“Felipe Carrillo Puerto en la memoria”: Mi abuelo, señor Marcos Tzec Tut, de Germán Pasos.

En el marco del Aniversario correspondiente al natalicio de Felipe Carrillo Puerto, sucedido el 8 de noviembre de 1874, y siendo también el mes del libro en México, compartimos con ustedes, queridos lectámbulos, este pasaje titulado Mi abuelo, señor Marcos Tzec Tut, arriesgó su vida por defender la ideología de Felipe Carrillo Puerto, del antropólogo y periodista, Germán Pasos Tzec, acaecido en Mérida, Yucatán el pasado 21 de octubre del presente.

Este ensayo forma parte del anecdotario Felipe Carrillo Puerto en la memoria, editado por la Secretaría de Educación en 2014, derivado de una convocatoria emitida 2011, durante la III Semana Cultural Felipe Carillo Puerto (instituida por el Decreto 136 de Poder Ejecutivo de Estado, publicado 7 de noviembre de 2008 en el Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán) que invitaba a la comunidad a presentar sus anécdotas familiares en torno prócer yucateco.

En la presentación del mencionado anecdotario, la Dra. Piedad Peniche Rivero menciona:

“Mi abuelo, Sr. Marcos Tzec Tut, arriesgó su vida por defender la ideología socialista de Felipe Carrillo Puerto”, por José Germán Pasos Tzec, es una pieza de historia oral bien construida y mejor documentada acerca de la masacre de campesinos, perpetrada en Opichén en abril de 1933 por esbirros del gobernador socialista, Bartolomé García Correa (1930-1933) […] Ahora bien, este texto de alto valor histórico es una versión más de las omnipresentes purgas de tiempos electorales, como la matanza de Muna perpetrada en 1919 por hacendados miembros del Partido Liberal contra integrantes de la liga de resistencia socialista local (véase Mantilla, op. cit., p. 87-90). El relato se sitúa en el periodo entre la muerte de Felipe Carrillo Puerto, en 1924, y el cardenismo, 1934-1940, considerado como “agujero negro” de la historia de Yucatán, y ayuda a valorar el legado del gobernador Box Pato, de dudosa calidad moral, como ya dijimos, haber revertido los avances políticos que hicieron los hacendados tras el asesinato de Felipe, lo que no es poca cosa. (P. p. 11-12).

Se publica este ensayo a manera de homenaje póstumo a su autor y con el objetivo de que puedan interesarse en el período carrillista de la historia de Yucatán, para lo que el anecdotario -que también incluye los textos de Zulay Marcela Fuentes y Emiliano Canto Mayén-, es una extraordinaria opción.

Mi abuelo, señor Marcos Tzec Tut, arriesgó su vida por defender la ideología de Felipe Carrillo Puerto

La historia de Yucatán registra un lamentable acontecimiento en el año de 1933 en el municipio de Opichén, cuando soldados y policías del Estado mataron a más de cuarenta campesinos en este pueblo. Éstos se habían levantado en contra del gobierno traicionero y represor del profesor Bartolomé García Correa, quien ordenó la masacre con la consigna de capturar vivo o muerto a mi abuelo, señor Marcos Tzec Tut, respetado líder campesino y en ese entonces sargento de la Defensa Revolucionaria del Pueblo de Opichén, y valiente defensor de las ideas socialistas de Felipe Carrillo Puerto.

Una tensa calma se vivía en Opichén en abril de 1933, año electoral, cuando todavía se mantenía muy vivo el recuerdo del vil asesinato de Carrillo Puerto, fusilado el 3 de enero de 1924 a manos de los oligarcas coludidos con el gobierno delahuertista del coronel Juan Ricardez Broca. Habían matado al ideólogo pero no habían podido matar sus ideales que continuaron con más fuerza entre la gente pobre de Yucatán, por la esperanza de que los nuevos gobernantes a elegir ese año respondieran realmente a las necesidades del pueblo desposeído, como lo hiciera durante toda su vida el insigne Felipe Carrillo Puerto.

