Historia y cultura henequenera, Tomo III. El fin de la industria henequenera y las transformaciones 1980-2018

Como inicio de esta reseña debo decir que el tercer tomo de la serie de historia y cultura henequenera, que abarca casi tres décadas, 1980-2018,  y coordina y edita Erik Villanueva, contiene por supuesto una amplia información y análisis de la llamada zona henequenera, no solo de los aspectos, económicos, políticos y sociales asociados directamente al agave, sino también los que atañen a otras actividades económicas que se desarrollaron antes, durante y después del debacle de la agroindustria henequenera. 

Incluye, lo que me alegra mucho, un apartado sobre la cultura: entre la tradición y la modernidad, lo que significa una novedad respecto a los dos anteriores tomos y permite considerar de una manera más integral los elementos que configuraron y en gran medida aun lo hacen, este importante espacio social hoy llamado ex zona henequenera.

Sin embargo, estoy obligada a señalar la evidente ausencia de la perspectiva de género, lo cual no sólo implica considerar cómo las transformaciones estructurales en la zona, en las que profundiza el libro, afectaron al 50 por ciento de la población o sea a las mujeres, sino también la relevancia de su participación en las esferas económica, social e incluso política, precisamente durante las décadas abordadas.

Este aspecto fundamental sólo se menciona en el capítulo de Luis Ramírez, Los últimos días de la zona henequenera, cuando menciona la importancia del trabajo doméstico realizado por las mujeres en la capital del estado y cuando se señala el apoyo a las mujeres bordadoras por parte de la Casa de las Artesanías en el capítulo de Silvia Terán y Christian Rassmusen titulado El henequén yucateco: origen, domesticación y artesanías.

Si tomamos en cuenta las dinámicas económicas en los espacios domésticos y familiares, debemos considerar lo importantes que fueron los ingresos obtenidos y proporcionados por las mujeres a sus familias. Es importante hacerlo, ya que las estadísticas macros sobre las variables económicas no toman en cuenta que los ingresos de los hombres, aunque fueran mayores, se quedaban en buena parte literalmente en las cantinas, mientras que los adquiridos por las mujeres se aplicaron casi en su totalidad a la sobrevivencia y reproducción de las familias.

Se extraña, lo que podría ser motivo de un cuarto tomo, para el cual me apunto, el tema de cómo la monetización de la economía en esta zona transformó las relaciones de género y generacionales, relacionándose y aun lo hace, con el alcoholismo masculino y los altos niveles de violencia doméstica dirigida principalmente hacia las personas de la tercera edad y las mujeres. Estos aspectos, para nada secundarios y si fundamentales, contribuyen a entender los procesos sociales, económicos y políticos, macros y micros, de la zona. 

Quiero confesar que durante mis primeros años de estudiante en la facultad de Ciencias Antropológicas no conocía la llamada perspectiva de género, así que cuando realicé mi primer trabajo de campo en Sinanché, precisamente en 1979, mi mirada no abarcó lo que sucedía a las mujeres en aquel entonces, pero sí fijé mi atención en los movimientos sociales en los que participaron los ejidatarios henequeneros, en particular los de esa comunidad. 

A este primer contacto con la realidad de la zona henequenera se sumó mi experiencia como trabajadora del Banrural pocos años después.  Por lo tanto, leer este tercer tomo sobre la historia de la zona henequenera fue para mí una vuelta al pasado, un ir y venir en la rica información y análisis que contiene el presente tomo con mi experiencia personal como estudiante a la que le tocó conocer de manera directa algunos de los actores sobre los que se refieren los textos leídos.

Me queda claro, después de leer este tomo, que lo presenciado fueron los inicios de la transformación de un modelo de desarrollo, de aquel llamado como “de responsabilidad compartida”, por el modelo neoliberal donde el estado abandonó la inversión productiva, favoreció el mercado externo y la privatización.

Aún recuerdo la explicación de un tecnócrata del Banrural que con aire de superioridad me dijo: Georgina no es que no se pueda producir tomate en esta zona, es que sale más barato comprarlo en el exterior. Escuchaba en aquel entonces la lógica “indiscutible” de los defensores de un tipo de desarrollo basada en el mercado y que para nada consideraban la lógica de una economía indígena-campesina, ligada no sólo a una forma de reproducción económica sino a una etnia, la maya, rica en saberes, formas de vida y expresiones culturales.

