Ambos informes, y su generalidad “Nuestro genocidio”, vienen a sumar voces críticas que deben ser replicadas y apoyadas para el despertar de la conciencia al interior de Israel, los Estados Unidos y la Unión Europea, pues son ellos los cómplices del genocidio.

La guerra que Israel y los Estados Unidos quieren, junto a sus aliados europeos y de Medio Oriente, NO ES NUESTRA. No es por el bien de la humanidad ni es para protegernos de ninguna amenaza, sólo es para la continuidad del neocolonialismo y la repartición de territorios ocupados y despojados.

Hoy en día, prácticamente no hay nadie en el mundo que pueda decir con honestidad que no sabe algo del genocidio, y si así lo afirma es porque ha decidido ser parte de ese crimen, pues callar ante la barbarie es ser cómplice, no hay ya forma de tener medias tintas, no hay manera honesta moralmente de permanecer ajeno a este acontecer, no existe razón real para seguir ignorando el genocidio, esto, sin importar la postura de los diversos gobiernos. Por ello, debemos mirarnos a nosotros mismos en el espejo de Palestina y decidir a dónde queremos dirigirnos: a la perdida de todo sentido humano o al fortalecimiento de la humanidad a través de la solidaridad y la conciencia del derecho de todos los pueblos a existir.

Ante toda esta barbarie, como desde el primer día, los pueblos del mundo no podemos callar, no podemos silenciar la verdad, no podemos quedarnos quietos; la voz de la humanidad debe escucharse contra el genocidio y por un alto inmediato. La causa palestina hoy es, y siempre será, la causa de la humanidad.

Como pólvora recorre el mundo la noticia de una nueva masacre, se produce el espanto y el horror, corren lágrimas. Se cierne en derredor, como un manto muy oscuro que nos abraza, el desaliento y el vacío, la certidumbre de la muerte inaudita.

Las cifras generales desde octubre de 2023, cuando se recrudeció el genocidio, señalan con base en un informe del Ministerio de Salud que 49 mil 747 palestinos han sido asesinados y 113 mil 213 personas han sido heridas en Gaza, esto sin mencionar la destrucción de viviendas, el patrimonio cultural e histórico, así como una gran parte de la infraestructura económica, de salud, religiosa y de educación, dejando a los palestinos en una situación de crisis humanitaria que niegan las potencias europeas, el imperialismo estadounidense y el régimen de ocupación sionista, justificándose ante el crimen de lesa humanidad que comenten.

El pueblo y la nación palestina ejercen día a día su derecho a existir, lo defienden, y nosotros, el resto del mundo, debemos redoblar las fuerzas, reagrupar las voces y seguir denunciando por todos los medios el genocidio, los crímenes de lesa humanidad y la bestialidad inhumana que hoy se llama sionismo israelí e imperialismo estadounidense. Entramos a un nuevo año, 2025, un periodo temporal crucial, donde la beligerancia se incrementará y los pueblos tendremos que tender puentes de solidaridad e internacionalismo más duraderos para resistir con mayor fuerza.

No se trata de defender a gobiernos ante lo que acontece, pero sí se trata de defender a los pueblos que constituyen las naciones, y ahora la beligerancia sionista e imperialista de Occidente se llena aún más las manos de sangre, en una alarmante crisis de humanidad que nos acerca más al abismo

El patrón es claro: desde su primer mandato como primer ministro en 1996, Netanyahu ha trabajado sistemáticamente para sabotear cualquier posibilidad de una solución negociada al conflicto. Su oposición fundamental a la solución de dos Estados no se ha limitado a la retórica: se ha manifestado en acciones concretas diseñadas para hacer imposible cualquier acuerdo de paz viable.

En Yucatán el clamor por Palestina se hizo escuchar al realizarse una marcha y un mitin de solidaridad y de rechazo al genocidio y a los planes de guerra imperialista, acto organizado por el Comité de Solidaridad con Palestina – Yucatán, conformado por diversas organizaciones políticas y culturales en resistencia y por personas que buscan generar conciencia sobre lo que realmente pasa en Palestina y en Medio Oriente