El acontecimiento que nos cambió

La historia más o menos la conocemos. En enero del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identificó un nuevo virus emergente, a partir del aumento de casos de neumopatías en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan (provincia de Hubei), en China. Fue llamado oficialmente “SARS-CoV-2”, coronavirus 2 de síndrome respiratorio agudo severo, siendo el agente responsable de la nueva enfermedad infecciosa respiratoria aguda llamada COVID-19[1] (coronavirus disease 19, acrónimo: co = corona, vi = virus, d= « disease » y 19 = 2019).

Para contextualizar un poco más: es un virus de origen zoonótico, surgido por selección natural a partir de otros del género betacoronavirus, dentro de la familia coronaviridae. Otros coronavirus cercanos (como el SARS o el MERS) han surgido de murciélagos o roedores. Un virus encontrado en murciélagos en 2013 en China es el virus genéticamente más cercano (96%) al del COVID-19.

Contra lo afirmado por las teorías de la conspiración: no hay ninguna prueba sobre las afirmaciones de un origen en laboratorio o por ingeniería genética. Al parecer este virus surgió por recombinación del virus de murciélago y otros virus en pangolín, del que se sospecha es el animal intermediario. En otros coronavirus los animales intermediarios son camellos, dromedarios o civetas. Por eso se habla de la necesidad de controlar el tráfico de animales en mercados y el comercio de especies exóticas y protegidas.

La paradoja del virus: no es grave para gente joven y sana, pero es grave para gente mayor o con factores de riesgo. Esta característica condujo a que la OMS la declarara, en marzo de 2020, una pandemia de alcance planetario que satura sistemas de salud y pone en jaque a los gobiernos.

Tres fueron las reacciones iniciales que condujeron a esta situación:

  1. El “eso no puede pasar aquí”, es decir, la confianza de los principales países occidentales de Europa y América, basada en su tecnología, sus sistemas sanitarios- tanto públicos como privados- y su prosperidad económica.
  2. El “eso no puede llegar aquí”, es decir, la sensación de lejanía propia del siglo XIX; sensación de que al fin y al cabo aquel desastre ocurría al otro lado del mundo, muy lejos; olvidando los enormes flujos de gente en nuestro tiempo y que realmente todos vivimos a unas horas de vuelo de los demás.
  3. El “es una simple gripe”, originado por la ocultación de información y falta de transparencia de China, haciendo creer que el problema no era tan grave.

Lo que siguió fueron las estrategias de contención de la propagación de la pandemia dirigidas por cada uno de los países, que se podrán evaluar desde muy efectivas hasta francamente inconsistentes, y los múltiples efectos derivados del llamado “Gran Confinamiento”, que implica que, a medida que fueron implantando las necesarias cuarentenas y prácticas de distanciamiento social para contener la pandemia, el mundo ha entrado en una gran recesión afectando a las cadenas de producción, al comercio global y a los mercados financieros.

Así, la pandemia, su vorágine de efectos y la crisis cuádruple que atravesamos -sanitaria, económica, social y política- nos cambian profundamente, desde lo internacional hasta lo local; desde la proximidad de nuestras relaciones familiares hasta la comprensión del propio mundo.

Para  Slavoj Žižek un acontecimiento es “el efecto que parece exceder sus causas” y agrega “el espacio de un acontecimiento es el que se abre por el hueco que separa un efecto de sus causas”. Y este acontecimiento llamado pandemia trae consigo importantes reflexiones sobre el pasado.

Nos recuerda, por ejemplo, el efecto combinado de la Gran Guerra (1914- 1918) y la fiebre española que inauguraron el siglo XX con 80 millones de muertes. Los ecos del Crack del 29 nos alertan también hoy sobre el fantasma del nacionalismo y la cooperación internacional limitada que fueron el contexto idóneo para una gran confrontación. La crisis de hoy se encuentra enmarcada también por las políticas nacionalistas de muchos países donde los conflictos geopolíticos, comerciales y militares no han permitido estabilizar la crisis.

Realicemos un último salto cuántico, esta vez para observar la crisis financiera del 2008: veremos en ella una gestión cooperativa que condujo a una rápida recuperación, por el contrario, hoy tenemos una gestión fallida y descoordinada, tanto de la pandemia como de los efectos económicos del Gran Confinamiento.  

