En las últimas semanas, las autoridades cubanas les han puesto un ritmo más acelerado a los cambios prometidos en los dos últimos congresos del Partido Comunista, y la aplicación de un grupo de medidas ofrece señales de la necesidad del movimiento.

A raíz del Día Internacional de la Familia, que las Naciones Unidas decidió celebrar cada 15 de mayo, fueron múltiples las voces tanto en medios de comunicación como en las redes sociales e Internet, que se alzaron para aprobar o cuestionar los nuevos preceptos sobre los que se sustenta la definición de familia en la tercera década del siglo XXI.

Pero donde más marcó y ha dejado una profunda huella la trágica situación que aun vivimos, ha sido en las miles y miles de personas que en el mundo quedaron al pairo, sin fuente de trabajo para sobrevivir, en medio de crecientes escaseces, que obligan a buscar las más diversas alternativas para llevar algo a la mesa y a la casa.

Uno de los episodios más conmovedores en 2020 resultó, sin dudas, lo acontecido con el crucero inglés MS Braemar, de la línea Fred Olsen, el cual, con un pequeño número de viajeros afectados por el nuevo coronavirus, deambuló varias jornadas por aguas del Caribe y el Atlántico, en la búsqueda de alguna mano salvadora que les facilitara su repatriación por vía aérea.

Cuba inició su lento retorno a una etapa que está siendo en extremo compleja, llena de desafíos e incertidumbres y a la espera de que los tiempos por llegar puedan ser menos tensos que los últimos meses vividos por culpa del COVID-19.

Vamos a entrar al 2021 con una gran disyuntiva. Olvidamos lo vivido y sufrido durante los últimos 12 meses y lo espantamos para que no nos traiga malos augurios, o recordamos cada detalle de lo ocurrido para sacar de ellos sus enseñanzas.

Cuba inició su lento retorno a una etapa que está siendo en extremo compleja, llena de desafíos e incertidumbres y a la espera de que los tiempos por llegar puedan ser menos tensos que los últimos meses vividos por culpa del COVID-19.