También estaba fresca la memoria del asesinato en el año anterior de 1932 del diputado Braulio Euán a manos de los hijos del hacendado José Guadalupe Ocampo, en una emboscada planeada por el gobernador García Correa, ya  que el diputado Euán tenía muchos seguidores y era un peligro para sus intereses políticos y los de sus protegidos aristócratas. El gobernador aprovechó el hecho de que gente de Braulio Euán había ejecutado al hacendado para fraguar una venganza de la que saldría beneficiado.

“Cabe recordar que en el año de 1919, durante el efímero gobierno de los Liberales —enemigos acérrimos del Partido Socialista del Sureste—, se practicaron verdaderos desmanes contra todo aquel que resultaba sospechoso de pertenecer al partido político de don Felipe Carrillo Puerto” (…) “El jefe del Partido Liberal en esta población, señor José Domingo Vargas, mandó quemar cuatro casas, cuyos dueños pertenecían al Partido Socialista, y a otros los mandaba a cosechar sus milpas y les mataban a sus animales, etc.” (…) “a otros primero hacían que cavaran sus tumbas para luego matarlos y echarlos dentro” (…) “En la plaza de esta población existía una mata de almendra en donde ahorcaban a los individuos que pertenecían al Partido Socialista” (Cfr. Amelia Pacab Cob, Historia de Opichén).

Lo que yo he visto en la historia sociopolítica de Yucatán es una secuencia de acontecimientos en los que el común denominador es el enfrentamiento entre grupos sociales en un contexto en el que la miseria, tanto económica como moral, está presente. Los grupos de gente adinerada, sus secuaces y pandilleros no quieren perder su posición y privilegios. Las masas sociales pobres, que somos la inmensa mayoría, se han enfrentado a los poderosos en cruentas luchas, logrando los desposeídos, gracias a su sangre derramada, una mayor igualdad y el reconocimiento de los derechos civiles.

La matanza de campesinos en Opichén en 1933 es una muestra histórica del enfrentamiento entre la gente, que al haber impulsado a uno de sus representantes y ponerlo en el gobierno, éste, una vez en el poder, se olvidó del pueblo para responder a los intereses de los ricos y convertirse en un traidor de la lucha emprendida por Carrillo Puerto.

Un vulgar “traidor”, así calificó mi abuelo, señor Marcos Tzec Tut, al gobernador de triste memoria, Bartolomé García Correa, quien había mandado a Opichén a dos emisarios para pedirles que devolvieran sus armas, mismas que el gobierno socialista había entregado a las Defensas Revolucionarias para luchar por sus derechos.

El gobernador García Correa, emanado de las filas del Partido Socialista del Sureste, había caído en descrédito, y de todos era conocida su afinidad a las disipaciones constantes y su amor a la buena fortuna. “Antonio Mediz Bolio y José Castillo Torre, publicaron un remitido público en 1932, en el que denuncian que García Correa es dominante y represivo, que tenía las manos puestas en toda actividad de orden económico, político o social. Un gobierno represivo y corrupto, que vivía en la opulencia en tanto el pueblo sufría privaciones y hambres” (Eduardo Ruz Hernández, p. 32).

Contra ese gobierno de traidores encubiertos, simuladores que decían trabajar por las causas del pueblo, se levantaron los verdaderos socialistas de Opichén, ofrendando sus propias vidas en aras de la esperanza enarbolada por los principios sociales de Carrillo Puerto. La Defensa Revolucionaria de Opichén la integraban su presidente, señor Daniel Tzec y el sargento de la Defensa, señor Marcos Tzec Tut, y como presidente de la Liga de Resistencia, Anastacio Calán y el presidente municipal, señor Alfonso Aldana (Amelia Pacab Cob, p. 18).

En medio del reinante clima de intranquilidad y disgusto contra el gobierno en Opichén, la propaganda política que realizó un partidario de la candidatura de Gualberto Carrillo Puerto, uno de los hermanos menores de Felipe, tuvo una cálida acogida. El pueblo elector, casi en su totalidad, formó un comité y abrió enseguida un local para celebrar sus reuniones y comenzar sus trabajos políticos. Esta determinación popular causó un gran disgusto entre los grupos dominantes de la población, por ver amenazado su poder político y económico.

