Todo comenzó cuando, sin aviso alguno, ni alumnos ni maestros regresamos a las aulas, y comenzamos a inventar cómo enmendar un proceso educativo, ya de por sí parchado y desigual, para terminar el curso escolar; pero eso, a penas fue el principio de lo que venía, que ya se escuchaba, pero se veía muy lejos, casi nadie lo creía, aún hoy, todavía hay quienes no creen a pesar de las evidencias.
Durante estos meses todos hemos perdido algo: la vida de un ser querido, la salud, el trabajo, la movilidad, la libertad, incluso la facilidad de respirar. Lo que antes hacíamos con tanta cotidianeidad, hoy nos jugamos la vida en ello. Al mismo tiempo la pandemia nos ha enfrentado a nosotros mismos, a nuestros espacios, a nuestro silencio, a nuestros demonios, lo que nos lleva a transformarnos, a reinventarnos para no morir en la ansiedad y en la depresión, porque nuestra realidad quizá no nos guste tanto, pero nos habíamos acostumbrado a disfrazarla. Durante estos meses hemos visto salir lo mejor y lo peor del ser humano, vimos compañeros organizándose para donar equipo médico o llevar alimentos a personas de la tercera edad que lo necesitan, y también agresiones con ácido a trabajadores de la salud e incendios de hospitales provocados por miedo e ignorancia.
Junto con las estadísticas de contagios y muertes, a diario hemos visto con tristeza despidos masivos de empresas, cerrar pequeños negocios y ¿La cultura? ¿Quién habla de la cultura? ¿De las industrias culturales, de la economía cultural, de sus espacios? Los teatros están cerrados desde hace cinco meses, los espectáculos programados fueron suspendidos; los músicos, bailarines y actores tampoco tienen trabajo, si antes tenían poco, ahora no hay ni para cuándo. Sin embargo, fueron los artistas los primeros en organizarse, junto con escritores y mediadores de lectura, para crear producciones digitales para el entretenimiento cultural en casa, muchos de estos sin remuneración económica, aunque posteriormente surgieron programas como el de Contigo en la Distancia de la Secretaría de Cultura, Arte en Casa del H. Ayuntamiento de Mérida y otros de la Secretaría de Cultura de Yucatán, así como de otros estados, que fueron agua en el desierto para los creadores, aunque mientras más larga sea esta pandemia, más lastimado estará el sector artístico y cultural de México.
Hoy, nos sumamos con Lectámbulos, en un esfuerzo de abrir un espacio a la libre expresión de las ideas, a la solidaridad y fraternidad, usando como puente la palabra en un momento en que necesitamos estrecharnos las manos, dejar de competir unos con otros, sino hermanarnos en la búsqueda de un bien común, porque mientras nos quede tiempo tenemos que seguir creando, para seguir respirando, para seguir resistiendo.










Que la cultura no muera! En tiempos de confinamiento se vuelve más demandante contar con espacios que permitan liberar la mente del estrés y las malas noticias.