Arquitectura, Arte y cultura: caos que entablan conceptos entre las emociones y la expresión del pensamiento

A finales de los años ochenta del siglo pasado, comenzaron a realizarse tanto los primeros conceptos y proyectos arquitectónicos con alusión formal hacia las teorías científicas desde el caos hasta la realidad virtual, digital e informática, en donde las formas proporcionadas por estas ideas y esta tecnología digital concurran en geometrías complejas, matemáticas y paramétricas.

El arte a su vez que dignifica la cultura exaltándola al límite de lo apreciativo sea por su belleza o significado, tanto en lo personal emotivo como en la construcción de lo colectivo social, refleja nuestra época, nuestros modelos de pensamientos y formas de vida, somos animales racionales de percepción y abstracción. Comenzamos representando pinturas rupestres, movimientos corporales y sonidos guturales junto a una fogata como representación abstracta de una realidad que posteriormente y en nuestra actualidad consideramos arte.

¿Existe una relación directa entre arte y arquitectura, o es una interrelación condicionada? Debemos discurrir qué porcentaje de creación artística tiene el arquitecto de enfoque o cabida o son sólo formas del pensamiento, y sobre qué consideraciones de sus propuestas emergen desde la abstracción de la realidad y como arte al mismo tiempo. Desde los griegos la razón, la filosofía y el arte se asumen como directrices para enfrentar el caos; concepto que emergerá como el principio ordenador de nuestros tiempos.

Abstraer según Arnheim: (2000) significa descubrir los elementos sensoriales decisivos dentro de una situación problemática, surge también por comparación con otras situaciones apropiadamente similares y diferentes, se torna en enriquecer el estado de las cosas mediante la incorporación de elementos antes ignorados y simplificarlos a través de la restricción de la observación de las pocas características que interesan.

En la percepción de la arquitectura y obras de arte se producen perturbaciones caóticas cuando los espectadores, e incluso los usuarios y observadores no pueden detectar ningún funcionamiento intrínseco en la composición, esto ocurre al no ser capaces de percibir un orden comprensible y abstracto; así sus sentidos redundan en busca de algo real, actual y conocido sobre lo cual sostenerse. Esto da pie al surgimiento de las analogías formales propias y colectivas.

Como arquitectos; se nos permite sentir como artista y pensar como un científico, reflexionar como filósofo y analizar como psicólogo, teniendo un bagaje experto de artesano que necesita el conocer y saber hacer de muchas cosas, pero para concebir la idea principal desde este totum revolutum es esencial la fase conceptual de un proyecto arquitectónico o artístico; este imprimirá la diferencia entre los diversos diseños surgidos al mismo tiempo. El concepto es equivalente al alma de la obra.

En nuestro campo laboral se presta mucho diferenciar lo que es arquitectura de lo que es una edificación o construcción; basados en criterios estéticos y de calidad formal siendo una manera sutil de diferenciar la que se considera arte de la que no.

Actualmente las academias de arquitectura contemporánea le han dado la espalda o han fraccionado su relación con la arquitectura como arte, cuando la historia de la arquitectura eran conocimientos generados por historiadores del arte hasta antes del siglo XVII.  El arquitecto a diferencia de un artista tiene o tendría la capacidad de entender el espacio y el vacío, las cualidades de las tres dimensiones y su valor estético, esto se inculca en nuestra formación profesional desde la Universidad que dicta que la arquitectura es un arte, y tiene detrás un gran contenido; se define como el arte de proyectar.

… la manipulación conceptual agranda y enriquece los hechos y al final los vuelve a simplificar

Ernst Match

Como mencionaba Jencks (1997), la arquitectura para ser verdadera y congruente con el espíritu de la vida contemporánea y sus formas de arte, debería explorar nuevos leguajes arquitectónicos que reflejen los nuevos paradigmas del pensamiento. Para nuestra realidad actual serían los modelos geométricos complejos, matemáticos y paramétricos inmersos en la virtualidad.

Esta ciencia pragmática corresponde a una nueva visión del mundo y cuando existe un cambio en la estructura básica del pensamiento, sobre todo colectivo, habrá que darse un cambio en la arquitectura, siendo esta una forma de expresión cultural que está enclavada en el paradigma mental reinante como reflejo del pensamiento.

Este reflejo intelectual y especulativo de la época y lugar definido en la noción de “espíritu de la época” tiene sus orígenes en el idealismo hegeliano que iba contra la clásica concepción de que el arte debía imitar a la naturaleza y que su calidad dependía de esa representación.