“Un grupo de ellos, formado por Bruno Euán, Daniel Tzec, jefe de la Defensa Revolucionaria, Adolfo Pech y Gonzalo Enrique Tzec, informaron de lo que ocurría al Presidente de la Liga Central del Partido Socialista del Sureste, García Correa, quien en su calidad de gobernador del Estado, dispuso la renuncia colectiva del Ayuntamiento de Opichén que apoyaba a Gualberto Carrillo Puerto. García Correa designó un Consejo Municipal presidido por Bruno Euán como presidente, Adolfo Pech, como secretario y Jacinto Pisté como vocal. A la par que esto sucedía, otra situación también se planteaba en Opichén: la Defensa Revolucionaria del pueblo había desconocido a sus jefes, tanto a Daniel Tzec, como al diputado Ernesto Cervera jefe a nivel estatal. Lo peor era que los integrantes de la Defensa Revolucionaria de Opichén se negaron a devolver sus armas” (Ruz Hernández, p. 59).

Los campesinos se sentían seguros y fuertes. No sólo estaban defendiendo su posición política, sino que también demostraban con su actitud el rechazo hacia el gobierno que en ningún momento los había apoyado. Todavía resonaba en sus oídos la respuesta que les había dado el entonces gobernador Felipe Carrillo Puerto, cuando le fueron a pedir justicia por los problemas políticos y de tierras que el pueblo tenía: “la justicia está en la palma de sus manos” (Eduardo Ruz Hernández, p. 60).

Meses antes de las elecciones que se celebrarían en noviembre de 1933, en los primeros días del mes de abril el gobernador García Correa mandó a dos emisarios para conocer si era verdad que el pueblo apoyaba a Gualberto Carrillo Puerto y no al licenciado César Alayola Barrera, el precandidato impuesto por su gobierno.

“Al llegar éstos a la población mandaron a avisar a todos los componentes de la Defensa Revolucionaria. Fue entonces cuando el sargento Marcos Tzec Tut se sublevó en contra del gobernador García Correa, diciendo que él y sus demás compañeros eran verdaderos socialistas, en cambio que el gobernador no demostraba serlo, es un traidor y deberían sacarlo. Entonces el diputado Ernesto Cervera levantó un acta leyéndoselas, en la cual decía que lo antes sucedido se le iba a comunicar al gobernador y que él respondería.

El día 13 de abril de ese año, el gobernador mandó llamar a los tres presidentes, el municipal, el de la Defensa Revolucionaria y el de la Liga de Resistencia, y éstos se presentaron el mismo día. Al llegar a la secretaría particular del gobernador, éste les preguntó que si era verdad que el pueblo se hallaba sublevado en su contra, y el señor Bruno Euán le respondió que no, que el pueblo se hallaba tranquilo. Entonces el gobernador les enseñó el acta levantada por el señor Cervera, y después de esto dio orden de encarcelarlos e incomunicarlos. Mientras ellos se hallaban presos, la gente del pueblo se estaba preparando para recibir al candidato Gualberto Carrillo, ya que se había avisado que iría el 15 de abril a visitarlos.

Un señor originario de Muna al saber que vendría el señor Gualberto Carrillo se dirigió a ese pueblo a avisarles a sus compañeros que habría chocolomo para recibir al candidato, se encaminaron hacia Opichén y al llegar les dieron una casita de paja donde se alojaron los treinta visitantes, y también fueron avisados los que se encontraban en sus milpas” (Amelia Pacab Cob, p. 9).

Era Viernes Santo el 14 de abril de 1933 (Hernández Ruz, p. 61).

“El gobernador García Correa, hombre inteligente obró con astucia, y con ayuda del diputado Cervera Barrera, pusieron en conocimiento del Jefe de Operaciones Militares, general José Juan Méndez, que un grupo de miembros de la Defensa Revolucionaria de Opichén había asumido una actitud rebelde, oponiéndose a acatar las órdenes tanto de él, como del jefe de dicho cuerpo, Cervera Barrera. El general Méndez tomando en consideración que la Defensa Revolucionaria estaba considerado como cuerpo auxiliar del Ejército, y por lo tanto teniendo jurisdicción sobre él la Jefatura de Operaciones Militares dispuso con la urgencia del caso que saliera el coronel Rafael Granja al frente de cincuenta hombres del 42 Batallón de Línea con el fin de cerciorarse de los hechos denunciados, y en caso dado, para restaurar el orden.

