La tierra ensombrecida. Entrevista a la fotógrafa Norma Patiño. Primera parte.

En esta ocasión tuvimos la oportunidad de platicar con la fotógrafa Norma Patiño, quien se ha destacado por su trabajo de retrato de creadores, por sus proyectos en la comunidad de Huamelula en Oaxaca y por su trabajo como activista en contra de la violencia de género.

Norma Patiño nació en la Ciudad de México. Es Doctora en Diseño y Estudios Urbanos, especialista en Identidades Urbanas y Maestra en Historiografía de México por la UAM, es Diseñadora Gráfica por la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabaja una visión analítica sobre la fotografía de la violencia en la ciudad. Es autora de los libros de fotografía Las costumbres del rostro, 2001 y de Diálogos de la mirada, retratos de Norma Patiño, 2015, además ha coordinado otros títulos y ha colaborado en una treintena de publicaciones con sus trabajos fotográficos. Es creadora independiente. Sus fotografías han sido publicadas en diarios, revistas y libros de arte y literatura. Su obra forma parte de colecciones privadas y de algunos museos.

—Norma Patiño, antes de presentarme tu libro-arte-objeto, un libro de artista, explícanos su desarrollo.

—Claro que sí, como diseñadora gráfica empecé a realizar los bocetos para trabajar la manta, bordar en el lino mis ideas prestas, entre el tipo de letra, las fotografías seleccionadas para crear con los lienzos mi tema referente a La Madre Tierra, mostrar cómo va desangrándose la tierra. La muerte, la agonía de los árboles, la vida animal, ya que están por extinguirse ciertas especies. Es uno de los temas que escogí para exhibir en la muestra juntamente con los libros para The Patchwork: Healing Blanket La Manta de Curación 2022 en el Centro Cultural Antiguo Colegio Jesuita, Pátzcuaro Michoacán.

Tengo aún la dicha de vivir enfrente del parque México, lo respiro, camino adentro de este territorio verde rodeado del asfalto, de edificios, comercios, avenidas y el sonido del tráfico matutino, en el día hasta el último suspiro del claxon nocturno, la pluralidad de gentes nacionales y extranjeras que caminan, asimismo tomo en diferentes momentos y días fotografías a color o blanco y negro, me doy cuenta de la sobrevivencia de los pájaros y el deceso de ellos y otras aves que habitan en el parque.

—El título de tu libro entrelaza una dualidad de lenguajes

—La Tierra Ensombrecida, la tierra esta triste, agotada, enojada. Le puse este título en referencia al rostro de una mujer indígena de San Pedro Huamelula, Oaxaca, chontal que está angustiada. Este rostro me ha ayudado bastante a personificarla, tenía muchas fotografías, lo que hice fue un rastreo de éstos; tomo mucha fotografía del paisaje y a medida que iba viendo mis fotos empecé a angustiarme con la ide de cómo representaría a La Madre Tierra, pues nadie había realizado este trabajo visual-literario y de libro-arte-objeto, menos un proyecto textil con el tema de la tierra. Entonces, me ayudó esquivar un poquito la mala experiencia que tuve en mi infancia; un acoso, abuso sexual, quise esquivarlo y retomarlo más adelante como una práctica muy personal, este título tiene mucho que ver con mi interior.

Por otro lado, la maestría y el doctorado me ayudaron como fotógrafa a ver de otra forma mis imágenes. Soy muy visual, desde niña me ha fascinado el arte visual y el mundo de la pintura. Deseaba ser pintora, pero me fui por la fotografía qué es mi profesión. Ahora tengo que explicar mi trabajo profesional, la maestría y el doctorado complementaron mi trabajo fotográfico muy bien con una praxis que ayuda mucho. Es un proceso metodológico importante, porque puedes darle palabras a tus imágenes y viceversa. El traslado; un lenguaje a otro es muy complicado, entonces vino el aislamiento para realizar este trabajo textil, tuve un aislamiento del pensamiento para meterme al bordado; de ahí, la teoría de que sanas cuando bordas es absolutamente cierta. Te concentras, te absorbe, es celosa, no quiere que te distraigas. Fueron meses en que yo no hice nada más que calificar a mis alumnos, cosas que tenía que entregar urgentes, pero no hice nada más que bordar, dibujar, manchar, pegar; por ejemplo, transferir la letra con tiner, es una técnica, y aprender o reaprender; entonces, me metí a los tutoriales con Sonia Gadez a estudiar el bordado, la transferencia. Me di cuenta de que los artistas visuales somos una maravilla, porque tenemos que vivir ese proceso metodológico, una experiencia metodológica para poder llegar adonde queramos mostrar nuestro trabajo, el resultado es una integración atrayente e importante de ver más allá de la fotografía enlazada al arte artesanal como es el textil.

