Fronteras de humanidad

La división fronteriza cuyo imaginario se construye en las diferencias marca el territorio de dominio de una forma de gobierno que se pretende hegemónica, pero, en la realidad, las prácticas culturales y sociales desdibujan las fronteras del poder y generan amplias geografías de diversidad, una línea divisoria jamás podrá separar una cultura, no logrará poner fin a la historia, las piedras de la ignorancia que sostienen las divisiones se derrumban frente a la dignidad de los pueblos hermanados por la fuerza de la sabiduría, podrán levantarse mil fronteras, pero todas caerán erosionadas por las gotas de la perseverancia humana.

Las fronteras dividen naciones, pero no delimitan identidades, la configuración imaginaria de los seres humanos traspasa cualquier esquema rígido, ya sea de pensamiento o de algún sistema político; los muros pueden ser barreras mentales, pueden impedir físicamente los cruces materiales, mas no logran frenar las ideas, los sentidos ni las identidades; los muros de aire se inflan con discursos de la diferencia, los puentes que cruzan toda frontera se edifican con la colectiva reflexión que moviliza y fortalece la unión de la diversidad.

II

Las fronteras humanas que nos dividen son el racismo, la xenofobia, la misoginia, la soberbia, el orgullo, la pobreza, la violencia de género, la explotación, la discriminación y muchas más, padecemos los seres humanos todos los días a lo largo del mundo alguna o varias de estas expresiones de divisorias del sentimiento, alejamos a la justicia, la igualdad y al amor, parecieran ser connaturales a lo humano el dolor y el odio, pero en realidad son todo lo contrario, pues nadie de nosotros nace pensando en divisiones o exclusiones, nacemos con hambre de conocimiento y necesidad de sentimientos, son los contextos sociales los que determinan la forma en que nos paramos delante de cada una de esas fronteras, que dicho de paso, fueron construidas históricamente por sistemas de dominación, por formas de control e intereses particulares, barreras erigidas para dividir, límites dibujados para separar, espacios de dominación y sujeción, las fronteras dividen más que los colores, las formas y las preferencias.

Los derechos humanos no conocen fronteras, los derechos de la humanidad no conoce división entre naciones. En la mente la frontera es una muralla inmaterial que impide establecer relaciones humanas afectivas, por tanto, hay que implementar ante cada franja la resistencia de la dignidad, ante cada piedra la persistencia de la humanidad.

III

La lógica de competencia nos ha fragmentado y confrontado, miramos al otro como un rival, como un posible competidor, hemos dejado de vernos como seres humanos y permitimos que nos mecanizaran, las expresiones de desprecio hacia cualquier manifestación humana es reflejo de las divisiones imaginarias que se nos han implantado, somos inconscientes en muchos casos de la forma en que los discursos que anteponen fronteras entre nosotros se adentran y los asimilamos, llegando a realizar acciones o tomar actitudes que no concebíamos antes o ni siquiera pensamos hacer, pero que ya están en nuestro interior y se manifiestan ante la primera posibilidad; los discursos violentos tienen efecto en los actos cotidianos, las paredes del dolor son construidas con golpes de inhumanidad, cada ladrillo es un gesto, una palabra o una acción, el simiente es el silencio social, a cada frontera lacerante se hace frente construyendo escaleras de solidaridad, mientras más alta sea la barrera más alta debe ser la voluntad de superar todo aquello que vulnera a la humanidad.

IV

Las fronteras de aire se mantienen mientras dura la ventisca, la dignidad perdura a pesar de la tormenta, persistente la cultura supera todo tipo de afronta, el discurso del odio busca exacerbar las diferencias para generar el rechazo y obligar a renunciar, la práctica cotidiana de la sociedad muestra que las condiciones sociales provocan se reafirmen o desestimen ideas, creencias y saberes, la cultura se transforma, se adapta, se incremente y se redefine, la diversidad es un hecho consustancial a la humanidad que tiene base material en lo concreto de la existencia social. Las fronteras son determinaciones generales-especificas de una historia basada en la exclusión del otro, los discursos de odio pretenden amedrentar y condicionar un imposible, pues no hay forma de poder detener los cambios propios de cada cultura, no existe frontera alguna que evite el contacto y sus apostes, así como tampoco es posible separar con piedras aquello que está unido con sentimientos, las murallas de aire irán cayendo sobre su propio peso, las fronteras de la dignidad se fortalecerán dando lugar al mejoramiento de la humanidad.

Cristóbal León Campos
Cristóbal León Campos es Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Integrante fundador de la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América. Es editor de Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura. Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán, De Peso y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía (SEGEY. 2015), coeditor del libro Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones (SEGEY, 2015), autor de En voz íntima (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».