Una orquídea interior

Una mente quieta, silente, apacible y compasiva es como una flor única y maravillosamente olorosa.

Calle, R. (2014) El punto de quietud

¿Cuál es tu fobia? Decía el papel que elegí de entre todos los que estaban doblados dentro de la pecera.

ما هو رهابك؟

Me inventé una tontería sobre la parálisis que me produce la inactividad. Un intento de explicar mi incapacidad para estar en quietud. No pretendía jactarme de mi cronopatía; de hecho, ahora que reflexiono, sí que estaba hablando de un miedo terrible a no soportar el silencio, la idea de no alcanzar la quietud, mi paz interior. Mis palabras se divulgaron en la televisión egipcia: me da miedo la inactividad (hay que leer esto remedando a un señor pedante).

Ni tarántulas, ni serpientes, cucarachas o ratones. Te da miedo la inactividad. Vete a la mierda, tío. O sea, te atribula lo que piensas, vaya un drama. Te estresa no tener tiempo (a veces ni siquiera ganas) para poner en pie todas tus ideas, dando por hecho que todas tus ideas merecen ser ejecutadas. Cabalgas sobre tus pensamientos cual jinete atravesado por siete balas, con un pie atado al caballo indómito. Y esa junta de tu bota y el estribo es lo único que te sujeta. Que te lleve a donde sea, pero que no se detenga este animal salvaje.

Óleo de @albertosanchezleache

¿Ese es tu miedo? Esa mente, tigre que atenaza tu pierna entre sus fauces. La misma mente con la que fabricas los hilos tensores que brotan de tu espalda y te conectan con todo aquello que existe detrás, lo que la gente no suele ver. Tu mente, mono ebrio y loco que desordena tus planes, se caga en ellos y se ríe. En tu lucha por salir del laberinto, abres con tus manos las fauces del tigre, y tus heridas cicatrizan al instante. ¿Por qué quieres destruirme? Preguntas a tu mente.  Y coges al mono por la cola y lo revientas contra la pared. Te voy a domesticar, mente hija de puta. Y el elefante furioso que es tu mente te azota con su trompa contra el suelo. Y se sienta sobre ti, y te vence.

Y otra voz, que es también parte de tu mente (ergo, tú mismo), te responde:

No hay nada que domesticar aquí. Simplemente observa al tigre, al mono y al elefante, sentados frente a ti, mansos y vivos. Mira la lengua felina gotear saliva; el casi imperceptible bamboleo del paquidermo; y al primate de ojos superlativos, esperando todos tu orden. No, órdenes no, pues nada hay que domesticar aquí. Simplemente observa. Todos ellos son tu mente. Y este conjuro también.

Me desnudo con facilidad. Eso se lo debo a las playas nudistas de Barcelona. Fue un aprendizaje progresivo. Y es uno de mis mayores placeres en verano. No hay que pagar por ello. Me reconcilia con mi cuerpo, y me aleja de la doble moral mexicana respecto al pudor por la desnudez. Después de años de ver a la gente bañarse con pantalones vaqueros en las playas de Cancún, “por pudor”. Esa misma gente que colecciona novelitas pornográficas con títulos picantes: Los maestros y las chalanas, Así soy… ¿y qué?, Sensacional de barrios, Chafiretes, Chambeadoras… Pudor… vete a la mierda, tío.

Dibuo de @_se_busca_psicoanalista

Me desnudo y me quedo quieto. La pose dura cuatro horas. Cada veinte minutos paramos todos, quienes dibujan y pintan, el profesor y el modelo. Descansamos cinco minutos. Quienes dibujan y pintan escuchan consejos, correcciones, trucos y, sobre todo, técnica. Confía en el sistema, dice el profesor a un pupilo. No en nuestro sistema, ¡a ese, ni agua!, me refiero al sistema del dibujo. Yo me estiro, miro el móvil, bebo agua, voy al baño. Y cuando el cronómetro suena, cada quien vuelve a su puesto. Quienes miran y ejecutan, a los caballetes, el cuerpo desnudo al podio, bajo la luz.

