Derrotado Trump por récord de votación

Quien sin dudas ha salido triunfador con los resultados en este proceso ha sido el pueblo de Estados Unidos, tanto en sus relaciones internas como por haberse deshecho de un presidente que había dividido de una manera irreparable a la nación y al mismo tiempo la había aislado del resto del mundo.

Está claro que la noticia no podía ser la elección de un nuevo Presidente en Estados Unidos. Lo más importante y resaltable es que Trump había sido derrotado y dejaría la Casa Blanca.

No había posibilidad alguna de que Donald Trump pudiera ser reelecto lícitamente en el cargo de Presidente de Estados Unidos, pero sí era dable dudar que un personaje como este admitiera tranquilamente su derrota y entregaría su cargo presidencial simplemente porque así lo había determinado la votación de la población de acuerdo con las leyes y normas característicamente conservadoras que rigen en Estados Unidos.  

Donald Trump había adelantado que se había preparado para subvertir cualquier recuento electoral de votos que le fuera adverso.

Quien sin dudas ha salido triunfador con los resultados en este proceso ha sido el pueblo de Estados Unidos, tanto en sus relaciones internas como por haberse deshecho de un presidente que había dividido de una manera irreparable a la nación y al mismo tiempo la había aislado del resto del mundo.

Hay que reconocer que este proceso electoral puso en crisis al establishment de la nación del norte. Es público y notorio que los estadounidenses no tienen —no han tenido nunca— la facultad de elección de su Jefe de Estado, que únicamente ha sido ejercida por un reducido grupo en la vanguardia de las clases dominantes de la economía.

Para ser justos habría que reconocer que incluso esa poderosa élite ya había venido dando muestras de su insatisfacción por las estupideces arrogantes y groseras tan reiteradas en la conducta del Presidente Donald Trump.

“Él siempre ha actuado así, sólo que ahora todo le sale mal”, decían sus seguidores refiriéndose a motivaciones divinas, como acostumbraba a hacerlo su adalid”.

Ya el propio Trump había reconocido, en la soledad compartida de algunos twitter, las escasas probabilidades de una victoria suya en las elecciones.

Quizás la más cruel de todas sus acciones fue la que le llevó a burlarse públicamente de la gravedad de la pandemia, que resultó ser el cuarto episodio más grave de pérdidas de vidas en la historia de Estados Unidos, de la cual, incluso, acabó infectándose él mismo, provocando además el contagio con la enfermedad a una buena parte de los estadounidenses, mientras subrepticiamente él se atendía con cuanto medicamento se inventaba en cualquier parte del mundo para sobrevivir la pandemia.

Varios líderes del Partido Republicano empezaron a distanciarse de su jefe como ratas que abandonan el barco cuando éste empezaba a hundirse, algo impensable unas cuantas semanas antes en quienes acostumbraban a justificar, defender y hasta frecuentemente reír las “jocosas” violaciones del mandatario durante los últimos cuatro años de su mandato.

La administración Donald Trump había acumulado un número exagerado de acusaciones por hechos de corrupción, engaños y mentiras; demasiadas sospechas y quejas por su responsabilidad en miles de casos de muertes por ineptitud en el manejo de la peor crisis de salud pública en un siglo. 

Ya se había llegado a lo que todos en Washington pensaban pero no se atrevían a decir en voz alta: el presidente Donald Trump va a perder esta elección. Cada vez eran más numerosas las publicaciones que, partiendo de datos de las encuestas más recientes, se atrevían a pronosticar, entre alarmados y contentos, la derrota de Trump como resultado del criminal manejo de la pandemia, adornándolas con historias relacionadas con la corrupción, los engaños y otras perversiones vinculados al hoy defenestrado Presidente de Estados Unidos al término de su primer período de mandato.

En los últimos días y semanas se habían revelado más actos corruptos del clan Trump en la Casa Blanca que en cualquier otro momento anterior de su mandato.

El New York Times, además de revelar que el magnate ha evadido el pago de impuestos federales, también descubrió que tenía una deuda personal por más de cuatrocientos millones a un acreedor desconocido, una operación posiblemente ilegal de fondos a su campaña con la que su empresa ampliamente ha lucrado y con lo que el Times llamó un sistema directo de tráfico de influencias sin rival en la política estadunidense. Lo que el corrupto Donald Trump denunciaba como el “pantano de Washington” que atribuía a los demócratas apenas había sido sustituido por su propio pantano de corrupciones republicano.  Muchos sospechan que el presidente Trump parecía cada vez más desesperado y hasta histérico en la recta final de la elección porque no ignoraba que, si perdía, sin inmunidad, pudiera ser el primer mandatario estadounidense encarcelado al término de su primer período de mandato.

Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020