Lo que sí me quedó bien claro desde aquel entonces es que las elites yucatecas se beneficiaron gracias a la corrupción que predominó en esta agroindustria. Por un lado, debido a las grandes cantidades de dinero obtenido por los recursos desviados durante las dos etapas ligadas al henequén, la producción y la industrialización; mismos que después fueron invertidos en otros rubros como la especulación de tierras de las que bien nos habla en su capítulo Luis Ramírez.   

Y, por otro lado, el control político que esta misma corrupción permitió, ya que ésta iniciaba cuando el checador reportaba más mecates de los realmente trabajados y continuaba en una cadena de números inflados hasta las más altas esferas. Esta forma de corrupción permitía el silencio de los menos beneficiados por la misma sobre las enormes cantidades que se desviaban y el enriquecimiento de altos burócratas y políticos. Funcionó también como mecanismo de control político sobre los ejidatarios, al permitir la formación de camarillas y clientelas partidarias, y, aunque no se mencione como tal, la corrupción también explica, junto con otras variables ligadas al mercado, el que la agroindustria fuera a la quiebra.

Pese a ello, los movimientos campesinos descritos en el volumen, mismos que presencié en Sinanché y desde los ventanales del Banrural, nos hablaban de un peligro que enfrentaron las elites políticas y que estoy convencida fue uno de los motivos para que se tomara la decisión de acabar con el “problema” de la zona henequenera. Pese a la corrupción y los mecanismos clientelares de control de los trabajadores por parte del estado, el tipo de relación laboral que el Banrural estableció con los ejidatarios, implicó la conformación de un sujeto social que por sus demandas y toma de conciencia proletaria representaba un claro peligro para los grupos en el poder.

Como final y para no alargarme les dejo con las palabras del coordinador del volumen: “Todo ese legado y potencial puede ser incorporado en un gran proyecto de desarrollo de la zona y de la economía estatal, con un contenido más endógenos y menos dependientes del mercado y la economía global”.

Seria hermoso soñar con lo señalado por nuestro estimado amigo, sino fuera porque los gobiernos federal y estatal le siguen apostando al mismo modelo neoliberal, basado en los megaproyectos, entre ellos el mal llamado tren maya, que amenazan al medio ambiente y al tejido social de las comunidades mayas.

Sólo me queda felicitar al coordinador, a los autores y autoras de este importante volumen que nos proporciona infinidad de elementos para un amplio y fundamental dialogo acerca del futuro de nuestro estado, península y de todo México.

Georgina Rosado Rosado
Georgina Rosado Rosado es egresada de la Universidad Autónoma de Yucatán, de la licenciatura de Ciencias Antropológicas (UADY), tiene una maestría en Antropología Social en “El Colegió de Michoacán”. Profesora Investigadora de la UADY durante 33 años, donde realizó diversas investigaciones sobre la mujer y las relaciones de género, la cultura maya, la violencia y discriminación entre los jóvenes, entre otras temáticas. Pionera en la aplicación de la perspectiva de género en la docencia y en la investigación en Yucatán. Autora y coordinadora de diversos libros sobre los temas mencionados, así como de artículos científicos y de divulgación en revistas nacionales e internacionales. Durante la gestión de gobierno 2007-2012, fue directora general del Instituto para la Equidad de Género del gobierno de Yucatán (IEGY). Integrante del Sistema Nacional para la Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de Violencia y del Sistema Nacional de Igualdad entre Mujeres y Hombres. (2007-20012). Siendo directora del IEGY desarrollo un programa editorial gracias al cual se editaron la Revista “Alas de Mariposas” y cincuenta libros de diversos autores y autoras entre ellos “La Siempreviva”, emblemático del Bicentenario del gobierno del estado. La maestra Georgina Rosado es autora de publicaciones muy relevantes destacando entre estas: 1) Mujer maya: Siglos tejiendo una identidad. 2) Amazonas: Mujeres líderes de la Costa Yucateca, 3) Género y poder entre los mayas rebeldes de Yucatán, 4) Violencia y discriminación de género entre jóvenes de educación media superior en Yucatán. 5) Mujeres en tierras mayas: Nuevas Miradas, 6) Deshaciendo Nudos y 7) Las Hijas de Eva. Las semillas de una revolución. Articulista del Por Esto! del 2000 a la fecha. Colaboradora de la sección Unicornio donde participa en la difusión y desarrollo del periodismo cultural y científico.