La pandemia como campaña política

El Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó el pasado viernes 7 de agosto el proyecto del financiamiento público de los partidos políticos nacionales y de gastos de campaña del conjunto de candidaturas independientes para los comicios de 2021, un financiamiento de 7,226 millones 3,623 pesos para partidos políticos nacionales, que representa 37.9% más que el monto destinado en este año (5,239 millones de pesos). Millones de pesos que bien podrían servir para crear estrategias que ayuden a la población a sobrellevar esta pandemia, si se tuviera la voluntad política, pero que tendrán como fin continuar proyectos políticos que no necesariamente valen la pena.

Habría que tener en cuenta también que es un desperdicio gastar un dineral en campañas políticas, ya que la percepción que la gente tiene de un partido político no cambiará con una pequeña dádiva, además de que el gobierno federal será el vigía que impida que el INE se haga de la vista gorda ante posibles actos desleales como la coacción a partir de la compra de votos, ya que parte del dinero aprobado será para disfrazar como legales actos de esta índole. Insisto, las mejores campañas las hemos visto a través de las acciones que los políticos emprenden para ofrecer soluciones (o restricciones sin sentido) ante los graves problemas que se enfrenta en estos tiempos difíciles.

Los mejores autogoles los ha metido el PAN, quienes no se cansan de errar utilizando la misma fórmula que los ha caracterizado desde que ocuparon por primera vez la presidencia: creer que la población es estúpida, crédula y desinformada. Lleva cinco meses Acción Nacional amagando o interponiendo denuncias penales contra López Gatell. La desacreditación como estrategia no ha rendido los frutos otrora cosechados de manera tan sencilla. Por el contrario, la pandemia ha puesto sobre la mesa temas que hasta ahora se habían logrado evadir porque afectaba intereses de grandes empresas, como el etiquetado de la comida chatarra y La ley de adquisiciones la cual quebrará el monopolio de medicamentos que ha beneficiado a políticos y empresarios.

Sin ir más lejos, son cuestionables las medidas que ha tomado el gobierno de Yucatán para abordar la crisis. Antes que el confinamiento empezara, ya se alzaban las voces contra el reemplacamiento vehicular, además que el gobierno había mostrado su incapacidad para actuar cuando las cosas no salían bien. Lo vimos con claridad cuando criminalizó las marchas que se realizaron contra la violencia de género y durante el primer informe de gobierno del gobernador Mauricio Vila. Seis mujeres detenidas, entre ellas una embarazada y una menor de edad, también una granada de gas lacrimógeno contra los manifestantes, sin contar con la indignación de los que vimos cómo la violencia del Estado contra la ciudadanía tenía sin cuidado al ejecutivo; fue el saldo de la estrategia gubernamental para evitar desmanes. Ninguna disculpa, ningún remordimiento, falta de autocrítica.

Cuando la situación empeoró con la pandemia el gobierno estatal nos hizo saber que retractarse no era lo suyo. La ley seca que se impuso al principio dejó como saldo pérdidas económicas y más de una decena de muertos por el consumo de alcohol adulterado. En su momento se realizaron análisis serios sobre lo contraproducente de la medida, tomando en cuenta que el Estado tiene un alto índice de alcoholismo, sin olvidar la violencia intrafamiliar y los casos de suicidio que han caracterizado al territorio. La ley seca inició a principios de abril y terminó el último día de mayo, mes y medio después se optó por imponer la misma medida ante la ola de contagios, hospitalizados y muertos que fue en ascenso. Hasta ahora se sabe que la medida terminará el 17 de septiembre. Es claro cómo esto afecta en la economía de los que dependen del negocio de la venta de alcohol, aún así se sigue adelante con esto pero la ola de contagios y el número de muertos no varía, no se quiere ver que el problema está en otra parte.

Se han implementado medidas restrictivas que afectan a la ciudadanía, pero no medidas que coadyuven a lidiar con los inconvenientes que las restricciones generan, se ha dado poder a un cuerpo policiaco que ha mostrado en las marchas no tener problema alguno con detener a embarazadas o menores de edad y atentar contra sus derechos. Peor aún, es que, ante esta crisis, donde muchos han perdido todo, todavía se pretenda seguir adelante con el reemplacamiento vehicular y que el cobro de las licencias de conducir hayan subido al doble. Sangrar al ciudadano para que siga dándole dinero al Estado sin que éste le retribuya a la población es algo común de los gobiernos neoliberales. No es sino hasta que se dan crisis como la que estamos viviendo, que se hace evidente la comodidad de la clase política y la vulnerabilidad de la población, la falta de empatía del poder.

Prohibiciones que llegan a extremos de restringir el libre tránsito, la represión como fórmula, la falta de humildad, ha hecho que incluso los que estaban orgullosos de no haber votado por el partido que anteriormente había saqueado Yucatán, ahora estén seguros de cambiar su decisión si esto fuera posible. Tal vez ese referéndum que plantea AMLO para revocación del mandato sea necesario para que entonces los que estén al frente del ejecutivo estatal se lo tomen en serio.

Aunque el pueblo tenga poca memoria, la imagen que se tiene de los políticos o gobernantes no cambiará con una dádiva, el ciudadano recordará cómo sus políticos lo han tratado en esta pandemia, nadie se traga ya el cuento del político que aspira a un cargo más grande que nunca se da baños de pueblo pero que ahora anda con cubrebocas repartiendo despensas y gel antibacterial, esa mezquindad a todas luces es reprobable, esa es la campaña para las elecciones de 2021 que desde hace cinco meses se ha puesto en marcha. ¿Para qué gastar de más?

Ivi May Dzib
Director del Grupo “2012 TEATRO”. Estudió la Maestría en Dirección de Escena (ESAY) y la Licenciatura en Literatura Latinoamericana (UADY). Cursó el II Diplomado Nacional de Estudios de la Dramaturgia (INBA-CONACULTA) y el Diplomado Nacional de Dramaturgia de la Zona Sur (CONACULTA-ICY). Premio Estatal de la Juventud en el área artística 2007 y Medalla al periodismo cultural “Oswaldo Baqueiro López 2017”. Finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo en 2005, 2009 y 2013. En el año 2010 fue ganador del II Concurso Regional de Creación Literaria Dante en el área de teatro. Obtuvo el primer lugar en la categoría B (lectores de hasta 12 años) en el Premio Estatal de Literatura Infantil “Elvia Rodríguez Cicerol 2011”. Premio Regional de Poesía “José Díaz Bolio 2014”. Primer lugar en el V concurso Nacional de Dramaturgia Altaír Tejeda de Tamez 2015. Ha publicado media decena de libros, su obra ha sido incluida en diversas antologías, revistas y suplementos culturales a nivel nacional.