En Campeche, a horas de realizarse el proceso electoral que habrá de elegir al gobernador, 35 diputaciones, 13 alcaldes y 22 juntas municipales, se vive un clima de relativa incertidumbre, no únicamente por los resultados, sino por el desarrollo de la jornada electoral y sus consecuencias.

Las campañas que presenciamos sin importar las modificaciones coyunturales efectuadas por la presencia del coronavirus, responden siempre a la lógica del mercado, que primero convierte en mercancía a las y los contendientes para después revalorizar en negativo sus propuestas, deshumanizándolas y fetichizándolas.

Esta décima edición la denominamos Elecciones y más, puesto que durante este año las elecciones están marcando el futuro de América Latina, así como otras consultas importantes en materia de reformas constitucionales como en el caso de Cuba, y porque la elección desde su más simple acepción está inmersa en nuestras vidas y, ahora, más que nunca, se ha hecho presente en la decisión de salir de casa, de usar cubre bocas, de viajar y de vacunarnos.

Debe ser terrible para quien ha luchado casi toda su vida contra el neoliberalismo, la corrupción, por una sociedad más justa y que piensa que al fin ha ganado, que atestigua ese triunfo antes de llegar a la tumba, que alguien le diga que eso no es verdad, que todo fue una trampa del sistema para inmovilizarnos.

Los meridanos, los yucatecos en general, y muchos mexicanos, estamos entre el miedo y la desesperanza, porque vemos con grandes ojos las ofertas en todo el país del infaltable, ahora sí, ¡Vuelvan a confiar en mí! Les prometo que ahora sí me voy a preocupar por su seguridad, de su bienestar, de su progreso, de su desarrollo, etcétera y más etcétera.

Técnicamente, las campañas políticas no sirvieron de mucho para que los ciudadanos decidieran a quién darle su voto, más bien sólo generaron basura, un aumento en el número de contagios por COVID-19 y una pérdida de dinero al erario por algo que fue realmente improductivo.