas de darle una vuelta al bosque, a mi bosque de ensueño. Y allá brotó mi seguridad, porque me sentía tan ligera y dichosa. En voz bajita me confesó que era porque él se había ido, porque estaba yo sola, porque con él no era feliz” Diario de Antonieta. (Acosta, 2008, p.7).
Tengo muchos fragmentos como el anterior: Historias de Antonieta que podrían ser las mías, las de muchas. Este material fue muy útil a la hora de escribir el personaje de “la actriz”. Olvidé comentar que en escena somos dos, Antonieta y yo.
Yo quería un texto dramático que reflejara todos los matices de Antonieta, no una cronología de todos los hombres que marcaron su vida, no su padre, su marido, su amante, los amigos intelectuales, y menos su suicidio. Se elige a Antonieta por encima de su suicido, de ahí el nombre de la obra.
¿Por qué la mayoría de las veces contamos la historia de una mujer a partir de los acontecimientos vividos con hombres? ¿Por qué nos centramos en la tragedia? ¿Por qué demonios no fue reconocida como la intelectual que fue? ¿Por qué en cuatro años de mi licenciatura en teatro nadie la mencionó?
No fue solo la “mecenas”, fue directora, traductora, actriz, productora y escritora del grupo “Ulises”. La única en publicar en la revista “Contemporáneos”. La creación de la Orquesta Sinfónica de México sucedió porque ella creó el patronato que consolidó dicho proyecto. Fue profesora de teatro en la Universidad Nacional de México, donde montó “los de abajo” con sus alumnas y alumnos (después la remontó en Los Ángeles). Financió la campaña presidencial de Vasconcelos, en la que además realizó la crónica. Criticó fuertemente el gobierno de Plutarco Elías Calles.
Entender a Antonieta, es reconocer lo que implicó ser una mujer con sus ideales a inicios del siglo XX. Es traer a la luz una serie de desafíos que valientemente enfrentó: Hacerse cargo del hogar y de sus hermanos tras la separación de los padres, estudiar, casarse y ser madre joven, escribir, convivir con un esposo violento, divorciarse, apoyar el arte, enamorarse y no ser correspondida, crear, defender el voto femenino, viajar, tener amantes, esconder a estudiantes vasconcelistas, seguir escribiendo pese a la depresión, ser traicionada por hombres de su confianza, escapar a otro continente, que un juez le diera la patria potestad de su hijo a su exesposo… hay tanto.
Lo complicado es acercarse sin caer en el estereotipo de la “mujer escritora” que el canon literario patriarcal nos ha heredado. Ese que se centra más en saber sobre su vida y sacar los trapitos al sol, que en el contenido de su obra. Yo nunca he leído un artículo sobre las amantes de Vasconcelos (que fueron muchas), pero sí varios que hacen conjeturas sobre la muerte de Antonieta por “despecho y desamor”. El morbo vende, basta con leer los encabezados de los periódicos que informaron sobre su suicidio.
Hay que desenterrar a nuestras muertas, traerlas al presente y leerlas. Yo quería conocer a Antonieta, pero sucedió que poco a poco, primero desde la dramaturgia y luego desde la actuación, acabé aprendiendo más sobre mí. Leerla fue revivir episodios de mi propia mi vida que no quería tocar. Archivos sin editar bien guardados que ya no quería tener a la mano, pero que ocupaban un espacio importante, uno que necesitaba libre para seguir creando.
Sucedió: Presentamos un fragmento de “¿Antonieta o el suicidio?”. Trajimos a Antonieta al barrio de San Sebastián en Mérida. Una nunca tiene la certeza de lo que va a suceder en una función. Las personas espectadoras se conectan con la obra de maneras tan diversas, que la única forma de conocer qué les sucedió, es dialogando con ellas. Así lo hicimos ese día. Después de presentar el fragmento de “¿Antonieta o el suicidio?” en ese café en el barrio de San Sebastián, el director de la obra y yo, nos sentamos a conversar con las personas que nos acompañaron. Pude notar que Antonieta genera una curiosidad muy particular. Pero también resonaron varios temas: el amor romántico y las consecuencias que tiene en la vida de las mujeres, la depresión, el suicidio, la falta de reconocimiento al trabajo de las mujeres, los feminicidios… Hubo un espectador que habló del reciente suicidio de una vecina, vimos cómo ante un espacio seguro y a partir de lo que una obra de teatro le provocó, pudo expresar el dolor y la angustia que ese acontecimiento le provocó. Un hombre adulto llorando frente a un grupo de personas desconocidas porque no pudo hacerlo un par de días antes en el velorio.
“Desmenuzar las resistencias y dejar que suban a la superficie las verdades dolorosas, lamentables, vergonzosas, sublimes de que está hecha nuestra humanidad” escribió Antonieta en su diario, tres meses antes de partir. Yo acepté las consecuencias de hacerla vivir de nuevo, de traerla acá a que platiquemos, a decir en voz alta lo importante… A dejarnos ser humanos un ratito.
Referencias:
Tayde Acosta Gamas. (2018). Antonieta Rivas Mercado. Obras. Tomo II (Diario, epistolario y apéndices). México: Siglo veintiuno.










Excelente representación. La noche del 8 de marzo escuché a mi admirada Antonieta en tí.
Fue un gusto compartir (la) con ustedes. Una función muy significativa la del 8 de marzo.