La arquitectura debe ser como los árboles que reciben el sol, el viento y la lluvia...

La ciudad de Mérida, Yucatán, presenta, al igual que Izamal y Valladolid, características muy particulares en su génisis habitacional y urbana.

Jorge Aizenman Stern, director en Arquitectura y Desarrollo Sustentable SC, nos comparte sus cavilaciones en tres lecciones de pandemia

La buena arquitectura construye sociedad, genera sentido de pertenencia, emociones positivas y traza un mejor vivir; una mejora calidad de vida en las personas tanto de manera individual como colectiva, la “buena arquitectura” debe ser para todos.

A pesar de todo lo que se diga, se suponga o se prevea, necesitamos espacios habitables y arquitectura reflexiva de las necesidades de nuestra sociedad actual.

La Arquitectura es un mensaje simbólico y distintivo del pueblo originario que la construye; expresa de manera natural los principios de su concepción, sus condiciones y composición ordenada, generalmente concebida por un orden cosmogónico.

Entramos, ante esta post pandemia, a una etapa de nuevas posibilidades de trabajo igualitario, de problemas de índole mas específico en la resolución de problemas de arquitectura y urbanismo, como los prototipos de vivienda que ya no pertenecen al estereotipo de familia clásica.

¿Existe una relación directa entre arte y arquitectura, o es una interrelación condicionada?

Un elemento de diseño arquitectónico que conlleva un gran poder es la luz; la luz solar, que ha sido olvidado en los últimos tiempos no sólo en la edificación de viviendas sino en la obra pública y social.

Reflexionar sobre los límites y las fronteras es aparente una labor de cada época y acorde a sus condiciones socioeconómicas determinadas, viable en mayor medida en momentos de crisis y cambios, siendo un trabajo irremediablemente cotidiano como el que esta pandemia nos ha expuesto. Un lugar, una interpretación y una fachada como elementos explícitos de la arquitectura que asumimos como seria y efectiva.