Los subdelegados en Yucatán de la Dra. Laura Machuca Gallegos. Ámbitos de acción política y aspiraciones sociales en la intendencia. 1786-1821

Cuando la doctora Machuca, me proporcionó su libro sobre los subdelegados en Yucatán, me lo dedicó con un cariñoso: “…querida tocaya ojalá te sirva para seguir construyendo tus historias” y vaya que me encontré con múltiples historias sobre ese cargo y sobre los que lo ejercieron.

Antes de comentar sobre las subdelegaciones y los personajes que ostentaron el título en la península de Yucatán, es importante mencionar que este libro es el resultado de una amplia investigación que llevó a la doctora Machuca a consultar durante varios años los archivos tanto nacionales como locales. Y que el resultado de este trabajo ya ha sido reconocido y premiado en diversos ámbitos académicos.

El llamémoslo así cargo de subdelegado, se instituyó en la época de los Borbones como un intento de mantener un poder intermedio, un canal de comunicación entre la monarquía española y sus dominios americanos, pero tanto el cargo como los nombramientos para ejercerlo, no fueron en lo general, bien recibidos en américa. En el caso de la península de Yucatán, muchas fueron las opiniones en contra argumentándose entre otras cosas, que no traían ninguna utilidad a los habitantes de la península, o que su interés primordial era la de venir a lucrar con el cargo.

Esta idea permeó incluso en la literatura, como apunta la doctora Machuca en el libro, en 1816 José Joaquín Fernández de Lizarde publicó la que se considera la primera novela hispanoamericana, llamada: El Periquillo Sarniento, en donde básicamente se narran las aventuras del personaje nombrado como “Periquillo” quien siendo un niño se vuelve ayudante o auxiliar de un subdelegado, mencionándose  en el libro las “atrocidades” y “corruptelas” de los subdelegados en general, obra que seguramente habrá influido en la divulgación de  una mala opinión de estos funcionarios.

La oposición a cargos de ese tipo y los calificativos a su función, es ancestral y en gran medida continúa hasta nuestros días, ya que el simple nombre de “delegado” de alguien implica un poder otorgado y en este caso era directamente del rey español. En la antigua Roma, un “legado” era un representante de los emperadores y los procónsules en las provincias del extenso imperio y ya desde esa época, el designado para ese cargo, era temido.

De interés resulta el considerar que las fechas analizadas en el libro, fluctúan entre 1786 a 1821, básicamente el periodo cuando se establecieron y funcionaron las subdelegaciones, y en las que ya se vislumbraban tiempos de cambios y movimientos que favorecían las independencias de los virreinatos americanos de España.

El rey Carlos III de España, conocido como “el político”, y quien reino durante el periodo de 1759 hasta su muerte en 1788, ya había manifestado su intención de mandar a hijos “infantes” a las Américas, probablemente observando que se estaba perdiendo el control en el grande y lejano imperio español de américa. También considerando que él tuvo trece hijos con su esposa María Amalia de Sajonia, aunque solo siete llegaron a adultos,

Fue así que en el periodo de 1789 a 1812, con Carlos IV llamado “el cazador”, como su sucesor, se implanta el sistema de subdelegaciones en América. A este rey se le recuerda como débil con falta de carácter, encomendando el gobierno a su secretario preferido Manuel Godoy. Importante es considerar que, a los pocos meses de tomar el poder, estalló la Revolución Francesa, lo que llenó de terror a los emperadores de toda Europa, en especial al rey Carlos IV.

En esas condiciones fue que se crearon las subdelegaciones, básicamente con cuatro encomiendas o causas: Justicia, Hacienda, Policía y Gobierno. Estas atribuciones hicieron que los cabildos se sintieron desplazados en algunos de sus encargos, limitados en su autonomía y con el riesgo de perder su “poder y gestión”, nombre de otro exitoso libro de la doctora Machuca. No hay que dejar de mencionar que en esos años el sistema para nombrar a los que ocupaban los principales cargos era venal, es decir los cargos se compraban, por lo que se esperaba recuperar la inversión y obtener ganancias por su ejercicio. Los subdelegados también esperaban obtener o lucrar durante cinco años un capital suficiente que garantizara su subsistencia y que esta sea duradera.  

