El Kremlin ha sido muy claro en su mensaje. “Nadie dude que atacaremos con todas nuestras fuerzas en defensa de nuestra nación”. Y este mensaje no es precisamente para los ucranianos, sino a aquellos que se esconden detrás del gobierno de Ucrania y que mueven los hilos y las bocinas ampliando los discursos.
En la guerra de Ucrania hay tres guerras: la acción militar, la acción financiera y la guerra mediática. Es necesario considerar que esta guerra no es una acción deliberada de Rusia, sino que responde a las acciones de ocho años atrás, cuando los ucranianos efectuaron diversos actos de agresión en contra de las ciudades de Donest y Lugans y que en defensa de esos territorios hubo de imponerse a esa realidad.
Una indiscutible utilización mercantil y de poder económico rige las competencias deportivas occidentales desde hace mucho, pero mucho tiempo.
El juego perverso de las sanciones que se imponen de una manera unilateral a otras naciones, para que se avengan a los intereses del poder mayor, es una manera de ejercer presión a personas, comunidades y asentamientos cuyas fuentes de riqueza son apetitosas.
En la reunión del grupo de los ocho, vía televisiva, Zelensky hizo un comentario que esconde un propósito: presionar a Europa a enviar más dinero y armas, apoyar a su ejército, volverlo más poderoso y así vencer a Rusia y poder ingresar con fuerza en la OTAN
La cuestión internacional no está sólo en la guerra de Ucrania - Rusia, sino que ha movido a las naciones a integrarse, para estar preparadas por cualquier acontecimiento o ejercer presión, por el sólo hecho de unirse en una región económica y política.
Cuando se habla de “ayuda” a Ucrania, debe entenderse que son préstamos a largo o mediano plazo que ésta tendrá que pagar con recursos propios o concesiones y que le serán impuestas en su momento.













