Los documentos de la Institución Brookings
Creada en 1927, Brookings formuló políticas para las administraciones de EEU, entre ellas el Plan Marshall de 1948
[i]. Fue la institución académica que publicó más documentos sobre la transición en Cuba de 2008 a 2010, incluidos el “US Policiy Towards Cuba in Transition” y el libro Learning to Salsa, de la ex Jefa de la Oficina de intereses de EEUU en Cuba Vicky Huddleston y del cubano americano Carlos Pascual. [ii]
En tanto los estudios tuvieron mejores asesores que los Informes de 2004 y 2006, sus visiones resultaron más cercanas a Cuba, aunque pecaron de imponerle esquemas del quehacer político de EEUU. Además, abrieron los caminos para hacer observaciones sobre el terreno en la Isla.
Reseñaré sus propuestas de cómo gobernar durante la “transición hacia la democracia” y sus reflexiones sobre la factibilidad que tendrían determinados grupos de convertirse en agentes locales durante este período.
Del léxico que usó Brookings en sus proyectos para la gobernabilidad en la “transición”, escogí “compromiso” (“engagement”) y “poder astuto” (“smart power”).
Emplearon “engagement” en su acepción de “compromiso”, posiblemente manteniendo a la mano sus significados de “combate” y “batalla”. Este término encabezó uno de los documentos de 2009, “Ruta para un Compromiso Crítico y Constructivo” (“Roadmap for Critical and Constructive Engagement”). Curiosamente, USAID encabezó con “Roadmap” sus documentos sobre asistencia humanitaria en Irak.
Brookings imaginó las relaciones entre Cuba y EEUU según la lógica del poder de este último país. Sugirió que el Presidente Obama adoptara una política unilateral de compromiso crítico y constructivo, empleando acciones ejecutivas para alinear su política exterior con la de la región y, con el tiempo, restablecer relaciones normales bilaterales. La unilateralidad se tradujo en perseguir los intereses de EEU.

El “poder astuto” pudo significar que Obama adaptara su política exterior hacia Cuba a los “cambios” que prometió durante su campaña presidencial, apartándose de la ruta que mantuvo EEUU desde 1960. Brookings propuso renovar la política de “pueblo a pueblo” y sugirió transformar el embargo para convertirlo en un instrumento del “smart power”, sineliminarlo. Mantener el embargo subrayaría la preocupación ante la incapacidad del gobierno cubano de practicar las normas internacionales de derechos humanos, democracia y transparencia. Recordó que la Constitución EEUU autoriza al Presidente para conducir los asuntos externos del país, por lo que podría indicar al Secretario del Tesoro que extienda, revise o modifique las regulaciones del embargo.
Así, sugirió permitir que compañías norteamericanas invirtieran en los yacimientos de petróleo y gas natural en la plataforma cubana, que Cuba ya explotaba con empresas extranjeras. Igualmente planteó vender y donar a Cuba equipos y servicios de telecomunicaciones para que los cubanos accedieran a Internet, posiblemente intentando inundar a Cuba con informaciones procedentes de EEUU.
Propuso que EEUU adquiriera en Cuba medicinas “que salvan vidas”, omitiendo que algunas de ellas —por ejemplo, la vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón— fueron convenidas con un instituto norteamericano gracias a una licencia del Departamento del Tesoro y, por tanto, no requerían esta atención especial en la política de la nueva Administración hacia mi país.
La institución dejó para “el más largo plazo” importar mercancías adicionales desde Cuba, postergando hasta el infinito normalizar las relaciones comerciales y crediticias entre los dos países. Tampoco eliminó las prohibiciones de la ley Helms-Burton que penalizan a compañías de terceros países que mantienen relaciones con Cuba.
Brookings no empleó “cambio de régimen”, sino propuso que la sociedad civil cubana debería separarse del estado para “transitar hacia la democracia”.
A diferencia de los Informes al Presidente de 2004 y 2006, Brookings sugirió emprender un proceso a largo plazo de compromisos críticos y constructivos a todos los niveles, incluso con el gobierno cubano, para definir una visión estratégica que permitiría a los EEUU proyectar sus intereses y avanzar con el hemisferio para convertir a los cubanos en agentes de cambios pacíficos. La prioridad sería servir los intereses y los valores de EEUU confiando que, si se hace sabia y eficientemente, los cubanos ganarían también.
Según Brookings, una sucesión viable y exitosa en Cuba durante la transición dependería de actores internos que aboguen por cambios. Comentó las fortalezas y debilidades de cuatro actores: la juventud; la iglesia católica; la comunidad afrocubana y los movimientos opositores.
Los jóvenes tendrían más posibilidades de convertirse en agentes de la transición. De 11 millones 400 mil cubanos, 8 millones nacieron después de 1959. De ellos, los 2.2 millones que nacieron después de 1992 experimentaron sólo el “comunismo” austero del “Período Especial”. Por tanto, la juventud no albergaría lealtad duradera a la Revolución y estaría propensa a desilusionarse y/o a decidirse a promover mayores aperturas. Agregaron que la juventud en el gobierno o en las instituciones afiliadas a él podría sostener principios básicos de la ideología revolucionaria pero, por tener poca nostalgia por el pasado post 1959, podría también constituir la fuerza más importante para los cambios futuros.
De acuerdo a Brookings, la iglesia católica tiene redes semi formales extendidas nacionalmente, cuenta con espacios de expresión relativamente seguros, así como con recursos humanos y materiales para entrenar a líderes y activistas jóvenes. Pero cuestionaron si una sociedad civil como la cubana, con fuertes tendencias seculares, granjearía a la iglesia católica un liderazgo sustancial.
La institución distinguió entre la adherencia nominal hacia una institución religiosa y la carencia de lealtad tradicional a los grupos de fe organizados, cuando explicó que, mientras el 60% de la población está bautizada, sólo entre el 1 y el 3% de los cubanos son católicos practicantes, en contraste con un 75-85% de creyentes en “lo divino”.