—En tus fotografías encontramos diversos recovecos, si observamos atentos…

—Sí, buena observación, mis series tienden a exponer muchos recovecos y no los queremos mostrarlos cuantiosos. Siempre los estas señalando de alguna forma sin darte cuenta, es decir, inconsciente. Ahora bien, estos son signos, señales que, constantemente, por tu trabajo, los estás mostrando en tu lenguaje visual, como es el mío. Lo que es interesante es ir directamente a ellos para ver qué más puedes explorar ahí y, por supuesto, la fotografía te ayuda.

—¿Qué son colores en la fotografía para Norma Patiño?

—Trabajo en distintos tonos, pero la fotografía en blanco y negro es un filtro que nos hace ver una realidad no tan contundente y terrible como desafortunadamente existe. Te explico, la vida a color es contundente, aparentemente bonita, como la quieras ver, pero la fotografía en blanco y negro lo que hace es distanciarte. Tratar de ver aquel filtro como resultado de expresión tiene una mayor aceptación en el público. La fotografía blanco y negro te dice que tiene miedo a la realidad.

—Coméntanos a cerca del amor, tema que expones en un libro de investigación con diferentes investigadores académicos

—El amor es un tema importante para mí, porque cuando era joven, alguien me dijo: “tú no amas”, fue una vidente que me leyó mi carta astral, me confirmó que no amaba y habría que saber el por qué. Encontró el abuso sexual durante sesiones que tuvimos, lo encontró en un cruce de violencia. Fue que comprendí a mis treinta que sufrí esa violación a los cinco años, lo tenía tan vedado en mi interior, creyendo que lo tenía resuelto, no fue así. Me comentó que todos los ámbitos están cerrados con un candado, tú debes romper eso, porque si no lo haces, no vas a poder crear.

Recuerdo que tenía muchos problemas para expresarme, así que lo trabajé: hablar, ver, revisar, oler, rascar, tienes que vomitarlo y cuando te vacíes y lo hayas logrado, veras el cambio. Logré sacar todo y mi vida se transformó, el procedimiento fue muy largo, pero a través de estos años pude ver el resultado, nunca acabas de abrir esos recovecos que anteriormente me preguntaste. Ahí comprendí que yo no podía amar, vuelvo al tema del amor, cuando realicé el Coloquio del Amor, retrocedí a mis 30 años, donde asistí a otro coloquio referente al amor, por eso me di a la tarea de hablar del tema donde llegaron propuestas muy relevantes, fue una respuesta muy grata, al grado que fui la coordinadora del libro: Amor, extinto fuego fatuo en el tiempo. Cuerpo y diseño desde la interculturalidad (Universidad Autónoma Metropolitana. Azcapotzalco, 2021) Fue tan fuerte para mí que no pude escribir en este libro absolutamente ni una línea, escribí la presentación. Tu pregunta la reafirmo de la siguiente manera; para mí el amor ha sido una incógnita muy importante, porque descubrí el amor hasta que tuve que sacar todo ese daño, adentro de mi existía una bestia.

—El duelo en tus fotografías…

—El duelo no me suelta en mi trabajo, es como parir hijos, es doloroso, te transforma la vida.  En mi serie, las mujeres de la India cada vez que daba el clic de mi cámara referente a la miseria, las borraba, decía: yo no puedo poner en evidencia esto, porque es muy morboso, y tiene que ver con mi ética profesional, entonces busqué la parte más noble. Donde las mujeres sí muestran su desigualdad, pero también, en esas fotografías, muestran un orgullo. Esto que comentas del duelo es un lado oscuro que tiene que ver con su entorno, no todo es color vivo o de rosa, coloquialmente hablando, hay desigualdad, una fuerte pobreza, es un país muy complejo.

— Puedes describirnos hacia dónde quieres focalizar el proyecto de mujeres

—El proyecto con mis mujeres lo busqué con la tendencia de qué está pasando en el mundo que la violencia se ha agudizado, ¿Cómo erradicar la violencia? Esta fue mi primera interrogante ¿De dónde viene? ¿Qué es la violencia? ¿Cómo erradicarlo? Todo este proyecto fue una investigación muy dura, porque fue mi tesis de doctorado, así que después vino la parte creativa. Comenzó mi trabajo con las mujeres, me importan, me preocupo por ellas, porque yo formo también parte de las que ha sufrido violencia. Observo qué difícil es el respeto al rostro de mis mujeres que yo he seleccionado y sigo trabajando en el proyecto; pensando que son creadoras como yo que están procesando de una manera intelectual y creativa, ellas durante el proceso van pensando junto conmigo cual va a hacer su aportación, armarse contra la violencia desde sus trincheras profesionales, es en este punto que hay un respeto con mis modelos mujeres. Las cuido, las amo y respeto. Me congelo con sus rostros, todas son bellas, me congelo con sus expresiones que necesito al digitalizar la fotografía, porque cada una tiene una secuencia y me cuesta trabajo elegir, como en tu caso cuando te retraté Normita Salazar (soltamos la carcajada), tocayita es lo que yo llamo: la víscera es difícil, duele mucho, porque es el tuétano de la creación con mis fotógrafas, escritoras, mujeres indígenas, artistas visuales. Como el actor es histriónico: ríe, llora, grita; también el fotógrafo lo hace con la cámara con las imágenes; entonces, esa parte de mi trabajo me cuesta mucho.