A veces me veo. Y estoy tanto tiempo mirando mi reflejo en los cristales que protegen las obras del Estudio Nigredo, que me desfiguro. Apenas parpadeo, soy una estatua de carne, un menhir. De tanto mirar mi pecho y la sombra que lo separa de mi rostro, mi cara se vuelve un sol y mi clavícula las pirámides de Guiza. Quizá ponga cara de loco con esta mirada que ve pasar formas inauditas en el reflejo. Voy y vengo de Egipto, el papelito con la pregunta ¿cuál es tu fobia? Y ahora, que estoy desnudo y vulnerable, que estos extraños asoman la cabeza como suricatas detrás de sus lienzos, mi fobia es cagarme encima. Volverme un montón de mierda, una instalación de caca en el podio. Desaparecer entre los excrementos que salen de mí y en los que me convierto. Esta imagen irracional, escatológica, fantasía de coprofílico, chiste de viñeta absurda… me domina. La idea fulminante me doblega. Escucho el movimiento de mis intestinos y no sé si lo escucho o me lo invento. Y me cago encima, y desaparezco entre las heces. Y sigo limpio, con mi piel morena que brilla bajo el foco porque nada de esto ocurre. Es mi mente intentando destruirme. Son el mono, el elefante y el tigre bailando sobre mi cadáver, pisoteando mis restos.

Y cancelo todo en el instante.

Dibujo de @zelotep

Cancelo.

Lo digo por dentro, claro está. Lo que le faltaba a estas personas que me miran y me dibujan es que, de la nada, el cuerpo desnudo dijese en voz alta: cancelo.

Y es que ellos no saben las películas que estoy viviendo aquí de pie, en silencio. Me he tatuado el cuerpo entero. He borrado los tatuajes. He visionado 15 minutos de un film más de 20 veces. Esta memoria me permite hacer reconstrucciones fieles de las cosas. Y así me entretengo. Dialogando a veces, peleando otras. Casi siempre gano en las discusiones imaginarias. Me vengo entrenando desde pequeño. Ensayando la violencia y la catástrofe.

—Pareces un elefante— me dijo mi padre una vez. —No dejas de moverte, no puedes estar quieto.

Había cierta ternura en sus palabras. Sí que fui un niño incapaz de estar quieto, balanceaba mi peso de una pierna a otra todo el tiempo. Me llamó elefante una vez, cincelando en mi cabeza esa idea. Cuando no sabía cancelar mis pensamientos, me perseguían las cosas, los nombres, las palabras. Tienes cara y cuerpo de dinosaurio, me escribió en la espalda un compañero de bachillerato (un hijueputa burgués drogadicto), durante una clase de nosequé asignatura.

Cancelo. Cancelo. Cancelo.

Vuelvo a la pose y me concentro en esa flor, una orquídea interior que me acompaña. La flor permanece intacta, en el gozo y la hecatombe, a salvo en su belleza frágil. Ese es el conjuro que estoy practicando. Lo de domar a las fieras siempre acaba en matanza. Dice un maestro del yoga que todos llevamos una flor dentro. Que es menester mirarla y cuidarla, siempre. Pase lo que pase –llueva, truene o relampaguee— hay que volver a la orquídea interior.

Nota: Las imágenes de dibujos y óleo fueron tomadas durante el proceso creativo de los alumnos de Diego Catalán en Estudio Nigredo.

Artista binacional (México-España) residente en Madrid. Actor, director, escritor y pedagogo teatral. Licenciado en Arte Dramático con Especialidad en Interpretación Textual por la ESAD Sevilla (España) y Licenciado en Educación Secundaria con Especialidad en Inglés por la ENSY de Mérida (México). Su obra teatral como actor, director y pedagogo se ha desarrollado en España, México, Alemania, Italia, Egipto, Rumania y Bangladesh, tanto en producciones locales como festivales internacionales. En 2011 crea Ekkyklema Teatro, sello bajo el cual escribe, dirige e interpreta un teatro que investiga la transversalidad de lo narrativo y lo escénico: Macario, muerto de hambre, Monstruo, Acullá. Más allá de aquí y Czech dream son algunos ejemplos. Su carrera como actor de cine y televisión incluye las series Malviviendo, Flaman, Valeria, Intimidad, Las pelotaris, Silent witness, Ella es tu padre; y largometrajes como Obra 67, La flor de lis y Els nens salvatges. @ricardo_mena_rosado / www.ricardomenarosado.com