Dudó que la jerarquía católica apoyara los cambios, porque vacilaría o no estaría interesada en simpatizar abiertamente con la oposición organizada porque ello podría molestar al estado y amenazar la independencia organizacional que la iglesia ganó duramente.
Brookings planteó que el 62% de la población cubana tiene ascendencia negra o mulata. Aseveró que Cuba es una sociedad extensamente integrada y de acuerdo al acceso equitativo a la vivienda, la salud y la educación, sería erróneo hablar de una única “perspectiva· afrocubana”. Agregó que los afrocubanos sufrieron desproporcionadamente las privaciones económicas de la crisis de los noventa y que pocos de ellos acceden a las remesas debido a que la mayoría de los migrantes cubanos es blanca.
El gobierno cubano podría priorizar las soluciones a corto plazo para responder a las necesidades y preocupaciones inmediatas de los afrocubanos, aplazando los cambios estructurales y las reformas institucionales más profundas, afirmando su control político y, por tanto, tornando obsoletas las presiones que ejerzan los grupos civiles externos que representen a esta comunidad.
La institución evaluó que la “oposición organizada” estaba fracturada porque sus integrantes se atrincheraron en sus visiones de cambio, carecieron de coordinación, mantuvieron perennes conflictos y permanecieron en zonas confortables. Pocos cúbanos los reconocieron como una alternativa práctica. Sólo el apoyo internacional los mantenía visibles.

En cuanto al papel del liderazgo cubano en 2009, Brookings admitió que Raúl Castro se encontraba firmemente en la cima del poder, y que desplegó esfuerzos importantes aunque insuficientes hacia la apertura económica. Añadió que no existen en el corto plazo condiciones internas o internacionales que amenacen con credibilidad su control sobre el poder. Reconoció que el Partido Comunista de Cuba y las Fuerzas Armadas eran de las instituciones gubernamentales más fuertes. Aseveró que Cuba pasaba de un modelo altamente carismático individual a otro dirigido por un partido gobernante firmemente institucionalizado.
Con este súper resumen de las propuestas más relevantes para la “transición en Cuba” que conocieron las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, persigo confirmar que se mantiene la larga historia de los planes de EEUU para amoldar a Cuba a sus intereses. Los Informes al presidente de 2004 y 2006 no entendieron las singularidades de los eternamente cambiantes modos de gobernar cubanos desde 1959. Tampoco comprendieron los modos de ser y de pertenecer que rigen las vidas cotidianas de los cubanos. A pesar que los documentos de Brookings cometieron estos deslices, se acercaron más a la realidad de la Isla y, sobre todo, formuló hipótesis y líneas de investigación para quienes practicaron posteriormente observaciones sobre el terreno.
Las palabras con las que el analista del New York Times Ezra Klein argumentó el fracaso de EEUU en Afganistán, podrían ejemplificar el eterno error que cometieron hacia Cuba: “No comprendemos suficientemente bien a otros países para rehacerlos de acuerdo a nuestros ideales. Incluso no comprendemos suficientemente a nuestro propio país para lograr esos ideales”. [iii]
[i] Report to the Committee on Foreign Relations United States Senate, on Administration of United States Aid for a European Recovery Program. Submitted at the request of the Chairman of the Committee by the Brookings Institution, January 22, 1948. https://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2016/07/19480122cmtereport.pdf
[ii] Las referencias bibliográficas de estos documentos aparecen en la nota ii de la primera parte de este texto.
[iii] https://www.nytimes.com/2021/08/26/opinion/afghanistan-us-withdrawal.html?smid=em-share








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