Ahora bien, mi trabajo tiene que cumplir el trabajo de diseño, porque no sólo es un trabajo fotográfico, sino hay que diseñar la campaña donde se van a manifestar estas fotos, donde se me van a mostrar; hay que pensar todos los ámbitos, las miradas heterogéneas.

 —¿Norma Patiño tiende hacer perfeccionista en su profesión?

 —Sí, tiendo hacer muy perfeccionista, en ese lapso de querer perfeccionar se me va la vida, cuando suena el teléfono o un email te llega diciendo “mañana, Norma”, es cuando suelto. Existe un límite de tiempo para entregar y desprenderte de las cosas.

—Platícanos sobre tu encuentro y la forma de colaborar con la destacada curadora, fotógrafa, promotora cultural y activista Marietta Bernstorff

—Maravillosa mujer, porque nos impulsó a hacer un trabajo con mucha responsabilidad y en la fecha señalada. Ella tiene una enorme responsabilidad, porque atrás de ella hay un equipo que diseña, cose y trabaja al mismo tiempo con la museógrafa. Sientes mucha presión, pero es bueno, porque entregas tu trabajo para la exposición a tiempo, te hace muy responsable contigo misma y para tus compañeras, a todos sus colaboradores por igual.

Pude realizar bajo el proyecto The Patchwork: Healing Blanket La Manta de Curación que convocó Marietta para la exposición en La Plaza del Zócalo, ahí la conocí personalmente, pues habíamos tenido comunicación por email. En ese tiempo me encontraba en España tenía un compromiso de participación para dar una conferencia precisamente con el tema de las fronteras.

La fotografía que se exhibió en el zócalo es una foto en la que se puede ver a una mujer que se protege metida en una esfera, un caparazón que trata de protegerse contra la violencia. En aquel momento trabajé las líneas divisorias, focalicé mi fotografía impresa, no pasé estos límites como un concepto, noción del espacio propio, no hay que atravesar los territorios para no generar violencia. Mi trabajo fotográfico en la manta lo titulé La ruptura de los límites generan violencia, y cuando vi esta exposición montada en el zócalo, kilómetros de mantas bordadas unidas por las bordadoras textiles y ver las fotografías impresas con colorido de bordados, se abrió un universo. Decidí trabajar el libro con el tema de La Madre Tierra con estos elementos, porque es un tema global, quise hacer honor a mi tierra donde camino y retribuirle un poco de lo que se ha perdido desde mi profesión, apoyándome con las herramientas textiles, breves textos literarios, mis fotos digitales e impresas para el libro de arte objeto: un rollo como se hacían en tiempos antiguos los pergaminos en manta.

—La fotógrafa artista y la académica, maestra de la Universidad Autónoma Metropolitana, sede Azcapotzalco ¿Cómo combinas tu labor artística y la docencia?

—No te puedes desligar de lo que eres, lo que realizo surge de todo lo que soy, una integración total de todas las partes, aunque uno quiera separarlas al final el resultado va hacer un engendro de todas estas cosas que he aprendido (ríe).

Fíjate que tu pregunta me sorprende, es como una metamorfosis, te vuelves muy analítica, te distancias, entonces no puedes crear y cuando te distancias es muy interesante, porque te ves como una autocrítica, te juzgas, pero esto no te deja sacar la entraña, entonces tienes que volver a involucrarte como si fueras a realizar un viaje de ir y venir a tu interior para poder verte. Esa parte es muy buena, porque te da muchos elementos para tu trabajo, asimismo intelectualizar, sin olvidar que tiene su contra parte, porque te inhibe cuando te vuelves autocrítica con tus ideas, esa parte donde el artista se expresa, suelta y, si esa parte la dejas ir, después te avergüenzas, es algo muy curioso con el artista-investigador; el investigador-creador está tomando mucha fuerza en el momento, porque está indagando todo aquel contenido de lo que se crea también en lo escritural.

—¿Qué provoca a la artista visual realizar un trabajo interdisciplinario?

