El pasado miércoles 8 de octubre fue dado a conocer el Premio Nobel de Literatura 2020, que esta vez es para la poeta estadounidense Louise Elisabeth Glück, cuya obra ha sido traducida al español por la editorial Pre-Textos.
Sin embargo, su nombre, como su obra, no suena tan familiar para muchos lectores de habla hispana como hubiéramos querido, más que para un número reducido afines a la autora, lo que nos hace preguntarnos ¿Quién es Louise Elisabeth Glück? ¿Cuál es su obra? ¿Por qué a ella?
Así que empecemos, pues, por el principio.
Glück nació en la ciudad de Nueva York y creció en Long Island. En 1993, ganó el Premio Pulitzer de poesía por su poemario El Iris Salvaje. Ha recibido también el National Book Critics Circle Award por La victoria de la Aquiles, el Premio de la Academia Americana de Poetas por El Primogénito, así como numerosas becas Guggenheim.
En este momento vive en Cambridge, Massachusetts, y desarrolla actividades de docencia en el departamento de lengua inglesa del Williams College en Williamstown, Massachusetts y es profesora de la Universidad de Yale.
Es autora de once libros de poesía, entre los que se incluye Averno, Los siete años, Vita Nova, por el que fue galardonada con el Premio de Poesía de The New Yorker; Meadowlands, El iris salvaje, que recibió el Premio Pulitzer de poesía y el Premio William Carlos Williams de la Poetry Society of America, Ararat que recibió el Premio Nacional de poesía Rebekah Johnson Bobbit; y La Victoria de Aquiles que recibió, entre otros, el National Book Critics Circle Award. Los primeros cuatro libros es una compilación de su poesía temprana.
Como ensayista Louise Elisabeth Glück ha publicado, Proofs and Theories: Essays on Poetry (1994) que ganó el PEN Martha Albrand Award for Nonfiction.
En 2001 la Universidad de Yale concedió a Louise Glück su Bollingen Prize premio de poesía que concede de forma bienal a un poeta destacado por su obra.
Si bien, es una poeta multipremiada y una académica reconocida, Louise Elisabeth Glück no es una de escritora de masas, como bien señalan sus traductores al ser abordados en las últimas horas a razón del Nobel —en realidad casi ningún poeta actual lo es—, pero celebran la decisión de dárselo por su calidad poética y porque en lo que va del siglo XXI sólo un poeta ha sido galardonado por la academia sueca.
En cuanto a la obra, Abraham Gragera, uno de sus traductores, comenta en una entrevista para el diario El Confidencial [1], “sigue la línea de la tradición confesional americana, pero interpretada de forma muy particular, con un lenguaje muy sencillo, despojado, austero. Pone trampas al traductor, ya que su poesía está llena de sutilezas, giros, significados abiertos con los que tienes que trabajar durante meses hasta que encuentras las claves”, y Adrán Vietez dice que Glück “tiene una trayectoria muy ecléctica, con una búsqueda lingüística en la tradición de Emily Dickinson. Trata de expresar con el mayor ejercicio de contención”.
“No hay —nada característico— porque mis libros son muy distintos el uno del otro. Sugeriría no leer mi primer libro a menos que se quieran sentir repulsión, pero todo después de eso tiene mucho de interesante. Me gusta mi trabajo reciente. Diría que Averno podría ser un buen lugar para empezar o mi último libro, Faithful and virtuous night”
Louise Elisabeth Glück
Y efectivamente, cuando leemos a Luise Glück, vemos una poeta de lenguaje sencillo sin rebuscamientos ni complicaciones, que nos habla de un mundo y vida de hoy. Con referencias mitológicas griegas, pero de un presente vivo con las preocupaciones y lamentaciones, y sueños también vigentes.
Sin embargo, como para entender y conocer a un poeta no hay mejor forma que leerlo, aquí les comparto cinco de sus poemas, para comenzar a adentrarnos a la obra de Louise Elisabeth Glück.