El contingente estaba formado, además del pelotón de soldados, por elementos de la Inspección General de Policía del Estado y de la Defensa Revolucionaria, que salieron poco después de las veintidós horas del viernes 14 de abril de 1933, con rumbo a San Bernardo, estación ferroviaria cercana a Maxcanú. El gobernador envió con éstos a los tres presidentes ya armados, para que así a ellos les echaran la culpa de lo que ocurriese.

Como a las 4 de la mañana, amaneciendo el sábado 15, llegó corriendo un campesino a avisar al señor Marcos Tzec que estaban viniendo los federales, y entre ellos estaban los tres presidentes armados. Marcos Tzec [mi abuelo] enseguida tomó su carabina 30-30 y fue a avisar a su compañero Canul, saliendo también su hermanito [de mi abuelo], y otros cuatro cuyos nombres eran Evaristo Moo, Encarnación Moo, Eustaquio Che y Vicente Calán.

Ya todos juntos se dirigieron a la pequeña plazuela que se encuentra a dos esquinas del cementerio a esperar a los federales; enseguida se distribuyeron, el sargento Marcos Tzec se guareció detrás de una mata de almendra y junto a él su compañero Canul. No tuvieron que esperar mucho, cuando vieron aparecer a los soldados. Éstos venían al mando del coronel Rafael Granja L., subjefe del Estado Mayor de la Jefatura de Operaciones Militares; el teniente coronel licenciado Eugenio Millán Tamayo; el mayor Ramiro D. Ortiz y el diputado Ernesto Cervera.

Al llegar a la plazuela el diputado Cervera le preguntó al presidente municipal dónde vivía el señor Marcos Tzec, éste le señaló la casa, ya que se encontraba cerca de ellos, y enseguida la coparon, o sea, la rodearon. El coronel Granja le gritó que saliera con las manos en alto, ya que no tenía escapatoria pues su casa estaba rodeada, y al ver que no salía, dicho coronel se preparó a disparar a la puerta.

Fue cuando el señor Marcos Tzec, quien estaba observando todo lo que sucedía desde su guarida, disparó hiriendo a uno de los federales, ya que dentro de la casa se encontraba su esposa [mi abuela], doña Eusebia Martín de Tzec.

Al darse cuenta las fuerzas federales de dónde provino el tiro, empezaron a disparar hacia donde se encontraba él, y los cinco hombres que lo acompañaban comenzaron también a disparar.

Los treinta hombres que habían venido de Muna, al oír los disparos, salieron asustados de la casa, matándolos los federales a fuego de ametralladora, dos lograron sobrevivir.

Después de dos horas de lucha, viendo el sargento Marcos Tzec que sólo él y su compañero Canul quedaban, tuvieron que abandonar sus trincheras e internarse en el monte. Quedaron en la plazuela más de treinta cadáveres de campesinos, y por parte de los federales tres muertos y seis heridos” (Pacab Cob, p. 10).

Un primer informe anunció que fueron treinta y ocho los campesinos muertos, aunque después el parte oficial desmintió la cifra diciendo que fueron sólo veintiséis los “rebeldes caídos”. Pero los pobladores de Opichén sostienen que los muertos rebasaban por mucho los cuarenta muertos, porque además los soldados peinaron el monte para buscar heridos y prófugos para rematarlos. Nunca se desenterraron los cadáveres para confirmar su número. A los infelices campesinos los enterraron enseguida, era cuestión de no dejar pruebas (Cfr. Ruz Hernández, p. 64).

“Desde el instante de los acontecimientos se designaron columnas de soldados para revisar las casas, parajes y solares en busca de armas, además se dedicaban a robar, y capturaron a más de 150 individuos, que eran sacados de sus casas amarrados con los brazos hacia atrás y a quienes golpeaban brutalmente mientras eran conducidos al cuartel. De estos individuos, seleccionaron a veinte para mandarlos como prisioneros.