Desde el primer Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM), reunido en el castillo de La Sarraz en 1928, se insistía en que el destino de la arquitectura era expresar “el espíritu de su época”; el espíritu dominante de nuestra época es ya reconocible, aunque su forma no esté aún claramente definida. Decía Gropius en 1923, mencionado también por lo que Matisse (1908) escribía, en Apuntes de un pintor: pertenecemos a nuestro tiempo y compartimos opiniones y críticas, ahora incluso errores “generacionales”, estemos de acuerdo o no. De cierta manera todos los artistas llevan la huella de su época, pero los más grandiosos son aquellos en quienes esa huella está más profundamente marcada, el alma y concepto de cada obra por lo tanto es también ese espíritu de la época y del lugar.

La identidad que nos distingue y nos abraza como humanidad presupone la identificación con un lugar y el sentimiento de pertenencia y orientación a él, nos define una forma de entender la sociedad y traza un vínculo hacia la tradición y cultura.

Otra manera de citar este espíritu es el Genius loci; siendo una concepción romana que parte de la antigua creencia de que cada ser y localidad tenía un espíritu guardián, este espíritu daba vida a los pueblos y a los lugares, determinando su carácter y esencia.

En las artes; algo de discordia en el entorno interior y exterior del artista produce el desequilibrio que sirve como impulso para hacer algo al respecto…

Rudolf Arnheim

Así también el Zeitgeist, señalado como espíritu de un tiempo descrito en el concepto de la lengua alemana —Geist significa espíritu y Zeit, Tiempo—, como una expresión que se refiere al tiempo o momento intelectual y cultural de una época, para nuestra realidad actual se ha referido poco a su intención filosófica y analítica que deberíamos considerar al momento de crear arquitectura y arte. Somos y estamos en una virtualidad como nueva normalidad.

Estos conceptos o emociones del pensamiento, que poco a poco se han deslindado tanto de la arquitectura como del arte, prevalecen arraigados en la idea de trascendencia de cada hecho artístico y arquitectónico planteado desde la óptica de creación estética y cultural. Pero han olvidado esta esencia de lo que ahora representamos como humanidad, nueva normalidad y actualidad.

El actual sistema educativo basado en gran parte por la división organizada hacia la concepción del entrenamiento intelectual abordando desde la liberación de la mente y el pensamiento a partir de sus recursos sensoriales y delegando al arte, a las artes; como un entretenimiento y visión, audición, facto táctil casi artesanal hacia un nivel inferior que el de la cognición. ¿Qué espíritu de la época y del lugar refiere este problema de falta de arte como parte del pensamiento?

¿La falta de sensibilidad para la arquitectura y el arte se suple con inteligencia, o se pretende ser sensibles porque entienden la emoción y el caos del artista o del arquitecto? ¿La falta de arte y arquitectura también se suple con inteligencia?

Bibliografía:

Arnheim Rudolf., (2000). El quiebre y la estructura, Ed. Andrés Bello. Barcelona.

Jencks Charles. (1997). The architecture of the jumping universe; a polemic: How complexity science is changing architecture and culture. Chichester Academy Editions.

Matisse, Henri. (1977), Reflexiones sobre el Arte. Emecé Editores, Buenos Aires,

Gonzalo Coral
Arquitecto y Maestría en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. 2004 y 2010 Profesor de la Facultad de Arquitectura de la UADY de 2011 al 2017, de la Universidad Vizcaya de las América, del Centro Universitario de Valladolid (CUV) y la Universidad de Yucatán (UNY). Arquitecto responsable de los proyectos de Restauración de catorce edificios religiosos patrimoniales en el Estado de México derrumbados por el sismo de 2017. Asesor en dos proyectos sociales de vivienda en comunidades rurales sobre autoconstrucción asistida (en PLANCHAC 2015 Vivienda Popular como unidad doméstica sustentable; Medio ambiente y cultura) y Construcción de vivienda vernácula (en Tahdziú 2005). Y como Investigador asociado en el área de Seguridad en la construcción en los conjuntos de vivienda en serie del proyecto CONAVI – CONACYT clave 236282 y clave SISTPROY UADY 2015001. (2015 – 2016) Arquitecto copartícipe en la reconstrucción de viviendas destruidas por el sismo de 2017 en localidades de Chiapas, coordinando a estudiantes de Arquitectura participantes. Docente de las asignaturas de taller de materiales, Restauración, Taller de Proyectos y Teoría e historia de la arquitectura regional, Diseño Bioclimático, Así como de diversos cursos de materiales y sistemas constructivos, Técnicas de restauración y Autoconstrucción asistida de vivienda. Actualmente investigador sobre eficiencia en el uso de materiales entre los que destacan la madera, la tierra, la piedra y otros materiales naturales, así como la realización de proyectos arquitectónicos de vivienda.