Habilidades para vivir con prevención asertiva

In lak’ech/Tú eres yo, como yo soy tú, tú y yo somos de la misma sangre, si te hago daño a ti, me hago daño a mí mismo…

Saludo maya

Con los cambios tan importantes que se están dando en esta época, debemos reflexionar y nuestra reflexión puede estar alimentada por pensamientos antiguos que fueron plasmados en nuestra ancestral cultura y que, además, se refleja en nuestros muy mexicanos dichos, que casi nunca tienen desperdicio. Hoy me voy a referir a uno de los que le gustaban a mi Mamayita y que dice que El que siembra vientos, cosecha tempestades.

Quiero usar este dicho, pues en este momento, crucial para la humanidad en general, y para los mexicanos y los yucatecos en particular, es necesario detenernos a analizar: ¿Qué es lo que hemos sembrado y, por lo tanto, ¿qué es lo que vamos a cosechar? Y me refiero particularmente al punto —al que no nos queremos enfrentar con tanta claridad y que es, sin embargo, de vital importancia—, de que si realmente estamos sembrando.

Hago hincapié en el tema, considerando que nuestra necesidad de supervivencia nos limita, y habitualmente nos restringe, a ver solamente un futuro relativamente cercano, futuro que además lo relativizamos según el color del cristal con que lo queremos ver, cristales de caleidoscopio que pueden distorsionar lo que vemos y que, por falta de acciones, pueden convertirlo en sombrío.

Hoy en día, las rápidas comunicaciones nos traen tan apresurados que difícilmente hacemos un alto para simplemente observar. Posiblemente, si lográramos parar un poco, obtendríamos a través de la observación, la inquietud de realmente sembrar.

Y, como ya es hora de llegar al tema de esta colaboración para la revista Lectámbulos, iremos directamente a establecer la relación entre Salud y Educación, particularmente en tiempos de pandemia y nos iremos a la definición oficial de Salud, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, que la define como:

La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Entonces, debemos armar una alternativa de pensamiento donde, los fundamentos de autocuidado, autogestión y Educación para la Salud con concepto de calidad, sean pilares básicos para establecer un enfoque actual de cómo debemos preservar nuestra vida, ya que somos necesariamente actores de la problemática, y además responsables de la solución. Curiosamente, y aun cuando suene fuera de toda lógica, cada uno de nosotros somos indispensables para lograr ese equilibrio llamado bienestar al que se refiere la OMS.

Ahora bien, si unimos todos los parámetros expresados hasta aquí, tendremos que aprender a realmente observar; o sea, verdaderamente detenernos a visualizar las áreas vitales del desarrollo humano, para poder a través de la Educación para la Salud, sembrar las bases que nos permitan después poder cosechar ese estado de bienestar integral llamado SALUD.

Se enlazaron bien los términos, ¿verdad? Pues así, exactamente es como nuestras acciones se van concatenando para que las personas sean capaces de llegar a un estado de equilibrio con un compromiso personal sano, física, moral y espiritualmente. ¡Oh! ¡Yeahhhhh! ¡Sonó muy bien! ¡Me gusto! Espero que a ustedes, lectores, también les vaya gustando.

Entonces, aclarando y amaneciendo, para prevenir, no es suficiente con escuchar conferencias o conocer datos. La información por si sola, no cambia ni las actitudes ni las conductas. Estas sí pueden modificarse, si se participa y se toman decisiones, pero principalmente, si se adquieren habilidades para elevar la calidad de vida.

Es necesario, por tanto, hacer un trabajo en equipo personal, familiar y comunitario que permita:

  • Compartir preocupaciones, retos y alternativas, en un ambiente de respeto y de confianza entre todos los miembros de una familia, y lo más posible entre los habitantes de una comunidad.
  • Aportar ideas innovadoras con energía y entusiasmo, sin criticas destructivas que polarizan en lugar de resolver.
  • Facilitar la resolución de problemas concretos, digamos por ejemplo, analizar individual, familiar y comunitariamente, qué estoy aportando yo a la eliminación de la enfermedad de moda, que se complica con las comorbilidades que yo me he buscado
  • Este proceso implica vivir y conocer mi yo, y cómo funciono en nuestro entorno, saber de sus carencias, sus necesidades y también de sus recursos para enfrentarlas.
  • Y definitivamente, tenemos que aprender a “sembrar”, para lograr una comunidad involucrada que comience a reconocerse como parte importante de la solución.

 

Aquí haré un alto para que ustedes, queridos lectores, reflexionen: ¿Están sembrando? ¿Vamos a cosechar?

A lo mejor en este alto entenderemos que el cuerpo humano es un conjunto de aparatos y sistemas que, conformados por millones de células perfectamente diferenciadas, funciona armónica y equilibradamente, y que su buen funcionamiento condiciona el estado de bienestar del que hemos estado hablando y que es reflejo de un microambiente situado en un macroambiente que deberá estar equilibrado también.

