Aportaciones a la Cultura de Paz: literatura y promoción de salud para la niñez

Las creaciones literarias, entendidas como representaciones sociales, constituyen un vehículo para modelar nuestra percepción de la realidad y, sobre todo, una instancia de acceso a la creación y difusión de narrativas que pudieran transformar ciertas áreas de la vida cotidiana, como tradiciones, hábitos y formas de relacionarnos. Por ello, es común que algunos medios de promoción en materia de salud y bienestar recurran a este tipo de manifestaciones artísticas,  mediante la adecuación del lenguaje estético a la necesidad de comunicar un mensaje accesible.

De la amplia gama de recursos y fuentes literarias de nuestro estado, encontramos que la oralidad ha nutrido desde el siglo XIX un género que conocemos como ‘bomba yucateca’. Al respecto, José Íñiguez Narváez, nos dice que <<es un cuarteto de octosílabos, tradicionalmente rimado y de carácter pícaro o jocoso, que por lo regular alude a un suceso o sirve como piropo del bailador a su pareja, en la ejecución de la jarana […]>>[1].

La Educación para la Paz, desde luego, no se limita a la población infantil. Una parte importante de los cambios sociales está inmersa en el campo de los Derechos Humanos y las Leyes que tipifican y evidencian delitos en contra de la dignidad, el bienestar y la salud

La ‘bomba’ es un caso notorio de cómo la oralidad ha modelado la manera en que una pareja de jaraneros establece diálogos que, si bien amenizan el baile, de igual modo, en tanto representaciones sociales de la realidad, nos dictan lo que está permitido decirse y en qué momento, bajo su aspecto prescriptivo[2]. Por su estructura accesible a cualquier improvisador, circulan desde que tenemos memoria y, sin notarlo quizá, modelan nuestra idea del mundo, lo que significa ser yucateco, y, sobre todo, la manera en que perpetuamos ciertas formas de cortejo en el marco festivo del baile regional.

Esta expresión literaria también se caracteriza por emplear regionalismos, así como términos en maya, con lo cual se afianza la peculiaridad lingüística que nos identifica. Siendo de gran popularidad, constituye un recurso efectivo para la enseñanza de valores, por lo que algunos docentes han llegado a reunir decenas de estrofas de su autoría para dirigir amenamente algún mensaje más o menos apegado a la tradición, a través de folletos. Se conocen las estrofas de la profesora Manuelita Pavía Viana, quien nos informa que las ‘bombas’ surgen del ingenio de los jaraneros, al detener el paso y entablar la conversación rimada con su pareja de baile. Uno de sus textos alude precisamente al comienzo de esta actividad tradicional: <<La charanga de la esquina/ anuncia linda jarana/ y el salón ya se ilumina/ esperándote, paisana>>[3].

Sin duda, este ejemplo es un modelo de interacción que refresca o enaltece los conocidos repertorios, ya que, si bien la tradición oral en las ‘bombas’ da importancia al galanteo, este va desde: <<Quisiera ser zapatito/ de tu diminuto pie,/ para ver de vez en cuando/ lo que el zapatito ve.>> hasta <<Quisiera ser el mecate/ de tu leña, mi tesoro,/ para tenerte amarrada/ y decirte que te adoro.>>[4], con lo que estos discursos, leídos a la ligera, es decir, en el marco de una representación social fuertemente establecida, parecieran no afectar el decoro de la mujer ni la sana convivencia. De manera que las aportaciones de docentes y promotores de salud marcan un cambio en este sentido.

Al respecto, dentro de esta oralidad mediada por objetivos afines, se encuentra un cuadernillo que nos parece valioso por diversas razones: Chavo Bombas ¡para niños y no tan niños![5], el cual es producto del Programa Preventivo de los Centros de Integración Juvenil, A.C. y el Patronato “Por un Yucatán sin adicciones”, y cuya autoría corresponde a Saúl Solís García. En esta publicación de 5000 ejemplares, la estructura del verso que sostiene a la tradición oral funciona ahora como herramienta para impulsar hábitos de vida saludables y sana convivencia en las aulas.

La iniciativa es ocasión para realizar un contraste en materia de contenidos, pues algunos de los versos de esta publicación permiten ampliar la mirada respecto a lo tradicional que hemos citado, ya que nos aproximan a otras actitudes, intenciones, roles, que en nuestra opinión cumplen ampliamente con la finalidad explícita del proyecto. Extraemos una muestra de las poco más de 100 que integran el cuadernillo, y en las que podemos notar, entre otras diferencias con respecto a la tradición, algunas representaciones que buscan modelar acciones, conocimientos, sentimientos, y el trato entre las personas, particularmente entre las menores de edad.

