Jorge Cachinero, experto en relaciones gubernamentales y riesgos políticos, comenta: “después de no llegar a un acuerdo de paz en las reuniones de Estambul, la guerra toma un giro preocupante. Los rusos no tienen prisa; los europeos, con Estados Unidos e Inglaterra, están en un punto que pareciera que no tienen miedo y sí, todo el tiempo del mundo”. Y acota: “la guerra de Ucrania es una guerra de relaciones públicas”.
Ha trascendido que muchos en el pentágono creen que esta guerra no se gana y suponen será la excusa perfecta para desengancharse del conflicto y culpar a los ucranianos de la mala administración de Zelensky y así se desentiendan del asunto.
López Almejo enuncia la teoría de juegos y, nosotros, al investigar nos plateamos: una rama de las matemáticas y la economía que estudia, en una discusión ¿Cuál es la elección óptima de un individuo cuando los costes y beneficios, de cada opción, no están prefijados, sino que dependen de las elecciones de otros individuos?
Vivimos un mundo acelerado y desde luego, los sucesos y los eventos ocurren con precipitación y, muchas veces, nos impide determinar cuál de tales cuestiones provocan mayor inquietud en los seres humanos. Pero es importante ofrecer alguna opinión al respecto. ¿Qué cosa provoca mayor incertidumbre que la guerra? ¿Las falsas noticias y las acciones mordaces de quienes manejan las comunicaciones y las difunden, según sus intereses?
El juego perverso de las sanciones que se imponen de una manera unilateral a otras naciones, para que se avengan a los intereses del poder mayor, es una manera de ejercer presión a personas, comunidades y asentamientos cuyas fuentes de riqueza son apetitosas, así como a naciones, quienes tratan de obligar a aceptar su hegemonía, y esto amplía una situación de interrogantes, porque todo proceso de sanciones, de alguna manera, permite observar quién o quiénes son los que marcan las directrices y, de alguna manera, se clarifican sus objetivos. Ahora, con el conflicto de Ucrania, es más que evidente la dirección de Estados Unidos y las presiones que ejerce contra los estados europeos, para forzarlos a apoyar a Ucrania con armas y dinero, a fin de que el conflicto “se gane”. ¿Quién lo va a ganar? ¿A quién beneficia?
Entre tanto, cada día las imágenes televisivas y de la prensa occidental enuncian el debilitamiento del oponente y presionan —según su opinión del conflicto— en que es el momento de meter más dinero y armas.
Dentro de tales mensajes, se asoma en escena el Grupo Wagner, quienes han estado muy activos logrando avances y ocupando posiciones ganadas al enemigo. ¿Hubo alguna razón que los empujó a entrar en el espacio de Rusia, con el aparente objetivo de que cambiara la cúpula que dirige los diferentes eventos de la guerra en Ucrania, y enfrentar a los soldados rusos e infringirles una derrota?
Los militares de alto grado, quienes han sido invitados a exponer sus opiniones, coinciden en que diez mil hombres del grupo Wagner no son suficientes y, por lo tanto, no podrían vencer la línea de cien mil soldados emplazados por los rusos y la carnecería sería espantosa, por lo que obraron con prudencia y aceptaron a la mediación de Bielorrusia. Putin les hizo saber que no actuaría de inmediato, pero hay opiniones que señalan que queda pendiente el juicio por atentar contra la Madre Patria, símbolo de las tropas rusas, misma que fue la divisa que los unió y enfrentó al nacismo.
Es posible que el grupo Wagner estuviera financiado por oligarcas rusos, quienes desean que Putin deje el poder, tener elecciones y ellos hacer los negocios que les permitía antes, obtener enormes ganancias.
La prensa occidental habla de los intereses de Progostkin, amigo personal de Putin y por alguna razón, pareciera adversario, lo que permite visualizar un secreto acuerdo para que, instalado en Bielorrusia, esté más próximo a Kiev, la capital ucraniana y desde allí, presionar a Zelensky y acepte un acuerdo de paz, que occidente rechaza y apuesta por dejar más vulnerable a Putin: que éste renuncie y haya elecciones, de tal manera, que el cambio de poder, permita que Ucrania sea incorporada a la Unión Europea y, al mismo tiempo, se rompa la unidad de los federados que integran la gran Rusia.








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