El sureste yucateco fue el último rincón mexicano invadido por los españoles en 1542, después de veinte años de ser conquistada la gran Tenochtitlán, aunque no del todo sometida la península, debido a lo aguerrido de los habitantes mayas y a sus estrategias militares, aún mucho después del porfiriato.

Existe la versión de que Inglaterra, desde su colonia de Honduras Británicas, proporcionaba armamento a los mayas cruzo’ob en su lucha contra el gobierno yucateco, esto se menciona como si se tratara de un obsequio de armas a los rebeldes dado el interés británico de quedarse con la porción territorial que es actualmente Belice.

Para comprender la trascendencia del legado de Rita Cetina (1846-1908) y de sus compañeras, y colegas que participaron en la revista literaria La Siempreviva, hay que considerar dos aspectos de su obra: su participación en el movimiento de “emancipación” de las mujeres y su aportación en la construcción de la Patria.

Desde hace más de diez años, cada 3 de enero es un encuentro entre la vida y la muerte, una paradoja que se cumple en la coincidencia entre la celebración de un año mas mi vida y la muerte de Felipe Carrillo Puerto.

"La historia de Yucatán registra un lamentable acontecimiento en el año de 1933 en el municipio de Opichén, cuando soldados y policías del Estado mataron a más de cuarenta campesinos en este pueblo. Éstos se habían levantado en contra del gobierno traicionero y represor del profesor Bartolomé García Correa, quien ordenó la masacre con la consigna de capturar vivo o muerto a mi abuelo, señor Marcos Tzec Tut, respetado líder campesino y en ese entonces sargento de la Defensa Revolucionaria del Pueblo de Opichén, y valiente defensor de las ideas socialistas de Felipe Carrillo Puerto".