Hablar del papel que ocupa o debería ocupar la educación y el arte en la arquitectura cultural de nuestros espacios es encontrarnos con historias diferentes que van de los buenos propósitos a las desproporciones espaciales y sociales. Por lo que bien vale la pena poner en la mesa, una serie de pensamientos a fin de que puedan servir de puntos de partida para reflexionar mucho más sobre estos tres temas (educación, arte y cultura), y quizá llegar a conclusiones aplicables en nuestros campos.
Educación y cultura
Sobre esta mancuerna indisoluble se han escrito millones de páginas y se han plasmado las mejores intenciones, pero si volvemos la vista un poco hacia la realidad, veremos cómo no ha sido posible encontrar mecanismos para que, tanto la educación como la cultura sean tratadas de acuerdo con las circunstancias que demandan las diferentes regiones de nuestro país.
Por un lado, hemos sido testigos de la más reciente disposición en cuanto a política educativa impulsada desde la más alta esfera política de nuestro país y que apenas está iniciando su operatividad en los territorios que conforman nuestra nación. Por lo que es muy temprano para celebrar y un poco tarde, si pensamos que tantos años de aparente calma se verán transformados sin la resistencia que implica la operación de la nueva Ley. Sin embargo, creo que impera la voluntad positivista y en pro del mejoramiento de las acciones, planes y programas educativos para que, con miras a un futuro no tan lejano, podamos contar con niveles educativos mucho menos incomprensibles y la diferencia sea notable en los campos de la economía, la ciencia, la tecnología y las humanidades.
Por otro lado, el papel del arte como factor de suma importancia para el desarrollo de las sociedades ha quedado plenamente demostrado en diferentes países y épocas, sin embargo en México, todavía no podemos cantar himnos victoriosos pues a pesar de lo recorrido y aportado, todavía se considera superflua la actividad artística, ya sea desde el terreno de la creación, la difusión y el consumo, ni qué decir en cuanto a su enseñanza.
Y es que uno de los principales problemas que se visualizan, es la abismal distancia que se va construyendo entre educación, arte y cultura, de inmediato nuestra mente se concentra en una serie de temas y situaciones que, lejos de ser entendidas como partes de un todo, se promueven y se esquematizan como si fueran temas de un interés particular y por consiguiente de diferente naturaleza.

De ahí el nuestro enfoque se dirija no sólo hacia los terrenos de las instituciones de enseñanza, sino también hacia un cambio en la percepción de los padres de familia, pues cuántas veces no hemos escuchado la voz de papá o mamá aconsejando a los hijos a que no se dediquen a estudiar arte, si no desean tener un futuro incierto y lejos de una economía saludable. O primero terminar una carrera con “futuro” (como si eso existiera), y después dedicarle el tiempo libre a la persecución de un lujo, un hobby o una ocupación relajante como puede ser la práctica de una disciplina artística.
Hace algunos años, mientras trataba de estructurar unos planes de estudio para una escuela de artes visuales, pude distinguir cada uno de los problemas que se acumulan en la relación del arte y la educación. Me involucré en las técnicas y los procesos tanto de la enseñanza como de la metodología o mejor dicho pedagogía de las artes y sus respectivas complicaciones. Como también los años de estar en las áreas de gestión y promoción de las artes visuales, me han permitido ahondar en la problemática que se genera en cada uno de estos campos.
De ahí parten algunas de las premisas que quisiera compartir con ustedes ahora, con la finalidad de acortar las distancias y afinar detalles que podrían haber pasado a formar una especie de nube que no me permitió observar a detalle alguna circunstancia.
Uno de los primeros pasos que habrá que dar sólidamente es con los padres de familia y su trasnochada visión de lo que significa el arte y la cultura, sobre todo tomando en cuenta el paso de la historia y su consecuente evolución. No es posible seguir repitiendo, casi sin pensarlo, los mismos conceptos en cuanto al arte y las formas de producirlo, distribuirlo y consumirlo.
Si podemos enseñar a los padres de familia que el arte es una gran herramienta para el desarrollo cognitivo de sus hijos y que al mismo tiempo le aportará un sentido de disciplina, de responsabilidad y de autocrítica, como elementos que aplicados a las otras materias de estudio, favorecerán la evolución cualitativa de la educación de sus hijos; estaremos obteniendo una estructura mucho más sólida desde la cual arrancar el andamiaje para una correcta enseñanza de cualquiera de las disciplinas artísticas y así contribuir al mejor entendimiento de los procesos culturales.

