El arte es un refugio

"La noche estrellada" de Van Gogh

Siempre me ha dado curiosidad saber cómo era la vida de los y las artistas del pasado; de aquellos pintores, escultores, músicos, bailarinas o escritoras que dejaron un hito en la historia de las artes en el mundo y cómo fue que descubrieron esa inclinación, pasión o de dónde sacaron la inspiración para legar grandes obras. Se pudiera pensar que sus caminos estuvieron pavimentados de flores o mariposas, pero no siempre fue así, probablemente fue todo lo contrario.

Tal es el caso del pintor impresionista Vincent Van Gogh, quien, si bien tenía cierta relación con el mundo artístico por sus trabajos en las galerías o la cercanía de familiares dedicados a ser corredores de arte, no se salvó del rechazo como principiante o de tener que experimentar en diversas áreas hasta encontrar su talento y al fin decidirse por la pintura. Errar en ciertas actividades le aclaró el camino para su futuro artístico, aunque no todo fue miel sobre hojuelas para el pintor, su emocionalidad fue un punto clave para su carrera, pero también lo llevó a padecer diversas crisis que agudizaron su estado de salud.

El talento de Van Gogh hoy en día es inconmensurable, si algo no le faltó a este pintor es la pasión y perseverancia, el amor a su arte fue intenso, ya que pintaba asiduamente, la convicción por deslizar el pincel en el lienzo, la creatividad en escenas inspiradas en la naturaleza dejando en sus pinturas su estilo propio transmitiendo sus más íntimas verdades y lo genuino de su ser, es decir, la esencia del pintor, lejos de aquellos bloqueos que trastornaban su mente. Vincent vivía un conflicto a nivel personal, una lucha interna que lo llevó a depresiones profundas y a una serie de crisis emocionales que lo obligaron a internarse en el asilo St. Rémy. Fue durante una de sus crisis que el 23 de diciembre de 1888 se corta la oreja izquierda con una navaja y, posteriormente, en 1889, intenta envenenarse hasta que finalmente, en 1890, en un paseo nocturno se dispara en el pecho.

Siempre he considerado que la emocionalidad nos conecta con el arte, recuerdo haber escrito en una ocasión en unas de mis libretas el asombro de haber descubierto que mis emociones intensas tenían una intención o una función en mi vida, hasta que descubrí en mí la razón de las mismas, fue justamente cuando me di el permiso de poder expresar por escrito lo que llevo dentro.

Así como Vincent deberíamos tener el coraje de encontrar en el arte un refugio, de conectar con la música, pintura, escultura, danza o las letras, descubriendo algo que nos identifique, que pueda reflejar pequeñas pinceladas del alma, que nos haga olvidar al menos por un momento los conflictos internos y desafíos externos. Ya decía Pablo Piccaso que “todos los niños nacen artistas, el problema es cómo seguir siendo artistas al crecer”.

Arline Bojórquez
Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán, diplomada en tanatología y fomento a la lectura. Actualmente estudia la maestría en psicoterapia humanista. Colaboradora del libro "Gesto y espacio: permanencia y arquitectura en Yucatán" (Segey 2015) y autora de la columna Tribu F en el diario Novedades Yucatán. Es creadora del taller Journaling & escritura terapéutica dedicado a mujeres que desean encontrar su voz y compartirla con el mundo. Contacto: arlinebc@hotmail.com/Instagram: arlinebc