Madre e hijo
| Todos somos soñadores; ninguno sabe quién es. Alguna máquina nos hizo; la máquina del mundo, la familia que restringe. Después, de vuelta al mundo, pulidos por suaves látigos. Soñamos; no recordamos. La máquina de la familia: pelaje oscuro, selvas del cuerpo de la madre. La máquina de la madre: blanca ciudad dentro de ella. Y antes de eso: tierra y aire. Musgo entre las piedras, briznas de hojas y de hierba. Y antes, células en una gran oscuridad. Y antes de eso, el mundo tras un velo. Para esto naciste: para silenciarme. Células de mi madre y de mi padre, llegó el momento de ser fundamentales, de ser la obra maestra. Yo improvisé, nunca recordé. Ahora es tu turno de entrar en acción; tú eres el que pide saber: ¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante? Células en una gran oscuridad. Alguna máquina nos hizo; es tu turno ahora de exigirle, de volver a preguntarle: ¿para qué existo? ¿Para qué existo? |
Puesta de sol
| En el mismo instante en que se pone el sol, un granjero quema hojas secas. No es nada, este fuego. Es cosa pequeña, controlada, como una familia gobernada por un dictador. Aun así, cuando arde, el granjero desaparece; es invisible desde el camino. Comparados con el sol, aquí todos los fuegos son breves, cosa de aficionados; se acaban cuando se consumen las hojas. Entonces reaparece el granjero, rastrillando cenizas. Pero la muerte es real. Como si el sol hubiera terminado lo que vino a hacer, hubiera hecho crecer el campo y entonces hubiera inspirado la quema de la tierra. Así que ahora puede ponerse. |
La canción de Penélope
| Pequeña alma, siempre desvestida, haz esto que te ordeno, trepa por los estantes de las ramas del abeto; aguarda en la copa, atenta, como un centinela o un vigía. Pronto llegará a casa; te corresponde a ti ser generosa. Tampoco tú has sido del todo perfecta; con tu problemático cuerpo has hecho cosas de las que no deberías hablar en los poemas. Así que llámalo a través del mar abierto, del mar resplandeciente con tu canción oscura, con tu avariciosa, forzada canción: apasionada, como María Callas. ¿Quién no te desearía? ¿A qué apetito demoniaco no corresponderías? Pronto regresará de allí por donde transcurra su viaje, bronceado por el tiempo fuera de casa, reclamando su pollo asado. Ah, tendrás que darle la bienvenida, tendrás que sacudir las ramas del árbol para captar su atención, pero con cuidado, con cuidado, no sea que desfiguren su hermoso rostro demasiadas agujas al caer. |
Antes de la tormenta
| Habrá lluvia mañana, pero esta noche el cielo está despejado, brillan las estrellas. Aun así, se acerca la lluvia, quizás suficiente para ahogar las semillas. Hay un viento que empuja a las nubes desde el mar; antes de verlas, sientes el viento. Mejor miras los campos ahora, observa cómo se ven antes de que se inunden. Luna llena. Ayer, una oveja escapó al bosque, y no cualquier oveja: el carnero, el futuro entero. Si lo vemos de nuevo, veremos sus huesos. La hierba se estremece un poco; tal vez el viento pasa a través de ella. Y las nuevas hojas de los olivos tiemblan del mismo modo. Ratones en los campos. Donde cace el zorro, habrá sangre mañana en la hierba. Pero la tormenta, la tormenta la lavará. En una ventana, hay un chico sentado. Lo mandaron a dormir, en su opinión, demasiado temprano. Así que se sienta junto a la ventana; ahora todo está resuelto. Donde estés es donde dormirás, donde despertarás la mañana siguiente. |
Un mito sobre la inocencia
| Un verano sale al campo, como de costumbre, se para un momento en el estanque donde suele mirarse para ver si detecta algún cambio. Ve a la misma persona, la túnica horrible de su condición de hija aún sobre sus hombros. En el agua el sol parece estar al lado. Ella piensa: Otra vez mi tío que me espía. Todo en la naturaleza es, de algún modo, su pariente. Piensa: Nunca estoy sola y hace del pensamiento una plegaria. La muerte viene así, como respuesta a una plegaria. Nadie puede ya entender lo hermoso que él era. Perséfone sí lo recuerda, y que él la abrazaba allí, delante de su tío. Recuerda el reflejo del sol en sus brazos desnudos. Eso es lo último que recuerda claramente. Después el dios oscuro se la llevó. Recuerda también, de un modo menos claro, la terrible intuición de que ya jamás podría vivir sin él. |
Referencia: [1] https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-10-08/louise-gluck-traductores_2781432/









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