Finalmente, Estados Unidos se libró de Trump

El presidente saliente de EE.UU., Donald Trump, indicó este lunes 23, finalmente, que daba luz verde a la transferencia de poder al demócrata Joe Biden, ganador de los comicios presidenciales, aunque seguiría sin reconocer su derrota.

El caos que ha caracterizado la etapa postrump en Estados Unidos ha estado alimentado por las posiciones cambiantes del equipo electoral del extravagante ex dictador derrotado pero que aún seguirá pataleando.

Tras un largo periodo que puede ser catalogado como uno de los más indignos y bochornosos en la historia política de Estados Unidos —ya de por sí repleta de acontecimientos vergonzosos e indignos— la nación que fuera la primera potencia del mundo por su desarrollo material imperialista había elegido a un nuevo presidente mediante votación mayoritaria que no había podido tomar posesión en virtud de groseras manipulaciones en el proceso electoral en uso, sumiendo a su pueblo en una muy grave situación cercana a la ingobernabilidad.

Se había pronosticado que Estados Unidos había salido de los comicios del tres de noviembre con su cuerpo dividido en dos y una parte incapaz de comunicarse con la otra. Incapaz también de dar crédito a sus instituciones y mucho menos para admitir la teoría de la supervivencia de su versión de una sociedad democrática, al borde de una guerra civil y en lo que parece haber sido el inicio de su crisis definitiva y el fin del “sueño americano”.

Trump encarnó la procacidad, el cinismo y el miedo de muchos estadounidenses que simpatizaban con él por el hecho de que no hablaba como un político tradicional, porque decía lo que pensaba, por grotescas, odiosas y divisivas que fueran sus ideas.

Solía pensarse que si un candidato presidencial exteriorizaba las grandes mentiras y tonterías que él solía repetir con la mayor naturalidad del mundo, mermarían sus posibilidades de aceptación.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Pero, hasta cierto punto, Trump había demostrado que ya eso no es cierto en la actualidad estadounidense.                                                                                                                                                                                 

También se dice que, en última instancia, había sido el sistema del Colegio Electoral lo que llevó a Trump a la Casa Blanca en 2016. Ello unido a la actuación de los tribunales de justicia —la rama no electa del Estado—, fueron objetivos esenciales de Trump y el Partido Republicano desde que llegaron al poder. Pero en esta ocasión esas manipulaciones no tuvieron los resultados esperados. ¡Les fallaron!.

Para Latinoamérica y el Caribe una administración republicana o demócrata en EEUU no implica, por sí misma, grandes cambios de fondo. Quizá sí en la forma eso es cierto, pero siempre subyace la idea de que nada ha ocurrido que haga que el establishment cambie su percepción imperialista de que América Latina es una parte fundamental de su zona de influencia y control.

No obstante, no deben despreciarse tampoco esos cambios formales, considerando que un triunfo de Biden contribuiría a la formulación de una política exterior menos incierta, basada en la diplomacia y en ciertos acuerdos básicos tendentes a promover la negociación que fueron siempre desconocidos por Trump en su obsesión ciega contra el multilateralismo.

En el caso de las relaciones con Cuba, por ejemplo, puede suponerse que Biden podría retomar la política de Obama, en la que se manifestó un acercamiento que incluyó la reapertura de relaciones diplomáticas, y la posibilidad de negociaciones económicas y avances, en especial en el ámbito del turismo. No hay, sin embargo, señales de que pueda producirse un cambio en la relación con Venezuela que indique una posición menos imperialista y más plausible en el continente.

Sobre todo, interesa pensar que habría una desescalada en el discurso de Guerra Fría revivido por Trump y una apreciación maniquea etiquetando de “buenos y malos” a sus contrapartes, reviviendo los prejuicios anticomunistas y contrainsurgentes que han calado profundo en América Latina (y el mundo) desde la Guerra Fría.  

El estilo de gobierno republicano de no usar el legislativo para gobernar, limitándose a nombrar a jueces para evitar que la mayoría gobierne sobre ellos es la manera en que, como se hacía por el Sur antes de la guerra civil estadounidense, una entidad minoritaria se aferraba desmesuradamente a un poder.

Todo eso ha funcionado favorablemente para ellos durante cuatro años, pero ahora parece haber sucumbido, enfrentados a la fuerza poderosa de los votantes estadounidenses.

Trump tuvo la osadía de lanzar todas las señales que pudo de que no estaba dispuesto a aceptar la voluntad de los votantes si esta le fuera adversa, algo que nunca se había escuchado de un presidente de Estados Unidos.

Muchos tenían la esperanza de que en cualquier momento su propio partido republicano le dijera que ya era suficiente, que había ido demasiado lejos. Pero tal cosa no ocurría porque el destino del partido estaba ya muy atado a él.

Esperemos que Trump sea descartado de la política mundial sin que pueda hacer más daño a la Humanidad.

Manuel Yepe Menéndez
Manuel Yepe Menéndez (La Habana 1936), desde 1954 fue combatiente insurreccional en La Habana como integrante de las Brigadas Juveniles de 26 de Julio en la Universidad de La Habana. Trabajó en la reproducción y distribución del alegato de defensa de Fidel Castro "La historia me absolverá". En 1958 dirigió la revista clandestina del M-26-7 ACCIÓN, que se editaba semanalmente en La Habana y se identificaba como Órgano de la Juventud Cubana. Es Licenciado en Derecho, en Dirección de la Economía y en Ciencias Sociales. Se ha desempeñó como Director de Protocolo en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Embajador de Cuba en Rumanía. Fue Director General de agencia de noticias Prensa Latina; vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); director del periódico Guerrillero de Pinar del Río, y Director Nacional (fundador en Cuba) del proyecto TIPS del PNUD. Desde 2000 hasta la actualidad es miembro del Secretariado del Movimiento Cubano por la Paz. Fue comentarista de temas internacionales de los diarios POR ESTO! (2008-junio 2020). Agosto 2020