Estamos llegando a la mitad del tercer trimestre de este 2021, en el que ya podemos concluir, y con mucha razón, que nuestra forma de convivencia social tal como la conocimos ha cambiado.

Yo, lo extraño todo. Extraño visitar a mis amigos, a mis sobrinos, ir de compras para el vestuario, extraño ir a ensayar, extraño las juntas creativas con mis compañeros de teatro. ¿Pero qué extraña la gente? ¿Quién extraña el teatro?

Con una “bofetada con guate blanco” la naturaleza misma se encargó de sacudir esas estructuras forjadas en el aire, dando lugar a un fenómeno que tal vez pudiera denominarse “la transmutación del arte”, una transformación obligada por las circunstancias más que pensada.

Tomar la decisión de pasar a la fase de “nueva normalidad” es un reto para cualquier sociedad. Un virus tan letal y perseverante no deja otra opción, él lucha contra el ser humano y a estos últimos no nos queda otra que buscar alternativas para combatirlo.

Como si viviéramos un interminable capítulo de la distópica serie Black Mirror, 2020 fue un año en el que la humanidad conectada sustituyó las interacciones físicas por pantallas mientras el mundo se venía abajo y surgían nuevas formas para resistir. A semanas de iniciado el confinamiento, no pocos comenzaron a referirse al futuro como la nueva normalidad.

Si bien las reglas de convivencia, comercio, educación y trabajo han cambiado, esto dista mucho de ser algo normal para nosotros, porque la mayoría cree que todas estas medidas tendrán una fecha de caducidad ¿Cuándo? Nadie lo sabe.

En la realidad del momento, todo lo que se plantee, como nunca antes está por ver, porque comenzamos desde los puntos de vista sociológico, político y especialmente económico en situaciones muy especiales afectadas por un 2020 que ha traspasado todos los límites que antes de la Pandemia eran lógicos y normales.

La familia Moghrabi compuesta por el padre Kamel, su esposa Haniya, las dos hermanas de ella y ocho de sus nueve hijos se despertaron en la madrugada del 27 de abril de 1948 y partieron apresuradamente en dos vehículos hacia la frontera del Líbano. El viaje desde Akka en Palestina, hacia la ciudad de Bent Jubail habitualmente se hacía en una hora, ellos tardaron más de 20.

Se nos plantea desde la perspectiva urbano-arquitectónica construir un nuevo imaginario, nuevas hipótesis, ideas y planteamientos, ya que estamos en la etapa de transición hacia las decisiones inmediatas sobre las nuevas formas, normas y normalidades.