—Tiene mucho que ver tu disposición para intercalar como entrelazar las otras artes, porque son disciplinas muy humanas, sensitivas, te tienes que encerrar mental e intelectualmente para poder expulsar la entraña, porque creo que el trabajo creativo tiene que ver con emociones internas para conjugar las intervenciones intelectuales y emocionales en las disciplinas del arte. En el caso del libro me llevó todo esto conjuntarlo, pero, sólo a concéntrame en él, porque este trabajo es muy celoso, no puedes realizar otras actividades. Tienes que entregarte de cuerpo entero y tiene que ver con el amor, si tú amas algo intensamente como para mí fue este libro el resultado será algo muy profundo y apasionado.

—¿Norma Patiño tiene muy focalizado su trabajo fotográfico?

—Sí, tengo mis objetivos muy seleccionados; es decir, mis temas llevan una visión de labor social, alerta social, denuncia social, más para apoyar a las mujeres, aunque he realizado otras series de fotografías con temáticas de rostros a intelectuales, el paisaje.

Pero, ahora veo la necesidad de abordar esas temáticas referentes a las mujeres, cuando estuve en la India cómo no visibilizar a estas mujeres, como viven, niños, niñas, la pobreza siendo un país absolutamente rico en industria, energía, economía; no cabe en la cabeza que un país viva tan pobre siendo multicultural. Mi trabajo ha sido muy importante, los posgrados me han llevado a mirar, a través de mi cámara, lo social; ya no puedo ver de otra manera. Admiro el trabajo de Lorena Wolffer, por eso le he tomado fotos; Claudia Espinosa Cerrucha, es impresionante su trabajo, muy joven, con ímpetu para realizar sus fotografías. Aunque mi energía se va amainando por mi edad no quiero dejar de trabajar en colectivas e individuales con estos temas sociales que son importantes para mí, por eso agradezco a Marietta que me haya invitado a participar en La Manta de Curación al lado de destacadas fotógrafas.

—Platícanos el tema de tu doctorado ¿Cuál fue?

—Elegí el tema de la violencia contra las mujeres. Déjame hacer un paréntesis: algo que estalló en mí fue ver que los museos estaban llenos de imágenes de diferentes violencias, era demasiada violencia exhibida, se me vino el mundo encima. ¿En dónde estaba que no había mirado esto? (me observa en silencio). Norma, la violencia ya es un arte, escribí mi primera pregunta de mi tesis doctoral: ¿La violencia es arte? Para demostrar que sí, la violencia se ha vuelto un arte que se expone en museos, galerías, espacios abiertos, performance.

Norma Salazar
Norma Salazar Radica en la ciudad de México. Egresada de la Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciaturas Lengua y Literatura Hispánicas, Estudios Latinoamericanos. Escuela de Teatro Luis de Tavira estudios en Dramaturgia. Doctora en Literatura Mexicana. Poeta, ensayista y reseñista. Actualmente es Columnista del diario Opinión de Yucatán, está a cargo de la sección El Hombre de la Máquina Eléctrica: Raúl Renán, colaboradora de la revista DESOCUPADO online, colaboradora de la revista Siempre! La Cultura en México. Investigadora-Coordinadora responsable de la Edición del Archivo Lusitano de Francisco Cervantes libros publicados Al revés que las víboras, Cara Lusitania edición bilingüe, Pessoa para niños, Agua que no (des) en boca, poesía amorosa, Fernando Pessoa Laberintos, selección y traducción, Vivir es un estrecho territorio, poesía y crítica (Editorial ALDVS, CONACULTA, Gobierno del Estado de Querétaro a través del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, 2010-2013). Coordinadora e investigadora del Diccionario crítico literario en las letras mexicanas del siglo XIX dirigido por el maestro Emmanuel Carballo, (México, Océano/CNCA, 2000). Publicaciones: Cariátides Mudas (Grupo Generación Espontánea, 2009), Cuadro al Óleo (ediciones ST, 2005) y Cantos Lejanos (colección La Hoja Murmurante, 1999) Ha participado en eventos académicos nacionales e internacionales. Su poesía está incluida en las antologías de Pájaro de fuego. (México, Editorial Praxis/Navachiste Ediciones, 2000). Obtuvo Mención honorífica con el poema en Nonuse, la cetácea, Alhucema (España, Asociación Cultural Alhaja/Ediciones Adhara, No 5, 2000), Anuario de la Revista Baquiana (Miami, Estados Unidos, 2007), Del Silencio hacia la luz: Mapa Poético de México, (Mérida, Yucatán, Ediciones Zur/Catarsis Literaria El Drenaje, 2008), La mujer rota. En el centenario del natalicio de Simone de Beauvoir (Jalisco, Guadalajara, Literalia Editores 2008) Participó como Coordinadora de edición en el libro-homenaje a Raúl Renán 80 veces su mundo –poesía, vida y obra-, (Oaxaca, Cantera Verde/Jalisco, Guadalajara, Secretaría de Cultura/Mérida, Yucatán, Ayuntamiento, 2008). Redes Sociales: Facebook Norma Salazar, twetter @NelizabethSaher, Linkedln Norma Salazar