La nueva normalidad. Un reto para las sociedades

Tomar la decisión de pasar a la fase de “nueva normalidad” es un reto para cualquier sociedad. Un virus tan letal y perseverante no deja otra opción, él lucha contra el ser humano y a estos últimos no nos queda otra que buscar alternativas para combatirlo.

Se sabe que no le importa la edad de las personas, pero sí se sabe que donde encuentra organismos más propensos logrará desarrollarse e incluso de acuerdo con la fortaleza del individuo llega a matar. Las cifras se han divulgado, ya son millones de muertes en el mundo.

No nos queda dudas de su gravedad y la respuesta gubernamental mundial ha sido considerable. Cierto es que no en todos los países se le ha dado la importancia que lleva, eso los coloca en diferentes momentos, y su evolución ha cobrado más vidas.

Cuba ha forjado su propia historia, no sólo desde el altruismo de salud que nos caracteriza, sino por la organización y respuesta cohesionada interna que está acostumbrada a asumir ante cualquier desastre o situación de emergencia. Toda la población está informada, todas y todos sabemos qué debemos hacer, qué nos pone en peligro, cómo podemos cuidar a nuestras familias, quiénes requieren especial atención y cómo brindársela; estamos hablando de esas personas que viven solas, de bajos recursos, que necesitan ayuda social, son conocidas en los barrios y están registradas por el médico de la familia. Ellas fueron atendidas y lo siguen siendo hasta que pasemos a otra fase y ojalá concluyan las fases más temprano que tarde.

La salud de todas y todos los cubanos cuenta y se realizan ingentes esfuerzos para evitar nuevos contagios, pero eso no depende sólo de orientaciones gubernamentales, la nueva normalidad coloca a los ciudadanos en una posición muy activa, en la que se tiene que asumir la responsabilidad individual y familiar del cuidado, de la protección, de crear las condiciones higiénico-sanitarias, de uso del nasobuco, de mantener las distancias entre personas que contribuyan a que la contaminación sea menos probable.

Dentro de las estrategias de salud, se insiste en el cuidado de los adultos mayores, por ser más vulnerables, sobre todo porque en estas edades aparecen enfermedades crónicas que agudizan el estado de salud cuando se contagia la persona, teniendo menos probabilidades de rebasarla. Sin embargo, muchos de estos adultos han respondido muy bien a las indicaciones dadas por las autoridades de salud, ellos y ellas han tomado las medidas necesarias para mantenerse en mejores condiciones de salud, han dado lecciones de autocontrol, de resistencias a las diferentes situaciones que se les presentan y quisieran realizar, como lo es visitar parques, visitar familiares y amigos, resolver sus necesidades de alimentación, higiene, culturales y recreativas, entre otras.

Pertenezco a un proyecto llamado “Acompáñame” y en mi condición de psicóloga, me correspondió durante las primeras fases de la pandemia, atender a varias mujeres adulta mayores que viven solas, todas ellas de más de 65 hasta 90 años. ¡Qué sorpresa! Todas muy conscientes de la necesidad de cuidarse y no salir de casa, todas generaban alternativas para entretenerse, así mismo muy agradecidas por la atención telefónica, eso sí, muy necesitadas de conversar con alguien, compartir sus miedos y también brindar consejos.

Pronto se convirtió la llamada profesional en intercambios confidenciales recíprocos, pues eso era lo que realmente necesitaban, sentirse atendidas, sentir que le importan al Estado, sentir que podían contar experiencias, ofrecer consejos, contar anécdotas de otros tiempos, de cuando trabajaban, en fin, justo lo que más requerían, después de recibir el apoyo de vecinos, federadas[1], cederistas[2] y trabajadores sociales, esas llamadas telefónicas las ponían felices, era como lo que les faltaba y semana a semana se fue construyendo una relación más cercana que, al pasar a la “nueva normalidad” se convirtió en una necesidad de encuentro personal, de ponerle rostro a esa voz que tanto bien les hizo y que las acompañó durante el aislamiento físico que fue necesario para proteger su salud.

Otras experiencias dieron al traste con la atención individualizada a otras personas como son los niños y niñas, las familias necesitaron buscar orientación para facilitar una dinámica familiar más armónica. Muchas madres y padres encontraron apoyo en servicios telefónicos y virtuales brindados por el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) en el que encontraron respuestas a sus inquietudes y se logró contribuir a la tranquilidad de las familias, toda vez que recibieron información acerca de cómo asumir y organizar sus tiempos con sus niños/as en los hogares.

La “nueva normalidad” pone a prueba y exacerba la responsabilidad individual y colectiva; no se trata sólo de cuidarnos personalmente, sino de que quienes nos rodeen también se cuiden, de no ser indiferentes ante un otro que se cree y siente sano, pero puede estar contaminado. Esto es un reto porque no todos/as los ciudadanos son conscientes del significado social y sanitario que tiene que la totalidad de la población se sienta incluido en un proceso que nos implica sin excepción, que nos pone a prueba, que no deja opción.

Nadie está exento de contagio, a no ser que se aísle totalmente, pero aquellos que ya comenzamos a vincularnos de alguna manera al trabajo y a las actividades sociales que requieran salir de casa, debemos extremar las medidas sanitarias. Una alta responsabilidad está en las escuelas, pues la protección de los escolares pone a prueba la organización y constancia de cada centro escolar, la vigilancia preventiva, las orientaciones permanentes, la información de la evolución de los nuevos casos de Covid-19, constituyen importantes recursos para no perder el sentido de la disciplina que requieren estos tiempos, más allá de una multa que también fue necesaria para aquellas personas indolentes.

Esta nueva arrancada requiere mayor fortaleza espiritual, control individual, vigilancia colectiva, solidaridad, humanismo y altruismo para mantener nuestro orgullo nacional.   


[1] Federadas: Miembro de la organización social Federación de Mujeres Cubanas  (FMC)

[2] Cedrístas: Miembros de la organización social Comité de Defensa de la Revolución (CDR)

Natividad Guerrero Borrego
Es Licenciada en Psicología, Master en Sexología, Doctora en Ciencias Psicológicas, Profesora Titular e Investigadora. Es autora de varios libros y numerosos artículos en revistas cubanas y algunas extranjeras. Es miembro de la Comisión de Grados Científicos de Salud Pública y de varias Asociaciones Científicas cubanas. Actualmente conduce una sección fija sobre orientación psicológica y sexológica de la Emisora Habana Radio, de la Oficina del Historiador de La Habana. Dirigió por muchos años el Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), perteneciente a la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, fue jefa del Departamento de investigación y Docencia del Centro Nacional de Educación Sexual CENESEX, donde se desempeña en la actualidad como especialista de esa institución, abanderada de la inclusión social en Cuba. Es miembro de varias Asociaciones Científicas (Psicología, Pediatría, SOCUMES y SOCUDEF). Ha recibido varios reconocimientos, entre ellos, la Orden “Carlos J. Finlay”, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba y Reconocimiento especial “Ángel Custodio Arce” otorgado por la Cátedra de Género, Salud y Educación Sexual de la Universidad de Ciencias Pedagógicas de la Habana.