La belleza del problema; desde la postpandemia enfocado hacia una nueva arquitectura reflexiva

La arquitectura que emergió después de la epidemia de tuberculosis a principios del siglo XX mostró, en gran medida, las oportunidades que representan generar ideas tanto en el diseño como constructivas, a partir de las nuevas necesidades de la sociedad.  Esta arquitectura moderna que surgió casi de manera inmediata después de dicha epidemia (La “ladrona de la juventud”, como le llamaron) consideró, entre otros conceptos, los espacios libres y la relación directa con la luz solar y la ventilación natural como ejes rectores.

Determinados por la época que les tocó vivir; Le Corbusier y Alvar Aalto, entre otros arquitectos, se obsesionaron en combatir la enfermedad desde la disciplina y desarrollaron un nuevo tipo de arquitectura donde el sol, el aire, el espacio exterior y una forma de vida más higiénica eran los determinantes importantes; generando, que quienes podían pagárselo, se refugiaran en sanatorios de espacios arquitectónicos donde tenían acceso a los efectos curativos del sol y el aire libre.

La arquitectura trata realmente sobre bienestar. Creo que la gente quiere sentirse bien en un espacio, por una parte, se trata de refugio pero también se trata de placer

Zaha Hadid

Para las escuelas se crean las aulas al aire libre, conocidas también como escuelas antituberculosos, que fueron una respuesta ante la dispersión de la enfermedad en casi toda Europa durante el siglo XIX y principios del XX.  Lo que las distingue de las demás es la fluencia del aire a través de sus enormes ventanales. Algunas de ellas tenían muros corredizos o carecían de techos, elementos que convertían al aula, casi en un espacio abierto para dar las clases.

Este desarrollo nos permite pronunciar que cada nueva situación requiere una nueva arquitectura, lo que hacemos como arquitectos influye directamente o construye la realidad, y esa realidad se transforma en el imaginario de cada usuario o de cada sociedad, el coronavirus (Sars-Cov 2) evidenció un problema enmarcando una crisis de diseño en la arquitectura, trazando que ya no se resuelven las necesidades de esta sociedad actual; pero las crisis son oportunidades de cambio, y este cambio debe surgir en el planteamiento del problema presentado en esta sociedad actualmente, en la búsqueda de las soluciones.

Dos de los elementos fundamentales del estilo de vida y la cultura de una sociedad dada (Lara Rosano, 1998) son: el conjunto de conocimientos que maneja esa cultura en la solución de los problemas y el conjunto de maneras de hacer cosas para transformar esa realidad y resolver los problemas planteados, de estos conjuntos de saberes surgen la ciencia y la tecnología.

La existencia de un conflicto entre lo que la sociedad desea (o lo que la sociedad necesita, en ciertos momentos) y lo que la sociedad tiene, entre lo real y lo deseable. Este conflicto es lo que constituye un problema y para generar la solución se plantean dos maneras;

  1. Cambiar lo real; mediante acciones que hagan converger lo real hacia lo deseable, este proceso consiste en resolver el problema (la ejecución de las acciones pertinentes para cambiar la realidad; implican un saber hacer que es la tecnología).
  2. Cambiar lo deseado de manera que los deseos se ajusten a las posibilidades reales. Este proceso se llama disolver el problema.

Para el proceso que conlleva a la arquitectura en la solución de problemas, estas dos premisas son aplicables; podemos cambiar lo real cambiando la arquitectura o modificar las necesidades que indican la arquitectura deseada.

Nuestro problema enfocado a la arquitectura a nivel global en estos tiempos es la habitabilidad de los espacios, el refugio y seguridad ante esta nueva manera de vivir, o nueva normalidad.

Para Saldarriaga. Roa (2006): La arquitectura se entiende como la disciplina del hábitat, su obligación debe ser la del bienestar y no la de la degradación de la vida humana, el objeto de la arquitectura debe ser el hábitat del bienestar, a través de reconocimiento y tratamiento de los problemas que lo pueden afectar. El objetivo de la disciplina de la arquitectura debe ser, al menos en teoría, el de aumentar el número de personas en buenas condiciones de habitabilidad, no el del número de habitantes con problemas de habitación.

A pesar de todo lo que se diga, se suponga o se prevea, necesitamos espacios habitables y arquitectura reflexiva de las necesidades de nuestra sociedad actual.

Gonzalo Coral

Habitar es asegurar supervivencia, continuidad y es también una afirmación de la vida y una defensa contra el miedo a la muerte. La habitación es un lugar íntimamente relacionado con la angustia existencial del ser humano, es su alivio. La transformación de habitar en hábitat no es un puro juego de lenguaje. Aun cuando hábitat es un término de reciente aparición en el lenguaje del urbanismo y la arquitectura, y es además prestado de la ecología, ya es de uso común y se refiere a todo aquello que tiene que ver con los asentamientos humanos en la superficie terrestre.