Las estrategias de recuperación entonces, rápidas y exitosas, contrastan ahora con las respuestas ralentizadas y no cooperativas del acontecimiento que hoy vivimos. Sin duda, de este intento por establecer algunas reflexiones sobre la reconfiguración del mundo después del  COVID- 19, me quedan dos dilemas, dos desplazamientos y dos certezas:

  • El dilema del Estado-nación que, al gestionar la crisis, puede fragmentarse o reafirmarse tal vez en su versión más nefasta, la del nacionalismo;
  • El dilema de los organismos multilaterales que pasan por su peor crisis justo cuando más se les necesita;
  • El desplazamiento del eje de poder de Occidente a Oriente, donde China se encuentra en camino de constituirse como el nuevo centro de gravedad del sistema internacional;
  • El otro desplazamiento de poder, de los gobiernos a los actores trasnacionales -sean económicos o sociales- que parecen ser los únicos que pueden dar respuesta a la crisis en el corto y mediano plazo;
  • La certeza de que la economía capitalista no puede más y que debe de reformarse o abolirse; y
  • La necesidad de una nueva comprensión del mundo a partir de un renovado humanismo.

La pandemia del COVID-19 nos recuerda que hemos entrado en la era del Antropoceno; un tiempo definido por la capacidad del ser humano de dejar una huella indeleble sobre la Tierra. Ya en los setenta, David Easton alertaba sobre la crisis generalizada del Sistema Internacional y que, debido a esta, la humanidad está trabajando bajo presión del tiempo.

El tiempo ya no está a favor de la subsistencia de la humanidad y esto significa algo nuevo: crisis y ansiedades crecientes que no versan sobre algún país en particular, sino sobre la humanidad en su conjunto.

Este mundo pandémico nos muestra la imperante necesidad de llevar a cabo políticas de protección social y de redistribución bajo premisas de gobernanza global, de cooperación internacional y de trabajo e innovación desinteresada a favor de todos.

Es necesario un nuevo humanismo planetario interesado en el cambio social, en la paz mundial y en el bienestar total; un nuevo humanismo que reconozca, en este mundo asolado por crisis, la necesidad de reformas sociales, económicas y políticas capaces de construir nuevas realidades.

Referencias

Barbé, Esther, Relaciones Internacionales, Editorial Tecnos, Madrid, 2007
Easton, David, Esquema para el análisis político, Amorrortu, Buenos Aires, 1999
Nye, J., & Keohane, R. Transnational Relations and World Politics: An Introduction. International Organization, 1971
Ortiz, A. Ronald, Apuntes sobre la reconfiguración de las Relaciones Internacionales en el mundo post COVID- 19, en Covid-19: Impacto Global, Editorial Punto E, 2020
Piketty, Thomas, Capital e ideología, Editorial Planeta, Barcelona, 2019
Sachs, Jeffrey, Economía para un Planeta Abarrotado, Ed. Debate, México, 2005
Stiglitz, Joseph E. Capitalismo progresista. La respuesta a la era del malestar, Taurus, Madrid, 2019
Žižek, Slavoj, Acontecimiento, Sexto Piso, México, 2014

[1] Un recuento de estudios y ensayos clínicos se puede consultar en: https://es.cochrane.org/es/recursos/evidencias-covid-19

Ronald Ortiz García
Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Master en Técnicas Modernas de Dirección en la Administración Pública por la Escuela de Negocios Formato Educativo y la Universidad de Cádiz (becario de la OEA) y doctorando en Política Pública por el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Tiene diversos diplomados y especialidades entre las que destacan Certificado en Sistemas Integrados de Gestión (Universidad de Cádiz), Diplomado en Evaluación de Políticas y Programas Públicos (Secretaría de Hacienda y Crédito Público), Certificado en Administración Pública y Fiscal (Banco Interamericano de Desarrollo), Diplomado en Derecho Parlamentario (Poder Legislativo del Estado de Yucatán- UNAM) y Diplomado en Teología, terrorismo y fundamentalismo religioso (Universidad de Salzburgo-ITESO). Se ha desempeñado en diversos cargos públicos destacando su experiencia en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Asesor y consultor externo en proyectos educativos, culturales y empresariales. Docente universitario y promotor del estudio de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos medios de comunicación. Fundador y Director General de Gestión y Vinculación Académica del Centro de Estudios Internacionales del Mayab (CEIM).