Los consignados al Juzgado Militar por pertenecer a una de las reservas del Ejército Nacional eran Nicolás Chan, Juan Dzul, Raymundo Tut, Claudio Ordóñez, Anastacio Calán y Pedro Mena. Los catorce restantes fueron Delfín Calán, Salomé Xool, Zacarías Moo, Clemente Ek, Patricio Canché, Valentín Canché, Gregorio Tec, Juan de Dios Ek, Guillermo Chan, Hilario Ordóñez, Felipe Mugarte, Jesús Moo, Pedro López, y Juan Acereto, estos dos últimos de Muna” (Pacab Cob, p. 11).

Desde el día de estos graves acontecimientos se instruyó a un grupo de soldados para perseguir al sargento de la Defensa, señor Marcos Tzec, con la consigna de capturarlo vivo o muerto, pero mi abuelo logró burlarlos.

“Estando en un lugar seguro mandó a su amigo Canul al pueblo, para avisar a su esposa [mi abuela] Eusebia, que le enviara un rebozo y un hipil. Teniéndolo ya en su poder, se lo puso y debajo del rebozo guardó su escopeta 30-30; la obscuridad le facilitó la huída. Al llegar a la plaza del pueblo, un soldado le preguntó ¿quién viene? y él contestó: Soy una pobre vieja, y logró huir hasta llegar a Umán, donde lo esperaban para llevarlo a Mérida. Un golpe de audacia” (Pacab Cob, p. 13).

De esta manera mi abuelo arriesgó su propia vida con el propósito de salir del pueblo para dar aviso de la sangrienta masacre, buscar protección y pedir ayuda para detener  los asesinatos y arbitrariedades en contra de la gente inocente, cuyo único delito era aspirar a una vida digna, igualitaria y con mayor respeto a sus derechos como seres humanos.

“El autor intelectual de la matanza de campesinos en Opichén, el gobernador Bartolomé García Correa, nunca fue enjuiciado. El poder total que García Correa ejerció en Yucatán no resolvió los problemas económicos sino, por el contrario, se habían hecho más graves; la miseria y el hambre estaban presentes en todos los hogares campesinos y la industria henequenera marchaba a su ruina total.

Su poder terminó en 1935, en que como presidente del Partido Socialista del Sureste no pudo evitar que desapareciera ante el poder abrumador del Partido Nacional Revolucionario, antecesor del Partido Revolucionario Institucional. Entonces García Correa renunció a su cargo y abandonó Yucatán. El 17 de diciembre de 1978 murió en Tecomán, Colima, en donde se había retirado, tristemente lejos de Yucatán, el Estado que le vio nacer” (Ruz Hernández, p. 31).

No quisiera terminar sin traer al presente un recuerdo muy vivo que conservo de mi abuelo y es que escuchaba un radio de transistores que sintonizaba la onda corta. A principios de los setenta sólo se veía luz eléctrica en los edificios de la plaza, y de noche la gente se alumbraba con velas. Mi abuelo tenía un alambre amarrado entre dos altas matas de huano que estaban muy cerca de la casa de paja, de tal manera que podía sacar un cable hacia arriba para fijarlo al alambre que pasaba casi encima de la casa para que sirviera de antena. No sé cuántas difusoras podía sintonizar ese radio, pero recuerdo perfectamente las identificaciones de dos estaciones que escuchaba, porque las repetían constantemente durante la programación principalmente de música y noticias:

“Escucha usted XERMX Radio México, transmitiendo en onda corta desde México, capital de la República Mexicana”; y la otra, “Está usted en sintonía con Radio Habana, desde Cuba, territorio libre en América”.

Quiero terminar este relato, incluyendo una revelación que me dio a conocer mi abuelo, y que me confirmaron mi mamá, mis tías y mi tío materno. No es nada referente al acontecimiento histórico que he narrado pero se trata de una tradición milenaria, que todavía se practica en Opichén y en muchos pueblos de Yucatán.