El cargo que era un antecedente al de subdelegado era el de Capitanes a Guerra, cuyas funciones o alcances eran mucho mayores a las militares, fungían también como encomenderos, vendían y compraban mercancías, delegaban poderes, perseguían indios, peleaban contra los corsarios, etc. muchas de estas funciones las heredaron los subdelegados.

Para los naturales de la península, de acuerdo con la investigadora Nancy Farriss, simplemente significó un cambio en el encargado de cobrarles los tributos; dejaban de depender de lejanos reyes y virreyes españoles, para tener a un cercano agente de la corona española que aprendía el maya y muchas veces vivía o acudía periódicamente a sus poblaciones, principalmente para explotarlos y cobrarles los diversos “impuestos”.

En cuanto al pensamiento de los españoles sobre los naturales, este no había cambiado mucho desde la conquista, aproximadamente diez años antes de la implementación de las subdelegaciones, en 1766, llegaron a la península los llamados “visitadores” Juan Antonio Valera y Francisco Javier Torres, y entre sus conclusiones y opiniones es de destacar que tachan a los naturales mayas como: “nación bárbara en su trato, pero astuta, contenta con poquísimo”, además de “mansos, inactivos y obsequiosos”. También reportan que había un crecido número de indios hidalgos y de mestizos y mulatos que no pagaban tributo. Respecto a los negros abogaban por su venta, es decir el comercio de esclavos en todo el espacio de la monarquía. En resumen, un reporte que favorecía, un incremento en el cobro y la explotación de los naturales y las castas.

En el caso de los cabildos yucatecos, únicamente el de Campeche reclamó o se opuso abiertamente a los subdelegados, a diferencia de los de Mérida y Valladolid que lo hicieron en casos excepcionales, simplemente porque sus élites económicas no se sintieron afectadas. Fueron colocando en esos puestos a sus allegados muchas veces a través de sus redes familiares y sus lazos matrimoniales, en palabras de la doctora Laura: “no cedieron un ápice de su poder”.

Como comenté en un principio la intención de nombrar subdelegados era el de tener un lazo más estrecho con sus propiedades americanas, tener intermediarios o mediadores, y beneficiar con el cargo a aspirantes peninsulares. Esto en el caso de Yucatán, no se logró, a diferencia de otros lados, por ejemplo, Oaxaca como apunta la dra. Machuca, ya que la mayoría de los que ocuparon los puestos el 83% (55) resultó ser yucateco y solo un 15 % (10) fueron españoles. Probablemente esto se dio por las rentas, ya que las de Yucatán se consideraba menores. Además de esos 10 solo dos dejaron Yucatán al terminar su cargo. ¿bebieron agua de cenote o pozo?

Durante los casi treinta años que estuvo vigente el cargo, de las quince jurisdicciones de la península, solo once fueron las subdelegaciones que funcionaron en forma y 66 los nombrados para hacerse cargo, aproximadamente ya que no se están considerando a los interinos. En Mérida sí se estableció la subdelegación, aunque tardíamente hasta 1798 y con funciones acotadas. Ni Carmen, ni Bacalar, ni Tabasco se volvieron subdelegaciones, las dos primeras continuaron como presidio y en Tabasco a partir de 1778 se estableció un gobierno que dependía directamente de la Audiencia de México en lo político y militar y en cuanto lo eclesiástico del obispado de Yucatán.

Las mencionadas once subdelegaciones fueron las siguientes:

1.- Sierra Alta (Ticul-Tekax), 2.- Sierra Baja (Mama-Tecoh, se creó hasta 1802), 3.-Beneficios Altos (Tihosuco), 4,- Beneficios Bajos (Sotuta), 5.- La Costa, 6.- Valladolid, 7.- Tizimín, 8.- Camino Real Alto (Becal-Calkiní), 9.- Camino Real Bajo (Hunucmá), 10.- Bolonchén Cauich, 11.- Champotón.

El cargo era por cinco años como ya se ha comentado y para ocuparlo necesitaban de un fiador, personaje clave para garantizar en su caso si se daban desfalcos y deudas. Sobre los salarios, estos eran del 5% de total de los tributos recaudados, de ahí la importancia de su cobranza. Las subdelegaciones variaban en cuanto a los tributos, las consideradas más ricas eran la de Camiro Real Alto, la de la Costa, y la llamada “joya de Yucatán” la Sierra Alta. Además, hay que considerar que los subdelegados terminaban como dueños de estancias o haciendas y se beneficiaban con el trabajo de los naturales, asimismo, sobre todo los de la Costa, se involucraban en el contrabando.