La niña dice: <<Mi abuelita me contaba/ que en sus tiempos de escuela/ ella no sólo estudiaba,/ también tejía y bordaba.>> y el niño responde: <<Anda, dile a tu chichí/ que me enseñe a bordar/ para que te haga un hipil/ y vayamos a bailar>>.

El niño dice: <<Cuando te subiste al camión/ se te cayó el zapato,/ lo recogí con emoción/ y te lo devolví de inmediato.>> La niña responde: <<Muchas gracias, chiquito,/ es usted un caballero,/ si perdía mi zapato/ me lastimaba los dedos.>>

El niño dice: <<No me gustan los problemas/ pero me están provocando/ y si siguen molestando/ terminaré contestando.>> La niña responde: <<No hagas eso, chiquitito,/ solo empeoras las cosas,/ lo mejor es acusarlos/ y así te quitas de broncas.>>

El niño dice: <<Hoy hablamos de respeto/ a la hora de almorzar,/ y yo estuve muy atento/ porque quiero mejorar.>> La niña responde: <<El respeto es importante/ si queremos progresar,/ es algo determinante/ para vivir en sociedad.>>

La niña dice: <<Oye, ven acá, chiquito,/ tú hueles a cenicero,/ se me hace que andas fumando/ y yo así no te quiero.>> El niño responde: <<Si yo no ando fumando,/ pasé junto a esos señores,/ mejor me voy alejando/ de esos malos olores.>>

El niño dice: <<Dime mi boxita chula/ si estás enamorada,/ porque yo a ti, chulada/ te veo muy alborotada.>> La niña responde: <<Claro que estoy alborotada,/ saqué buenas calificaciones,/ mejor que estar enamorada/ es recibir felicitaciones.>>

El niño dice: <<Se acabaron las clases/ ahora te voy a extrañar,/ todo lo que me enseñaste/ en mi alma lo voy a guardar.>> La niña responde: <<Yo no te enseñé mucho/ más bien aprendí contigo/ que cuando somos sinceros/ hacemos buenos amigos.>>

Sin duda, estas expresiones literarias, al modelar conductas y valores inéditos en la oralidad, abren la posibilidad de generar paz en la cultura, aun cuando ello implique erigirse en medio de contextos violentos naturalizados, por lo que, propiciar la paz de forma sistémica requiere abarcar todos los ámbitos de la vida cultural y el sistema social, y nada mejor que incluir a la niñez para lograrlo a mediano o corto plazo. En efecto, para que la Cultura de Paz sea una realidad en la vida cotidiana de los ciudadanos, se considera de suma importancia la Educación para la paz, ya que es más fructífero educar desde la infancia que modificar cosmovisiones menos dispuestas a desaprender o reeducarse.

La Educación para la Paz es definida como <<un proceso educativo, dinámico, continuo y permanente, fundamentado en los conceptos de paz positiva y en la perspectiva creativa del conflicto, como elementos significantes y definidores, y que, a través de la aplicación de enfoques socioafectivos y problematizantes, pretende desarrollar un nuevo tipo de cultura, la cultura de la paz, que ayude a las personas a desvelar críticamente la realidad para poder situarse ante ella y actuar en consecuencia>>[6].

La Educación para la Paz, desde luego, no se limita a la población infantil. Una parte importante de los cambios sociales está inmersa en el campo de los Derechos Humanos y las Leyes que tipifican y evidencian delitos en contra de la dignidad, el bienestar y la salud. El trabajo en favor de la paz es urgente y resulta alentador que a los niños se les transmitan principios de sana convivencia en el aula, recurriendo a la literatura como vehículo discursivo, pero lo deseable es que este modelo impacte en la vida de la comunidad educativa, y para lograrlo es fundamental generar procesos que garanticen el involucramiento de todos los agentes de cambio social en la Cultura de Paz.

Lourdes Cabrera Ruiz
Lourdes Cabrera Ruiz es Presidente de Club Cultiva Mente, A.C., miembro fundador de la Red Literaria del Sureste México-Nuestra América, docente, coordinadora de talleres literarios en contextos educativos, sociales y culturales. Contacto: ccultivamente@gmail.com