¿La educación a distancia o la distancia de la educación?

Uno de los retos que enfrentan los padres hoy en día, es el poder ayudar a mantener a sus hijos sintonizados y prestando atención a las clases virtuales que hoy se han vuelto la modalidad de educación remota, lo cual representa una tarea titánica según expertos de psicología educativa durante esta pandemia de COVID-19.

Los maestros a su vez, han tenido que adaptarse al cambio que ha sufrido el modo de educar, y hacer frente al modelo de una educación que es completamente en línea, lo cual sin duda representa un reto en el desarrollo educativo en los alumnos, modelo en el cual los padres representan un rol sumamente importante.

Representa un cambio radical que afecta la interacción y la personalidad de los alumnos, privándolos de un espacio en el que pueden desarrollar sus habilidades sociales fuera de casa, así como los contenidos de las materias que hoy se imparten vía remota. Según especialistas de psicología educativa, falta de interacción merma la capacidad de aprendizaje que, en definitiva, les permite una mayor comprensión de las cosas, por lo que esto debe de ser tomado en cuenta al momento de exigir un desempeño igual al de la educación presencial.

Se ha recomendado que los padres acompañen a sus hijos en esta nueva modalidad, pero tomando en cuenta los roles de éstos, no todos los alumnos contarán con esta ayuda lo que pone en desventaja a muchos, no sólo por la falta de acompañamiento, sino a aquellos que no cuentan con la tecnología para el aprendizaje como se ha observado, y muchos reciben su educación a distancia con el uso de algún celular, el cual muchas veces se ve limitado por el crédito con el que cuentan.

Hoy en día, los padres son quienes tienen que aclarar las dudas de sus hijos y desgraciadamente, no todos cuentan con esta preparación, aunque supuestamente la Secretaría de Educación Pública ha expresado que se han diseñado materiales de apoyo para éstos.

En definitiva, este año tan atípico no será un gran año para la educación debido a que afecta el nivel socioeconómico de los hogares para poder acceder a la educación a distancia, e incluso hay gente empática que ha habilitado sus hogares a fin de compartir su internet con quienes no cuentan con este servicio.

Por otro lado, se ha recomendado que los estudiantes mantengan la rutina de levantarse temprano, desayunar, e incluso en algunos casos vestir el uniforme para asistir a sus clases virtuales, las cuales aunque no se están impartiendo a tiempo completo o con el horario de las presenciales, respetan horarios de comida y dejan tarea para tratar de emular las clases presenciales que sin duda alguna, son el modelo ideal para el aprendizaje.

El tema más importante, y que debe tomarse en cuenta, son los efectos emocionales que afectan a los niños, ya que ante la recomendación de un encierro, pueden sentirse desanimados y apáticos, ya que deben permanecer durante largo tiempo frente a una pantalla, por lo que, quizá, hubiera sido más conveniente dejar este tipo de educación a consideración de los padres, porque es claro las clases virtuales no podrán reemplazar las clases presenciales y cuando éstas se reanuden, deberá hacerse una revisión de los aprendizajes.

Se apuesta porque la educación a distancia fomentará la interacción familiar y ayudará a los alumnos en su manejo de tecnología, pero otra vez entra en boga esta apuesta, ya que en muchos hogares ambos padres trabajan y, como ya se dijo anteriormente, no todos cuentan con la tecnología necesaria para recibir este tipo de educación.

Es cierto que los niños son adaptables, pero en estas circunstancias, probablemente la educación formal debería haber abierto un paréntesis y desarrollar en los alumnos otro tipo de educación como la cívica, la importancia de los roles que se juegan en un hogar, aprender a cocinar, o bien, fomentar la lectura, con el fin de evitar que estén sometidos por horas ante una pantalla que los mantiene ausentes de lo que está ocurriendo en sus hogares y en el mundo.

Pilar Faller
Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social y Maestra en Mercadotecnia por la Universidad Anáhuac Mayab. Fue docente de Literatura Mexicana en el Colegio Mérida y Directora de Vinculación en el Instituto de Cultura de Yucatán de 2000 a 2004. En 1984 trabajó como correctora el Diario de Yucatán y el año siguiente comenzó a colaborar artículos y traducciones. A partir del 2010 comenzó a colaborar con el periódico Por Esto! hasta el año 2020 en donde también se desempeñó un tiempo como correctora. Actualmente realiza colaboraciones para la página de “El cronista Yucatán” y la revista Lectámbulos.