Poesía La muñeca rusa de Erika Torres

Imagen: Eleonor Duse por Ilya Repin

Una mujer se desploma en si misma
en cinco cantos,
renueva su rostro y estatura,
recoge las piezas perdidas
dejando la historia en sí,
y se ofrenda a la luz, al rocío y al tiempo.

Canto I

Comencé a escribirme entre los sepulcros de tu vientre
y como tantas veces el vacío me acompañaba.
Era uno el rostro de la madre y uno el de la abuela.
Pero cabían bien acomodados en el samovar.
Ahí remojados se constipaban creando burbujas.
Así navegaban, como dos boyas en el mar,
como dos siniestros avisos de ahogados.
 
Todos las habían visto alguna vez por lo menos
y cada gota de sangre que corría por sus rostros,
creaba una marea roja.
 
Para evitar el llanto de sangre,
cada año se creaba un festival en su entorno.
Las constantes muecas de las caras flotantes adivinaban abismos interiores.
 
Las lenguas eran perfectas como pasaje de entrada.
Entrada que era salida, que era entrada y salida del samovar azucarado sobre la mesa.
 
Una vida se revelaba en las dos damas sentadas a la mesa redonda.
Dos comidas y un plato libre se apoyaban en el mantel bordado de nenúfares,
como visitando una ocasión especial.
 
Todos los muertos habían huido para cuando se hizo de noche
y algunos insectos tomaban sus sitios
cantando con su interminable respirar,
presunción de vida y muerte, barcaza del abismo comunal…
El Volga se quiebra en los ojos de la madre y la abuela.
La madre y la abuela como refrán,
constante repetición,
coro de vida, estrofa inmortal.
 
¿Alguna vez te cantaron un vals para dormirte?
Es así como las moscas devienen dioses
y los sepulcros valles aromáticos.
Es ahí donde los críos de los muertos comparten el pan y el suicidio.
Es ahí donde las ratas se despellejan sin darse cuenta…
 
Es un sueño, el mundo,
donde las gaviotas vomitan pergaminos de dulzura
y quiebran sus alas al volar.
 

Canto II

Caminas
y hay vuelos que se desprenden de ti.
El sol cuela tu sombra en la ciudad
mientras los edificios van descendiendo.
Caminas, y caminas gigante.
 
Es un mar, la ciudad
con bajos de arena y días soleados.
Te hundes y nadas,
pisas y apareces…
Intentando atravesar un océano que siempre has nadado a ciegas.

Canto III

Un ojo divaga junto al otro que cree estar fijo,
es el más grande, el más abierto.
Mientras su mirada busca,
su rostro describe un paisaje incierto.
 
Tengo un ojo grande y otro pequeño.
Aquél que mira el mundo es el señuelo,
y el que mira las almas es el verdadero.
Mientras mas lo miro mas lo siento.
 
Mi ojo grande y abierto
busca nuevas sendas en el tiempo,
busca nuevas citas con los viejos,
busca un alma extinta de su cuerpo,
busca el canto de su voz perdida y
busca el tacto dulce de sus manos tibias.
 
Por las noches mi ojo grande canta,
mientras el ojo chico escucha y suspira.
 
Ojo camaleón, hilo de plata,
espejo del susto,
ojo de venado,
huracán desierto,
ojo espejo,
nido de avispas,
paisaje del monte,
corazón sediento…
Ya no mas desiertos,
monte,
monte colorado,
agua brotando del cielo,
canto de coyote,
yuya cuello largo…
Solo veo,
solo creo,
viento de noche,
campo y desierto.
Quemas de siento,
yeguas corren,
quema,
quema el alma,
quema,
escalofrío,
espejo,
luz,
vacío.
 
Eso canta mi ojo furioso.

 Canto IV

Esto reza mi ojo sujeto:
 
Veo y lo que veo lo trastoco.
Veo y el proceso revela mis actos.
Veo que a mis manos se les escapan mundos,
mundos que no conozco y no acepto.
Veo que aceptar es conocerse.
Veo que conocerse es poder verse.
Veo.
 
Veo y lo que veo está vivo.
Veo y lo que vi ya no es más.
Veo que lo que vi crece sin mí.
Veo que estoy para ver.
Veo que quiero regresar a lo que vi:
 
Vi que veía y quería ver de nuevo.
Veo que estoy ciego de lo que ahora veo.
Veo que vi y que no veo.
Veo que no veo lo que veo, sino lo que vi.
Veo que no vi y que no veo.
Veo que veo que trastoca lo que vi, lo que veo.
 
Veo que veo y no veo lo otro.
Veo que hay otras cosas que ver…
Veo que ver es así.
Veo que si veo es porque quiero ver.
Veo que también se puede ver, o no.
 
Veo que lo que he visto es menos de lo que se está por ver.
 
Veo que he visto lo que he podido.
Veo lo que se ha dejado ver.
Veo que quiero seguir viendo.
Veo que cae la noche.
Veo que ya es de día y aun veo.
 

 Canto V

Todos los hombres tenemos un valle…
Para destruir.
 
Todos hemos experimentado vivir en una selva que muere con uno.
 
Cuando el canto es de ballena,
el silencio es de universo
y cada una de las estrellas se reúnen
en la colilla aun prendida,
casi ceniza del ayer,
casi campo de carbón para la hormiga.

Erika Torres
Actriz, bailarina, coreógrafa, diseñadora de vestuario e iluminación, fotógrafa escénica, docente y escritora. Ha desarrollado su trabajo en México, Costa Rica, Estados Unidos y Europa. En 2000 recibe la Medalla al Mérito Artístico otorgada por el Gobierno de Yucatán. Su trabajo aborda el estudio de la naturaleza del pensamiento caótico y su expresión en el habla, la escritura y la escena; la relación entre sonido y movimiento, simbiosis e independencia en el discurso escénico, especializada en interdisciplina. Ha dirigido más de 30 producciones coreográficas con las que ha recibido becas para estudios en el extranjero por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaría de Relaciones Exteriores, becas nacionales otorgadas por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el Premio del Público y dos veces premiada como mejor bailarina en el Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López. Representó a México en el Festival Internacional de Coreógrafos de Costa Rica y en la inauguración de Les Bains Connective Art Factory de Bruselas. Sus coreografías son producciones realizadas para el Festival de Arte Contemporáneo de León, Guanajuato, el Festival Internacional Cervantino, el Festival Internacional Música y Escena, el Foro de Música Nueva Manuel Enríquez y el Festival Eduardo Mata. Es directora de teatro para cuatro producciones de las siguientes instituciones y programas: el Centro Nacional de las Artes, el Teatro de la Ciudad, el Festival Internacional Cervantino y el Programa Nacional de Teatro Escolar. En ópera, ha trabajado en dos producciones con el Estudio de Opera de Bellas Artes para el Festival Internacional Cervantino y ha sido coreógrafa de óperas del compositor mexicano Víctor Rasgado desde el 2009. Actualmente trabaja con la Compañía Nacional de Ópera desde 2019 y en producciones de ópera del Teatro del Bicentenario desde 2012.