Conocí esta costumbre cuando nació mi cuarto y último hermano, a quien mi mamá le puso por nombre Marcos en honor de mi abuelo. Después de nacer mi hermanito Marcos, una comadrona vecina llamada doña Chepita asistió a mi casa para quemar con romero el tuch del nené, y cuando se desprendió mi mamá lo envolvió con un trapo y lo guardó. Cuando llegó mi abuelo a visitarnos a Mérida, mi mamá le dio el tuch y le pidió que hiciera lo mismo que con los otros tres tuches, de llevarlo al cerro de Opichén cuando fuera a la milpa y enterrarlo en el monte, lo que oí perfectamente.

Esto me sorprendió mucho y me llenó de curiosidad, por lo que le pregunté a mi abuelo por qué se hace eso de enterrar el tuch de los niños en el monte. Y su respuesta fue clarísima: Tu tuch también está enterrado, yo lo enterré en el cerro para que no le tengas miedo al monte y el monte no te haga nada malo, es para que seas valiente y tengas suerte en todo lo que hagas.

Esto lo vi entonces como una creencia de viejitos, pero ahora comprendo su inmenso significado, y si no le agradecí en ese momento, le agradezco ahora que yo haya alcanzado a estar dentro de una costumbre milenaria de nuestros ancestros mayas, y esto independientemente de que haya surtido su efecto o no, el que mi tuch esté enterrado en el monte.

Mi abuelo murió en Opichén de vejez en 1976 rodeado de sus siete hijos, a saber. Concepción “Choni”, Rubén, Rafaela, Carmita, Eradia, Elvia y Edelmira; y de casi todos sus hijos políticos, treinta y cinco nietos y bisnietos. Su esposa, mi abuela Eusebia Martín de Tzec, murió diez años después, en 1986, también en Opichén. Para ambos guardo un profundo respeto y un inmenso amor, porque sus vidas han sido para mí un ejemplo de valentía y de lucha por lo que creo, poniendo ante todo la dignidad humana y la conciencia, los valores que no se venden, a los que nadie, jamás, podrá ponerles precio.

Corolario

El pueblo de Opichén tiene hechos históricos importantes que le han dado fama de ser un pueblo audaz, valiente y rebelde ante las injusticias y las desigualdades; y puedo decir que la matanza de campesinos en 1933 es un acontecimiento muy importante no sólo para la historia de Yucatán, sino para la historia de México. Sin embargo, en Opichén no hay ninguna placa, ningún monumento, ni nada que recuerde a las nuevas generaciones este sangriento episodio y que rinda honor a quienes ofrendaron sus vidas con la esperanza de una verdadera justicia social para todos.

Felipe Carrillo Puerto es un faro cuya luz sigue iluminando la conciencia de muchas personas que condenan el asesinato y la represión. Desde hace muchos ayeres el pueblo pobre ha sufrido la injusticia. Desde Jacinto Canek, Felipa Poot Tzuc, Carrillo Puerto y sus colaboradores, los campesinos de Opichén y Muna que fueron vilmente asesinados por los poderosos, hasta los estudiantes de Tlatelolco en 1968 y las más recientes e indignantes matanzas de campesinos en Atenco, Aguas Blancas y Acteal, que han llenado de sangre y vergüenza la historia “moderna” de México.

En este nuevo siglo continúan los asesinatos de luchadores sociales, pero además los poderosos detentan nuevas estrategias de represión y de explotación económica y moral, de las que son víctimas los 52 millones de pobres en México. La pobreza  merece atención urgente, pero esto es otra historia.

Fuentes bibliográficas

  1. Amelia Pacab Cob, Historia de Opichén. Documento inédito sin fecha, fotocopia, 30 páginas.
  2. Eduardo José Joaquín Ruz Hernández. Matanza de campesinos en Opichén (Un ensayo para la interpretación de la historia contemporánea de la sociedad yucateca). Tesis Profesional, Facultad de Ciencias Antropológicas de la UADY, Mérida, 1988.