Entre las interesantes historias que, durante los 30 años de las subdelegaciones, podemos encontrar en el libro y que además nos estimulan a continuar investigando, seleccioné algunas:

Las quejas por lo cansado que era perseguir a los fugados: En el expediente sobre don Juan José Roche donde el gobernador de Yucatán lo recomienda como subdelegado de la Sierra, entre sus cualidades menciona lo siguiente: “Para lograr desempeñar semejante encargo se dedicó a aprender el idioma de los indios hasta que lo poseyó con perfección, lo que le sirvió de mucho para hacerles entender no granjeaban con rehusarse a la paga de sus tributos. Con semejantes amonestaciones y andar a caballo de día y de noche y bajo las mayores intemperies en solicitud de los fugitivos, logró que viendo estos que ni por huirse ni ocultarse en los más interno de los montes se libraban de que los cogiese, castigase e hiciese pagar se fueron allanando a la justa contribución de sus tributos, logrando con tan trabajosas diligencias no solo el dejarlos corrientes en satisfacerlos a los plazos señalados por VM sino que aumentó considerablemente el número de los tributos por la aprehensión que hizo de los fugitivos, de los ocultos y de los que disfrazados pasaban por mestizos y mulatos”.

El subdelegado implicado en el asesinato de Lucas de Gálvez: Manuel Antolín había llegado a la península de Yucatán como Capitán a Guerra y pretendió ser nombrado como subdelegado, lo que no obtuvo del gobernador Gálvez, ya que recibió muchas críticas a su desempeño en la encuesta que realizó sobre el desempeño de los Capitanes a Guerra que pretendían ocupar ese puesto. Entre las opiniones negativas, la del obispo fray Luis Piña y Mazo fue contundente, lo acusó de jugador y de que tenía relaciones con una mujer casada. Al negársele el puesto Antolín entablo un juicio y al fallecer Lucas de Gálvez y ganar el juicio fue nombrado subdelegado en 1792, cargo que no ejerció durante mucho tiempo, ya que fue acusado de apoyar a la familia Quijano, supuestos autores intelectuales del asesinato de Gálvez, por lo que fue enviado a una cárcel de la ciudad de México, donde falleció en 1802.

La disputa por el puesto de subdelegado en la Joya de Yucatán, la Sierra Alta: Tres fueron los personajes que querían ocupar ese puesto en el periodo de 1806 a 1818. Francisco Ortiz y Salazar originario de Tuesta en Castilla, de una supuesta familia de hidalgos y cristianos viejos, pero que llegó en la comitiva del obispo Piña y Mazo en 1780, como mayordomo de la casa del obispo. Hizo buenas relaciones en Mérida, así como un buen matrimonio, pretendió ser regidor de Ayuntamiento, pero no se lo permitieron y solicitó le otorgaran el puesto de subdelegado, el cual obtuvo para cuando “vacara”.

El segundo interesado era José Castellanos quien era el delegado en funciones y pidió se le prorrogaran sus funciones ya que, debido a la Constitución de Cádiz, sus atribuciones fueron interrumpidas.

El otro interesado era Miguel Bolio regidor del ayuntamiento y quien había fundado una compañía de caballería integrada por 50 hombres a nombre de Fernando VII, la cual él mantenía. Solicitó el cargo y también lo obtuvo cuando “vacara”. En un documento Bolio acusa de Ortiz de ser adicto a la Constitución de Cádiz y con desprecio menciona que había llegado a Yucatán en calidad de “criado” del obispo, mientras que él y su esposa eran descendientes del Adelantado Montejo. Este enfrentamiento deja ver la tensión que en esos años hubo en todo américa entre los criollos y los españoles.

Son muchos más los personajes y los hechos interesantes que el libro de la Dra. Laura Machuca nos relata en su libro, y como ella misma plasma, muchas más por descubrir, estudiar, e investigar. Agradezco a la dra. por regalarnos este tesoro y permitirme comentarles mis opiniones del mismo.

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.