Vitalidad contra virulencia

Los artistas, espíritus inquietos, se sobreponen a las circunstancias. El poeta Mario Benedetti dijo alguna vez: “Uno mismo no puede evitar la oscilación temperamental entre el pesimismo y el optimismo, pero cada vez que vuelve a este último, uno se siente más en su casa”.

Pienso que ese ha sido el razonamiento de los creadores que, ante la pandemia que hemos estado padeciendo a lo largo de este año 2020, con notables impactos en la cancelación de espectáculos, conciertos, tertulias, exposiciones de arte, levantaron el afán de continuar entregándose y mostrar, mediante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, los resultados de esa producción.

Signos vitales son aquellos en los que se pone por delante el interés colectivo y el reconocimiento del altruismo en tiempos difíciles. El controvertido y esquivo artista inglés Banksy, escudado en su anonimato, suscribió un grafiti en la pared del Hospital Universitario de Southampton, al sur de Inglaterra, en el que se ve a un niño elegir a una enfermera como la superheroína con la que quiere jugar en lugar de Batman o el Hombre Araña, íconos de las tiras cómicas y películas de la factoría Marvel.

El dibujante humorístico cubano Arístides Hernández Guerrero (Ares), también resaltó la dedicación de los médicos y paramédicos que estuvieron (o están) en la primera línea del combate a la pandemia, a contrapelo, incluso, de las frágiles políticas sanitarias de unos cuantos países, sobre todo de aquellos donde predominan las doctrinas neoliberales.

Tempranamente Ares respondió a la convocatoria, librada desde Beijing por las organizaciones IUI Youth Cup, Culture & Amp, la Asociación Internacional Multimedial y la compañía Qing Jin Technology, del concurso internacional Anticoronavirus UYACC-2020. Figuras de sanitarios con carteles en una decena de idiomas, como para dar cuenta del combate global contra una epidemia global, apuntan hacia la gratitud.

El Gran Premio adjudicado a su obra motivó a Ares a unir esfuerzos con el escritor y periodista cubano residente temporal en España Félix López y concebir el libro El mundo después del coronavirus, combinación reflexiva de textos y dibujos que anticipan la necesidad de la solidaridad, la cooperación y el entendimiento como premisas para superar los efectos de la pandemia, y que al mismo tiempo pone sobre la mesa la urgencia de cambiar coordenadas sociales y modos de vida si se quiere avanzar a una instancia cualitativamente superior en el logro de la nueva normalidad. En formato impreso el libro circuló en España, publicado por la editorial Samarcanda, y a su vez fue servido por varias plataformas digitales.

Por otro lado, una experiencia muy interesante tiene lugar en Cuba, desde donde ha irradiado gracias a las autopistas ciberespaciales. Me refiero a las exposiciones virtuales organizadas por la Galería Transeúntes, iniciativa del pintor y dibujante Sándor González Vilar que, a lo largo de 20 años con carácter itinerante, ha llevado el arte de colegas suyos a diversas ciudades europeas.

Al saber de las limitaciones impuestas por las circunstancias, Sándor rastreó a quienes en el confinamiento siguieron trabajando. Así nació Distancias Conectadas, repertorio de imágenes de una decena de artistas, con afectivos y creativos. Tras la atendible repercusión de dicha entrega, Transeúntes decidió renovar la propuesta, sobre la base de la producción de mujeres.

La fortaleza, pertinencia y vuelo poético de las creaciones de las artistas que respondieron al llamado de la galería, no solo justificaron, sino sustentaron la necesidad de visibilizar sus obras a públicos que pueden tener, de este modo, una aproximación de conjunto que no resta un ápice a la singularidad de cada creadora. Lesbia Vent Dumois, Zaida del Río, Flora Fong, Alicia Leal, Alicia de la Campa, Inés Garrido, Hildamaría Enríquez, Liam Domínguez Fong, Diana Balboa, Betzi Arias, Isavel Gimeno, Yari Delgado, María Consuelo Mendoza, Silvia Rodríguez Rivero, Nara Miranda y Marnia Briones son nombres a tener en la mirada.

Otro evento significativo desde la distancia han sido Post-it, un foro competitivo, en su séptima edición, de carácter nacional para creadores menores de 35 años, organizado y liderado por la Galería de Arte Galiano, de La Habana, que ha contado en este año con la participación de 101 artistas, de los que han sido seleccionado 27 como parte de la muestra concurso. Las obras se han colocado en dos galerías habaneras, y serán admiradas por los que accedan a las redes sociales; de esta manera se mantiene la visibilidad del trabajo de los creadores. También cuenta PRISMA, los colores tras la crisis, un concurso en las redes para artistas cubanos, liderado por la galería suiza de arte cubano, Artemorfosis, en colaboración con un equipo de realización radicado en la isla. Algunas galerías de arte han recurrido a estos medios para contribuir a la promoción de la obra de los artistas.

Puede decirse que el arte ha tomado las redes sociales por asalto. De vez en cuando me he asomado a The Covid Art Museum, proyecto internacional visible en Instagram al que tributan fotografías, videos, animaciones, arte digital, pinturas y dibujos de artistas de Italia, Estados Unidos, Portugal, Brasil, Francia, Reino Unido, España y Bélgica. Pero también he anotado el interés de un curador que reside en Mérida, México, José Luis Rodríguez de Armas, que prestigia el Museo del Palacio Cantón con su sabiduría. Él ha privilegiado la memoria de su propio quehacer. Al ventilar públicamente imágenes y referencias de las exposiciones que durante los años 80 curó en la ciudad cubana de Santa Clara, los destinatarios están en condiciones de ponerse en contacto con una perspectiva que de otro modo no hubiera visto la luz.

Resulta indiscutible que la comercialización del arte ha sido sensiblemente dañada por los efectos de la pandemia. La falta de visitas a las galerías, estudios e instituciones de arte impiden el trato directo con los artistas y sus obras. Las extremas medidas de aislamiento de carácter global dificultan el acceso de coleccionistas y potenciales compradores a esos espacios de arte, así como la realización y participación física en Salones, Ferias y Subastas de Arte internacionales que constituyen importantes momentos de intercambio, socialización y contacto físico con las obras. Recordemos que la información digital nunca podrá equipararse a la que se aprecia al enfrentar pinturas, esculturas, grabados, instalaciones y performances. Todo esto, unido a la visión de un futuro de muchas interrogantes para la humanidad, conduce a la necesidad de replantear modos de entender y hacer circular el arte en la aún incierta nueva normalidad, lo cual, a su vez, se reflejará también en la creación.

Virginia Alberdi Benítez
Nació en La Habana el16 de septiembre de 1947. Es crítica de Arte y Curadora. Dirige la Galería de Arte Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Formó parte del equipo de la Editorial ARTECUBANO, del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba. Ha colaborado con varias publicaciones especializadas de Europa y América Latina, y ha impartido conferencias en Beirut, Barcelona y Mérida (Yucatán). Ha sido curadora invitada de la galería Artemorfosis, de Zurich. Más de una veintena de artistas le han solicitado sus contribuciones en sus catálogos personales.