Podemos morir de amor

Llegué a tiempo, compré mi boleto y esperé. Era el mediodía del pasado 14 de abril de 2024. Tuve la fortuna de estar acompañada de mis amigxs y pareja. Nos dieron paso y entramos al auditorio del Centro Cultural Olimpo. Lo observé todo; había tantos detalles en el escenario que era imposible no mirarlo. Anunciaron la tercera llamada y la obra comenzó. Con algo de soberbia, decidí enfocarme en la manera en que se estaba representando el mito de Perséfone y Deméter. Esta forma de ver la puesta en escena al principio me desensibilizó; sin embargo, mientras la historia avanzaba, vinieron imágenes a mi cabeza de las personas que conozco que están atravesando cuadros de depresión. En un principio, había decidido evadir el tema principal y quedarme en ese lugar seguro, la butaca. Me permití identificarme con mi propia ignorancia y reconocí que de mí habían salido frases dichas por los adultos. Acepté la incomodidad y continué observando, pero ahora desde la empatía y la vulnerabilidad. Es de esta experiencia que surge la siguiente crítica.

Amor adolescente, ese mismo que te hace sentir que durará toda la vida, por el cual las películas y canciones de amor cobran sentido, la razón por la que dejarías todo sin pensarlo; pasión, deseo, curiosidad, el despertar de algo nuevo dentro de ti. Los niveles de dopamina en tu cerebro se disparan y sólo eres capaz de decir: me enamoré. Esto fue lo que le sucedió a Persé, una niña que creció bajo el manto sobreprotector de su madre y se vio obligada a vivir a merced de las decisiones de otros. La historia inicia con Persé en su tamaño original contándole a su maestra que cuando era niña se enamoró del oso de peluche de su mejor amiga, sentimiento que le trajo problemas con su madre, misma que mediante un ultimátum la hace elegir entre el oso o el amor materno.  Esa historia culmina con la madre encerrando al oso en una celda. La maestra trata de animarla diciéndole que ahora que tiene 12 años las cosas son diferentes; sin embargo, Persé lo niega haciendo énfasis en el poder que su madre posee para que cosas malas sucedan, si no se hace su voluntad. Ante tal afirmación, la maestra pregunta por la madre de la niña, quien resulta ser la Diosa de la Tierra (Demé).

Ahora, con 16 años, Persé es un títere, una muñequita frágil que está caminando al borde del abismo. ¿Cómo es que una niña llega al punto de afirmar que caerá? Los personajes contarán una historia fantástica para dar explicaciones bajo el argumento de que es necesario pues siempre ha sido de ese modo desde el origen del universo; sin embargo, ¿Qué clase de historia, ¿quiénes la cuentan y qué tanto saben de ella? Los hombres, personajes que son representados como un mismo núcleo, poseen un cuerpo conformado por una tela negra y tres máscaras grotescas que son manejadas por una actriz. Estos llegan a opinar sobre titulares de periódicos que exponen casos de jóvenes que se han suicidado por amor. Hacen comentarios jactándose de que la juventud no sabe lo que es el amor; dejan claro los comportamientos que para ellos son correctos e incorrectos. Cuando la maestra difiere de sus pensamientos e ideas los personajes adultos buscan la forma de que la conversación quede a su favor o de zafarse de la responsabilidad de sus palabras e historias mal contadas. La docente reconoce el nombre de Persé en la lectura de una noticia que exponía a una jovencita que se escapó a casa de su novio; sin embargo, por orden judicial la chica fue devuelta a su madre y el chico encerrado un tiempo a modo de escarmiento.

La maestra decide darle seguimiento a la noticia y hablar con las personas que estuvieron dispuestas a contarle sobre lo ocurrido. La escena nos transporta hacia Demé, una Diosa imponente, su cuerpo es representado por una tela oscura y su rostro por una máscara grande color café adornada de naturaleza. Es un personaje que ocupa y se apodera de su espacio, en ocasiones incluso, llegando a invadir el de su hija. Como madre muestra una gran preocupación por el daño que alguien le pudiera causar a Persé. Es tanta la desconfianza de Demé hacia el mundo que ha creado un lugar donde su hija esté aislada, a salvo, un pequeño paraíso en la tierra, el jardín.  Persé está en la búsqueda de algo nuevo, algo que le otorgue un sentido a su vida. Tras la ausencia de su madre, recorre el jardín hasta que encuentra una flor nunca antes vista. Da por terminada la búsqueda y arranca la flor, pero un enorme agujero se abre en el suelo, abajo se encuentra con la mirada de un muchacho, El Diablo. Un títere color azul, gobernante del reino de la oscuridad.  Ambos se enamoran al verse, representan una luz a la que no habían estado expuestos y deciden escapar juntos. Ante este suceso, Demé acude a Dios; es decir, al padre de su hija. Representado por una máscara gris, brazos largos color negro, manos alargadas y puntiagudas.