La enseñanza ha creado conformes, pero el mundo actual es y será de los eternos inconformes.
Gildo González
Nunca ha sido necesario que una persona se proponga estudiar una disciplina artística con la finalidad de dedicarse a la ejecución o práctica, es decir a convertirse en un artista. Es más, siempre se ha discutido la posición de las escuelas de arte como portadoras de conocimientos y técnicas pero no como formadoras de “artistas”; término que se adquiere por voluntad y mucho después de haber pasado por la formación académica, de igual forma que se adquiere la “profesionalización “ en cualquier otra rama de la ciencia y de la tecnología.
Es decir, la formación académica es una manera de adquirir conocimientos y realizar prácticas que nos posibiliten para entrar a determinadas arquitecturas o estructuras espaciales, o como bien diría Giorgio Agamben y Hanna Arendt; los campos como espacios que se abren cuando el estado de excepción empieza a convertirse en regla.
Diversificación, innovación y demanda
Los aportes documentales consultados enfocan tres elementos comunes:
Diversificación: las escuelas deberán flexibilizar sus estructuras académicas y métodos de enseñanza, además de evolucionar hacia la integración de un sistema nacional de educación. La educación como sistema, debe ser un centro permanente para la formación, actualización y el reentrenamiento.
Innovación: el paradigma de la educación actual responde a la sociedad industrial, que está en proceso de profunda mutación, pero que aún no da paso a la sociedad del futuro, que Alvin Toffler, denomina «la sociedad del conocimiento», otros autores se refieren en este sentido a «la sociedad de la información». La innovación implica un sistema de educación al servicio de la imaginación y de la creatividad, lo cual representa promover la transformación curricular y en los métodos de enseñanza – aprendizaje.
Demanda de mercado: respecto de la relevancia y competitividad de los estudiantes. La relación con el mercado de trabajo se basa en la naturaleza cambiante de los empleos, que demandan conocimientos y destrezas en constante renovación y evolución. Se requiere un sistema de educación lo suficientemente flexible para hacer frente a un mercado de trabajo rápidamente cambiante.
En un documento de la UNESCO se muestra que: «nos encontramos en una época en que ya no se puede aplicar más la ecuación: estudio = título = trabajo, se espera que la educación produzca egresados que no sólo puedan ser buscadores de empleo, sino también gestores, promotores y productores de la cultura en el actual milenio «.

Esta relación educación – cultura, debe ser tratada bajo un nuevo paradigma y encontrar fórmulas de entendimiento recíproco para beneficio de los futuros estudiantes. Es cada vez más necesario acortar la brecha entre los sistemas educativos y las necesidades del arte y la cultura, así como implementar nuevas formas de aprendizaje y educación. Durante todo este tiempo, las empresas culturales y las escuelas le han dado peces a la gente, pero no los han enseñado a pescar. Se ha enseñado todo tipo de conocimientos, pero no se ha enseñado cómo generar nuevos conocimientos. Se ha enseñado inclusive dónde y cómo encontrar todo tipo de conocimientos, pero no a combinarlos para obtener nuevos conocimientos. Se han enseñado las reglas de cómo pensar lógicamente, pero no se ha enseñado a producir pensamientos nuevos. Se ha enseñado todo tipo de pensamientos, pero no el proceso y la mecánica para llegar a ellos. Se ha enseñado a creer ciegamente en un paradigma, pero no se ha enseñado a romper con él y a crear nuevos.
La enseñanza ha creado conformes, pero el mundo actual es y será de los eternos inconformes.
Como conclusión de esta ponencia es representativo citar que para afrontar los retos y perspectivas de las nuevas generaciones de educadores, productores y promotores de la cultura en el nuevo milenio se requiere derogar los viejos paradigmas y encontrar formas dinámicas que sustituyan las ya desgastadas relaciones entre la educación y la cultura, para que pueda contribuir a la elaboración de los proyectos futuros de la sociedad, inspirados en la solidaridad, en la equidad y en el respeto. Las instituciones educativas no tienen otra opción real que la de atender a estas nuevas necesidades porque, de no hacerlo el interesado en educarse encontrará otras maneras de solucionar sus objetivos y las instituciones escolares que funcionen mal o no respondan a esta realidad terminarán como los dinosaurios, siendo piezas de algún museo.
Nota: Este artículo fue presentado por su autor en el Foro «Educación y Cultura en los espacios que habitamos», llevado a cabo en la ciudad de Mérida, Yucatán, en 2014, en el marco del Festival Internacional de la Cultura Maya.










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