El concepto de habitabilidad y en términos muy generales y a nivel espacial lo establece Saldarriaga (1981): Habitabilidad se refiere al conjunto de condiciones físicas y no físicas del espacio, que permiten la permanencia humana, su supervivencia y en un grado u otro, la gratificación de su existencia.

Actualmente; en algo más que un año, hemos aprendido procesos educativos nuevos, nueva normalidad, a través de una cotidianeidad reciente y si cada vez se está planteando la idea de pasar más tiempo en las viviendas, pero de no encerrarte en las mismas dimensiones espaciales, es necesario cambiar el diseño de estas con una habitabilidad plena, como un hábitat y como una nueva arquitectura. No se trata de sobrevivir sino de adaptarse, reinventarse y evolucionar.

¿Cómo se diseña con estas premisas? ¿Habremos de diseñar y aprender a vivir con el Covid? ¿Pero, será que todo lo que consideramos arquitectura implica ser una mala referencia, o hay quienes tienen la habitabilidad establecida como prioritaria siendo parte de su cotidianeidad? Y entonces: ¿Quién tiene acceso a esta Buena Arquitectura?

…los arquitectos no inventan nada, sólo transforman la realidad

Alvar Siza

De manera particular, el problema son los mecanismos sociales para “la producción de la arquitectura” (llamándole así a la producción masiva de vivienda), si la arquitectura está condicionada por el libre mercado neoliberal, donde la producción mayoritaria de vivienda persigue el negocio lucrativo, donde busca obtener mayor ganancia con menos, es posible que sólo se tenga esta Mala Arquitectura. Ya que no hacen arquitectura, sólo distribuyen espacios, dimensiones y metros cuadrados mínimos. Siguiendo un patrón con el límite más bajo como el Programa Arquitectónico Ideal.

Pero, si la arquitectura se produjera a partir de una autogestión o basándose en la realización de normativa responsable y regulada, que tomara en consideración las necesidades del usuario y su habitabilidad, se tendría una mejor arquitectura para un mayor sector de la población.

Nos queda un camino por recorrer respecto a los nuevos planteamientos teóricos que vendrán en breve, algunos desde la perspectiva sociológica, o psicológica y hacia lo que posiblemente sea una constante en la manera de vivir, pero a pesar de todo lo que se diga, se suponga o se prevea, necesitamos espacios habitables y arquitectura reflexiva de las necesidades de nuestra sociedad actual.

Nadie sobrevive en silencio y este tiempo de encierro nos ha provocado un examen introspectivo, ¿vale la pena vivir de esta manera?

REFERENCIAS:

Lara Rosano F., 1998. Actores y procesos en la Innovación tecnológica, en Tecnología; conceptos, problemas y perspectivas. Siglo XXI Editores. México.

Saldarriaga Roa, A. (1981). Habitabilidad. Bogotá, Colombia: Escala Fondo Editorial.

Saldarriaga Roa, A. (2006). Habitar como fundamento de la disdplina de la Arquitectura.

Revista al Hábitat.

Mercado, S.; Ortega, P.; Estrada, C. y Luna, M. (1995). Habitabilidad de la Vivienda Urbana. México: UNAM.

Gonzalo Coral
Arquitecto y Maestría en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. 2004 y 2010 Profesor de la Facultad de Arquitectura de la UADY de 2011 al 2017, de la Universidad Vizcaya de las América, del Centro Universitario de Valladolid (CUV) y la Universidad de Yucatán (UNY). Arquitecto responsable de los proyectos de Restauración de catorce edificios religiosos patrimoniales en el Estado de México derrumbados por el sismo de 2017. Asesor en dos proyectos sociales de vivienda en comunidades rurales sobre autoconstrucción asistida (en PLANCHAC 2015 Vivienda Popular como unidad doméstica sustentable; Medio ambiente y cultura) y Construcción de vivienda vernácula (en Tahdziú 2005). Y como Investigador asociado en el área de Seguridad en la construcción en los conjuntos de vivienda en serie del proyecto CONAVI – CONACYT clave 236282 y clave SISTPROY UADY 2015001. (2015 – 2016) Arquitecto copartícipe en la reconstrucción de viviendas destruidas por el sismo de 2017 en localidades de Chiapas, coordinando a estudiantes de Arquitectura participantes. Docente de las asignaturas de taller de materiales, Restauración, Taller de Proyectos y Teoría e historia de la arquitectura regional, Diseño Bioclimático, Así como de diversos cursos de materiales y sistemas constructivos, Técnicas de restauración y Autoconstrucción asistida de vivienda. Actualmente investigador sobre eficiencia en el uso de materiales entre los que destacan la madera, la tierra, la piedra y otros materiales naturales, así como la realización de proyectos arquitectónicos de vivienda.