La continuidad de la Revolución Cubana

Del 1° de enero de 1959

Quienes, fuera de Cuba, han pronosticado, año tras año, con argumentos distintos —a veces contradictorios— el fin de la revolución y de su proyecto socialista, no podrán jamás comprender la razón de este fenómeno de continuidad. De la misma manera, en la isla nadie entiende qué es lo que alimenta cada nuevo año aquellos reiterados augurios y malos presagios contrarios a los evidentes anhelos populares cubanos.

Cuando el primer día de enero de 1959 la tiranía de Fulgencio Batista cayó estrepitosamente ante el avance del Ejército Rebelde apoyado por los combatientes clandestinos de ciudades y poblados de todo el país, en una lucha que había concertado el apoyo de una amplia mayoría de la población, la revolución, con Fidel Castro como símbolo y conductor principal, contaba con la adhesión casi unánime de la población.

A Estados Unidos huyeron de la justicia que la dirigencia de la revolución había prometido al pueblo, militares comprometidos con los horrendos crímenes de la tiranía y los políticos corruptos que en mayor medida se beneficiaban materialmente de los desmanes del régimen. Otros que fueron dejados atrás abandonados por sus jefes, debieron responder ante los tribunales revolucionarios por sus crímenes.

Con esas excepciones, el apoyo a la triunfante revolución era total en Cuba. Pero esa cuasi unanimidad fue desapareciendo en la medida que la revolución cumplía las promesas de justicia social: la recuperación de los bienes mal habidos, la alfabetización de todo el pueblo, la reforma agraria, la reforma urbana y tantas otras. Miami se fue llenando de ricos burgueses y numerosos profesionales, técnicos y empleados de confianza a ellos vinculados. ¡Eran los primeros y últimos verdaderos “prófugos de la revolución”!

Ché Guevara, Raúl y Fidel Castro.

Con posterioridad, las motivaciones para emigrar fueron ya fundamentalmente de carácter económico, determinadas por las penurias materiales impuestas por el bloqueo económico dispuesto por la Casa Blanca, agravadas por los errores propios de un experimento de desarrollo económico y social socialista, basado en una teoría revolucionaria de incuestionable valor pero que no había creado aún un modelo plenamente acreditado a nivel del planeta.

Desde entonces, la prensa corporativa mundial orientada por los intereses del gran capital identifica como exiliados políticos, disidentes, evadidos del comunismo o luchadores por la libertad y la democracia, a cada uno de los emigrantes cubanos llegados al exilio en Estados Unidos o cualquier otro país.

Mientras negaba las visas para viajar legalmente, Washington estimulaba a los frustrados solicitantes a lanzarse a travesías ilícitas con riesgo para sus vidas, que eran aprovechados por la campaña difamatoria contra Cuba. Estados Unidos puso en práctica una política publicitaria de “pies secos, pies mojados” que convirtió la definición de quienes tendrían el “privilegio” -no concedido a otros inmigrantes ilegales- de ser aceptados en la nación norteña en un potencialmente mortal juego de ruleta rusa.

A los sucesivos gobiernos de Estados Unidos les ha turbado mucho la continuidad de la Revolución Cubana y desde que se avizoraba la derrota de la sangrienta tiranía que Washington patrocinaba en Cuba, hicieron todo lo imaginable por impedirla.

Ha habido bloqueo, magnicidio, terrorismo y una gigantesca campaña de demonización que ha llegado a contar en las últimas décadas con presupuestos similares a la suma total de los recursos que antes el imperio norteamericano dedicaba a la propaganda contra sus enemigos en la guerra fría a nivel mundial.

Siempre Estados Unidos dio muestras de ignorar que el actual fenómeno político cubano forma parte de un proceso revolucionario iniciado a mediados del siglo XIX y que luego tuvo al frente a Fidel Castro como antes habían sido José Martí y otros sobresalientes patriotas conductores.

El Partido Comunista de Cuba, producto de la fusión de las organizaciones que encabezaron la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista, es continuidad histórica del fundado por José Martí como organización política única para aglutinar a todos los cubanos para la lucha por la independencia de España y, una vez lograda esta, para evitar la absorción del país por Estados Unidos.

La Revolución Cubana no es obra de un individuo ni de una sola generación de patriotas. El papel de cada generación consiste en defenderla y llevarla adelante, por ardua que sea la tarea, con la conducción de los líderes que ella misma crea y reproduce.

Fidel Castro es un producto de esa creación popular necesaria al proceso histórico revolucionario. Raúl Castro es el líder que se ha dado el propio proceso, por mandato popular, en el actual contexto constitucional que la revolución propiciara para la nación.

Para continuar su obra hasta el completamiento del proyecto soñado desde 1868 por sus principales conductores, la revolución no puede esperar tranquilamente a que Estados Unidos declare y demuestre el fin de sus ambiciones hegemónicas en el hemisferio.

Su primer deber tiene que ser garantizar su propia defensa y su continuidad, únicas premisas a las que se subordina el objetivo de priorizar las conquistas de la etapa actual de lucha por crear un socialismo sostenible, cada vez más democrático y ampliamente participativo basado en la unidad del pueblo cubano y su voluntad.

Manuel Yepe Menéndez
Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020