Lo que más llama la atención de este personaje es que su cuerpo es una silla negra. Una silla que permanece vacía. Ausencia. El padre es trabajador de la policía judicial, por lo que llega a un acuerdo con su esposa y el novio de su hija. Persé quien nunca había visto a su padre, terminó dependiendo de su dictamen sin que sus pensamientos y emociones fueran tomados en cuenta. Sintiéndose culpable por haber escapado, el ultraje a la casa de su novio y sin fuerzas para oponerse, regresa con su madre. Lo que habita ya no lo puede llamar hogar. Persé se encierra, se cuestiona si es que en verdad ha conocido el amor. Su madre no respeta el acuerdo, prohibiéndole salir y ver a su novio. La chica resignada se priva de toda fuente de luz, como último destello la maestra le brinda palabras de apoyo y le extiende su mano en señal de ayuda; Persé está a punto de tomarla, pero se detiene, no quiere que nadie caiga por culpa de ella.

La obra culmina con la maestra teniendo una conversación con el padre de Persé, confrontándolo con las notas del periódico en mano, para después hacer una apelación directa al público y pedirnos nuestra opinión sobre lo presenciado. 

La obra presenta un gran trabajo a nivel visual, escenografía, utilería y vestuario. Logra darle profundidad al espacio y transportarnos a los lugares en donde la historia se desarrolla. Es un gusto para el espectador observar los detalles en las máscaras, la vegetación y flora del jardín, las expresiones de los títeres, el cuarto en miniatura de Persé, el reino oscuro y el escritorio de la maestra. La iluminación no jugó a favor en ciertos momentos, llevándose el foco a sitios que no concordaban con lo que estaba sucediendo en escena. Las actrices por su parte lograron encarnar a sus personajes. Teresita Castillo Quiñonez como Persé, realizó una transición acertada de actriz a títere/titiritera como si de una danza metamórfica se tratase. En ella estaba la mirada de una niña que dirige su vista hacia arriba para mirar a sus padres. Una mirada de infancia regida por el adultocentrismo y a su vez el cuerpo de alguien que está pidiendo ayuda, fragilidad, la advertencia de que si se sigue encogiendo desaparecerá.

Las voces de las actrices que representaron a los hombres lograron darles fuerza y un carácter despreciable a sus personajes, en el buen sentido. Para quienes conocen el mito griego existe una constante expectación sobre la manera en la que es contado y representando en escena. La realidad no abandona al espectador, estamos frente a una problemática que nos agrava en la actualidad, depresión, invalidación, suicidio, la poca o nula sensibilidad al hablar sobre estos temas. La resolución tomada por manos adultas, sin siquiera preguntarles a las infancias, adolescencias y juventudes. El Diablo en reiteradas ocasiones aclara que en las historias que se contarán él será el malo. Dejando a nuestro juicio hacernos de una opinión sobre él después de presenciar lo sucedido. La maestra interpretada por Selene Medina muestra cómo los jóvenes llegan a confiarles a personas externas sus sentires. Terceros que no pueden interceder por ellos. El desconocimiento, ignorancia y apatía nos cierra a la posibilidad de un diálogo.

El hecho de pensar que la historia que nos han contado y la que hemos contado no es una verdad irrefutable, nos da miedo porque entonces, ¿qué lo sería?  Desconocemos tanto, pero hay que hacernos responsables. No es justo para alguien que busca respuestas convertir la realidad en un cuento. Las infancias, adolescencias y juventudes entienden. Son capaces y están creciendo con una gran carga de realidad al alcance de sus manos. Muchas veces no son ellos quienes no distinguen la realidad del cuento sino el adulto quien ya ha formado una historia sólida, un pilar resistente que le aporta sentido a su vida. Pende mi corazón de un abismo es una puesta en escena que todos deberían ver. Invita a la reflexión, empatía y al cuestionamiento. Es un gran abrazo al corazón que te susurra: No estás solx. Entablar conexiones y abrirse al diálogo crea caminos que nos permiten conocer la historia del otrx.

Pende mi corazón de un abismo es una obra de teatro escrita y dirigida por Ivi May Dzib. La producción de este proyecto estuvo a cargo de la CÍA GRUPO 2012 TEATRO. El elenco estuvo conformado por: Teresita Castillo Quiñonez como Persé, Selene Medina como la Maestra, Claude B. Centurión como el Diablo y Demé (La madre), Karla Franco Z. como Los hombres y Dios (El padre). El equipo creativo estuvo integrado por David Muñoz May quien estuvo a cargo de la escenografía, Paloma Kuh Eliodoro y Alberto Ávila Rodríguez realizaron el diseño sonoro, Antonieta Hidalgo Ruiz en el diseño del vestuario e Ivonne Cortés en la realización del mismo; Óscar López se encargó del diseño de iluminación, Gaby Jiménez hizo el diseño de imagen y la CÍA. GRUPO 2012 Teatro la utilería. La asistencia de dirección y elaboración de títeres estuvo a cargo de Laura Zubieta Rodríguez.

Originaria de Progreso, Yucatán; ha participado en obras como “Fábrica de juguetes” (2019) y “Chicago el musical” (2022). Actualmente es alumna de la licenciatura en teatro de la UNAY. Formó parte del taller laboratorio "Territorios de Pax" en Centro Cultural Tapanco. Participó en el taller Internacional de Arte Vivo y Performance de La Pocha Nostra y en su alma mater ha expuso una ponencia intervenida bajo el nombre: “Manifiesto de poéticas actorales”, un trabajo de creación colectiva.