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German Pasos Tzec. Licenciado en Antropología Social, egresado de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Trabajó en proyectos de investigación social en las áreas del cultivo de la milpa, desarrollo rural y mercado de trabajo urbano, autor de la primera tesis universitaria en la localidad sobre homosexualidad (1992), activista en pro de los derechos LGBTTT. y reconocido periodista en Yucatán y Medalla al Periodismo Cultural “Oswaldo Baqueiro Foster” 2013. Autor del libro Travestis, transgéneros y transexuales de Mérida (2008), editado por el Ayuntamiento de Mérida; coautor de Anecdotario Felipe Carrillo Puerto en la Memoria (2014), editado por la Secretaria de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán y Mérida Gay. Crónica de los movimientos LGBTTT en la ciudad de Mérida (1960-2014), libro publicado por el Ayuntamiento de Mérida y Libros en Red en 2015. Miembro de la Asociación Felipe Carrillo Puerto, A.C., Cronista vitalicio del movimiento LGBTTT y periodista de cultura y espectáculos para el periódico Por Esto! Falleció en la ciudad de Mérida, Yucatán, el 21 de octubre de 2020.

Verónica García Rodríguez
Nació en Mérida, Yucatán el 3 de enero de 1978. Licenciada en Educación Secundaria con la especialidad en Español por la Escuela Normal Superior de Yucatán y Maestra en Cultura y Literatura Contemporánea de Hispanoamérica por la Universidad Modelo. Diplomada en Competencia Lectora: un Enfoque para la Vida y el Aula (Tecnológico de Monterrey, 2013); Investigación Literaria con enfoque de estudios culturales (Univ. Modelo, 2008); Periodismo, protocolo y Literatura (IECY, 2004-2005) y Literatura y Crítica Literaria (ICY-Santillana, 2002-2003). Actualmente, estudia el Doctorado en Ciencias Filosóficas en la Universidad de la Habana. Narradora, poeta y editora. Ha recibido el Premio Estatal de Cuento Corto El espíritu de las Letras (2015); el Segundo Lugar del Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa (2005); el Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2005) y la beca del Programa Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY- 2004). Becaria en dos ocasiones del Programa de Fomento y Coinversiones Culturales del Fondo para la Cultura y las Artes en 2006 y 2016, la primera por su proyecto Palabra Viva (2005-2008) para mujeres internas, jóvenes acusados de delitos violentos y enfermos de VIH y SIDA internos en el Cereso de Mérida. La segunda, fue por el proyecto Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo que tejió un puente de memoria a partir de la palabra entre hijas, madres y abuelas de cuatro comunidades mayas de Yucatán. Es presidenta de Zedík, A. C., miembro del Centro Yucateco de Escritores, A. C. y miembro distinguido del Colegio de Profesores de Educación Básica de Yucatán, A. C. por su labor educativa dirigida generar estrategias de fomento a la lectura con niños, como el proyecto Kanules del Mundo Maya (2012-2018) y públicos vulnerables. Titular la cápsula radiofónica A salto de página, en Grupo Rivas dentro del noticiero Arcadio en la Radio, un breve espacio dedicado al placer de la lectura (2013-2016). Ha participado como ponente y conferencista en diversos encuentros y coloquios nacionales e internacionales de escritores y de educación. Coordinadora fundadora de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes y de su programa de formación (2008-2011), así como del programa Biblioteca Básica de Yucatán de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (2009-2013) y de la Unidad Editorial de la misma Secretaría de 2013 a 2018. Creadora y organizadora del Foro Regional Educación y Cultura, con el tema En los espacios que habitamos en octubre de 2014 y La filosofía y la imaginación en las lenguas originarias de América en 2016; asimismo del Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia y de las Grandes Ideas en octubre de 2015 y que en su emisión del 2017 llevó el subtítulo Cosmogonías de los pueblos vivos de América; y el Seminario Internacional de Periodismo que reúne a colaboradores del periódico Por Esto!, evento que se realiza desde 2015. Directora editorial del suplemento infantil MUNDOS del periódico Por Esto! (2016-2020) donde también publica artículos periódicamente. Entre sus publicaciones se encuentran Cartas a Sofía, epistolario filosófico para niños publicado por entregas en el periódico Por Esto!, el libro digital Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo, hijas, madres y abuelas escribiendo la memoria (FONCA, SEGEY/2017), la colección infantil interactiva Kanules del Mundo maya (SEGEY/2012-2018), el libro de cuentos Vestido rojo y sin tacones (H. Ayuntamiento de Mérida/2008) y Memorias de mujeres en prisión y otros relatos (ICY, Zedík/2006), entre otros.