Tres buenas maneras de alimentar el alma y el espíritu

En tiempos de Covid-19 todo se ha trastocado. Las rutinas de vida cambiaron para siempre y lo que alguna vez fue, ya no lo es, incluyendo las formas en que el ser humano se desenvuelve durante su paso por la tierra.

De tal manera no escaparon al influjo de la mortífera pandemia expresiones que durante siglos han alimentado la espiritualidad de los seres pensantes y si en algo hubo que innovar fue precisamente en cómo mantener viva las ansias de creación artística, la cultura en toda su magnitud y lo principal, cómo mantener el trabajo, la fuente nutricia para el desarrollo de la sociedad.

Tantas han sido las modalidades, que son casi inagotables las maneras en que se han expresado las manifestaciones del arte y la cultura a más de un año del inicio de la pandemia, que obligó a todas las partes, tanto creadores como espectadores, a variar sus miradas y cómo consumir el producto final, donde el desarrollo de las nuevas tecnologías ha puesto el principal aporte.

Pero donde más marcó y ha dejado una profunda huella la trágica situación que aun vivimos, ha sido en las miles y miles de personas que en el mundo quedaron al pairo, sin fuente de trabajo para sobrevivir, en medio de crecientes escaseces, que obligan a buscar las más diversas alternativas para llevar algo a la mesa y a la casa.

Sin embargo, ante la cruda realidad, han aparecido nuevas formas para paliar la crisis y si alguna vez, sobre todo en el actual siglo, las nuevas tecnologías contribuyeron a mantener a flote a economías en descenso, su aplicación a la práctica diaria ha ido influyendo en las opciones encontradas.

Dos palabras se han vuelto bastantes cotidianas en los últimos meses al menos en este contexto: teletrabajo y trabajo a distancia son hoy claves en el momento actual. Ante las recomendaciones del distanciamiento físico y social como una de las medidas más efectivas para derrotar al nuevo coronavirus, estas modalidades han venido a cumplir una función primordial, permitir que muchos ciudadanos, desde el «encierro» en su hogar, continúen aportando su trabajo a la sociedad y, por ende, reciban la retribución que merecen por ese aporte social.

Es verdad que se necesitan condiciones mínimas para ello. En Cuba, el estímulo a este tipo de labor está incluida en la más reciente versión del Código de Trabajo y su auge data de finales del 2019, cuando una momentánea crisis con los combustibles, obligó a tomar medidas que contribuyeran a paliar la gravedad. Luego de ello, cuando se aplica, es de obligatorio cumplimiento en los lugares donde pueda realizarse sin afectar las tareas a realizar.

La comprensión, sin embargo, no ha sido homogénea y cada cierto tiempo aparecen en esa nueva vía de comunicación que son las redes sociales, casos de incomprensión de administraciones que no han asimilado el alcance y utilidad de este tipo de práctica.

En los momentos más complejos de la pandemia, ha sido un reclamo la aplicación del teletrabajo y el trabajo a distancia y ya está claro que este tipo de actividad debe continuar ampliándose a futuro, sobre todo en un escenario donde el control sobre la enfermedad del siglo XXI no parece estar muy cerca.

Quizá ha sido ese uno de los escenarios más afectados por la Covid-19, pero no el único, si entendemos que prácticas como esta necesitan de condiciones mínimas para su desempeño y no en todos los casos están creadas las posibilidades para su aplicación.

Todavía falta mucho a la sociedad moderna y a la cubana en especial, para lograr que muchas actividades, antaño presenciales, puedan realizarse por esta vía.

El trabajo a distancia ha constituido una herramienta eficaz para garantizar la continuidad operativa del país, sobre todo en tiempos de pandemia. Su desarrollo en Cuba, aún incipiente, ha demostrado varios beneficios y buenos resultados, no solo para los trabajadores, sino también paras las empresas o entidades.

También es verdad que no todo puede lograrse desde la soledad y comodidad del hogar, pues la producción de bienes y la prestación de servicios continuará como algo a obtenerse dentro de espacios físicos concretos, con cadenas de valor que incrementen el precio final y con personas que deben recoger alimentos, construir, edificar, producir, transportar, comercializar, en fin, en muchas actividades no podrán nunca aplicarse fórmulas como esta, pero las que sean propensas a ella, deberían entender sus beneficios y no ser trabas en su ejecución.

El teletrabajo está contenido en la política de informatización de la sociedad y desde ahí se pretende potenciarlo. Ya se ha implementado en algunas entidades que tienen creadas las condiciones. El Código de Trabajo da muchas facilidades y tiene aspectos que no se explotan tanto.

Temas asociados a las dificultades para realizarlo de manera óptima desde la casa, problemas con la conectividad a Internet, el aislamiento social, los retos en el hogar ante las distracciones cotidianas, el cuidado de niños y otros familiares, las dificultades de comunicación con los empleadores, la ansiedad por el encierro, el cambio de rutinas sin horarios regulares y la incomprensión de los jefes ante la cambiante realidad, son aún asuntos a resolver ante esta nueva coyuntura. Como mismo el arte y la cultura complementan todo cuanto se hace, el trabajo forja y ayuda en la formación de los seres humanos. Son tres buenas maneras de alimentar el alma y el espíritu, en medio de una compleja situación en la que aún no se ve la luz al final del túnel.

Pelayo Terry
Pelayo Terry Cuervo es Licenciado en Periodismo y Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana. Fue Corresponsal de Guerra en Etiopía entre 1988 y 1989. Reportero y Corresponsal Jefe en La Habana de la Agencia de Información Nacional (actualmente Agencia Cubana de Noticias), subdirector del semanario Tribuna de La Habana (1997-2000), subdirector del diario Juventud Rebelde (2000-2009), Director de Juventud Rebelde (2009-2013) y Director del diario Granma (2013-2017). Actualmente es editor del sitio web Cubaperiodistas, de la Unión de Periodistas de Cuba. Ha sido conferencista y tribunal de tesis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y presidente y miembro de varios jurados de la UPEC, entre ellos el Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida, el Juan Gualberto Gómez, por la obra del año, y el Premio Nacional de Periodismo 26 de Julio, del cual ha sido presidente en los dos últimos años. Fue premiado en varios concursos periodísticos en Cuba y consultor en temas de Periodismo y Comunicación. Fue colaborador de los diarios Por Esto! (diciembre 2017-junio 2020) en el tratamiento del tema Cuba, tanto en reportes informativos como en artículos de Opinión.