El qué se hace y el cómo se hace determina la evolución y el desarrollo de los seres humanos y de la naturaleza en si, por lo que es fundamental brindar a las personas elementos suficientes para que se tornen en seres hábiles para evitar las situaciones de conflicto y desequilibrio, de tal forma que se vuelvan capaces de proteger su bienestar, entendido éste como parámetro de salud.

La buena noticia de este espinoso tema es que existe ya una metodología para alcanzar las habilidades para vivir con prevención asertiva, sólo se requiere que esta información sea descubierta y que logremos almacenarla, procesarla, sacar conclusiones y tomar las acciones pertinentes.

Considerando que la revista nace en Yucatán, compartiré con ustedes que estas habilidades están presentes en la gran mayoría de las tradiciones culturales y que todas éstas procuran concretar a un ser humano en equilibrio. Por tal motivo, les comento que los mayas buscaban permanentemente el equilibrio conocido por ellos como Kinam, que basaba su filosofía en convertir a los hombres y las mujeres en dueños absolutos del conocimiento, y a través de este, lograr un crecimiento basado en el uso de la razón y la experiencia personal; o sea el trabajo educativo de ellos era pasar del “pensamiento mágico” de la niñez, al «pensamiento lógico» propio de la adultez.

Resumiendo en la tradición cultural de esta mágica tierra del Mayab, sentémonos a observar y lograremos entender que sólo podremos cosechar si somos capaces de entender que el concepto que titula esta columna y el in lak’ech —tan antiguo y tan presente que lo subraya—, son la fórmula mágica para logar la mejor Educación para la Salud de todas y todos. Cuando cada uno de nosotros podamos decir a quien está en frente: tú eres yo, como yo soy tú, y estemos conscientes que tú y yo somos de la misma sangre y que si te hago daño a ti, me hago daño a mí mismo, podremos lograr examinarnos a nosotros mismos, podremos concretar las acciones que nos dañan y que dañan a los demás, y seremos capaces de mejorar nuestras relaciones y nuestra vida en general, yendo más allá de lo material y de la rutina de la vida cotidiana, y con el tiempo podremos transformar lo ordinario en extraordinario, lo imposible en posible, lo inobservable en lo que puede sentirse intuitivamente, y alcanzaremos el grado de Guerreros Kinam; o sea, guerreros del equilibrio.  ¡Hagamos posible esta cosecha! Los espero vivos en chivizenteno@hotmail.com o en el WhatsApp 9992 71 38 92.

Sylvia Zenteno Ruano
Médico Cirujano y Partero por la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional en la Ciudad de México D.F. Diplomada en Derechos Humanos y Políticas Públicas y diplomada en Biomusicoterápia y en Psicología Transpersonal, áreas que han sido fundamentales para conocer la naturaleza de la condición humana. Fue Directora General del Centro de Salud con Hospital Materno Infantil de Mérida (1992), Responsable Jurisdiccional de los Programas de Prevención del VIH/Sida, Desastres Naturales, y del Programa de Atención Amigable para las y los Adolescentes (1994), Directora de la Unidad de Salud “Melitón Salazar” del Ayuntamiento de Mérida en el marco del Programa UNI-Mérida, programa líder en la Educación de los Profesionales de la Salud que prioriza a la comunidad, patrocinado por la Fundación W.K. Kellogg (1995) y Directora General del Centro De Atención Integral Para Menores En Desamparo CAIMEDE, DIF Yucatán. Ha tenido también presencia en los medios de comunicación como locutora durante 9 años en el Programa Radiofónico “La Barra Ciudadana” en Cadena RASA, y también fue conocida la “Doctora Corazón” en el programa “El Gurú del Amor”, del Grupo SIPSE, en la estación 100.1 de FM “La Nueva Amor”. Asimismo, fue conductora y productora del programa “Sabiduría del Corazón”, en Cadena RASA, diseñado para aconsejar sobre el amor verdadero, el bien común y la justicia social. De 2004 a 2020, fue editorialista de la columna “Alerta Ciudadana” en el periódico Por Esto!. Actualmente Coordinadora del Departamento de Innovación y Calidad del Hospital General Dr. Agustín O’Horan, turno vespertino, como capacitadora y supervisora de Calidad en la atención hospitalaria y en la aplicación de las Normas Oficiales en salud y es Presidenta Fundadora de Kairóz Asesores en Salud AC. (Asociación que desarrolla estrategias de planeación y coordinación operativa en acciones de prevención y protección, en favor de los Derechos Humanos, especialmente para los y las niñas, Adolescente y Mujeres, en Prevención de la Violencia).