La educación social fuera de las redes

¿Es posible en los tiempos que corren educar fuera del entorno de las redes sociales en Internet? ¿Habrá oportunidades para la aplicación tradicional de la enseñanza en un contexto donde la expansión de la COVID-19 obligó al cierre obligatorio de centros educativos y a la paralización de las actividades docentes en múltiples lugares del planeta?

Las respuestas a las interrogantes no son fáciles, puesto que el propio desarrollo tecnológico ha llevado a la introducción de métodos de educación a distancia, muchos aplicados hace bastante tiempo, incluso antes de la aparición del SARS-COV-2 y sus nefastas consecuencias.

Pero, partamos de algunas definiciones de Educación:

Una de ellas señala: Formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen.

Otra asevera: Transmisión de conocimientos a una persona para que esta adquiera una determinada formación.

Quedémonos con la última y desglosémosla para situar en contexto lo ocurrido durante los largos meses de pandemia.

La globalidad de esta enfermedad nos ha hecho cambiar los propósitos e indiscutiblemente hurgar en nuevas soluciones para dar continuidad a la vida, en la que el concepto de monotonía tuvo que ser reformulado.

Como herramienta para no frenar el proceso educativo, las nuevas tecnologías han devenido pilar fundamental para contribuir a que las personas pudieran continuar en el nivel de educación donde se encontraban al inicio de la pandemia, puesto que es un proceso que no se puede detener y más aún en momentos donde la educación, que es sinónimo de civismo, cortesía y delicadeza, es imprescindible en todos los entornos, dado que es portadora de valores necesarios para la vida en sociedad.

¿Transmisión de conocimientos? Pues sí, transmitir es hacer llegar a una persona una información. Hoy, más que nunca, también significa una clase, una conferencia, una aclaración de dudas. El fenómeno ya está en marcha. En todo el mundo se utilizan de manera multiplicada las redes sociales para difundir el conocimiento.

En mi caso, como médico residente de 3er. año en Medicina Física y Rehabilitación, en tiempos en los que no hubo transporte, la red social WhatsApp se erigió como el principal instrumento para recibir las conferencias y aclaraciones, y también, pero en menor medida el teléfono fijo, el cual en Cuba aún continúa siendo un medio muy utilizado, aunque en decadencia en muchas otras sociedades.

Todo ello permitió que muchos profesionales pudieran concluir de manera virtual el pasado curso escolar e incluso comenzar el nuevo, con una calidad impregnada por cada profesor que tomó parte en el asunto.

En Cuba, el Ministerio de Educación (MINED), con el apoyo de varios canales televisivos, utilizó las populares teleclases en horarios matutinos y vespertinos tempranos (en la mañana hay un mayor aprovechamiento de la información). También, de conjunto con la Empresa de Telecomunicaciones (ETECSA), se puso a disposición de todos y de manera gratuita la posibilidad de acceder al sitio web del MINED y descargar o visualizar estas mismas clases, incluyendo bibliografía. 

Disímiles formas de educación en el mundo han tocado la puerta de alumnos y profesores en los últimos años, y precisamente bajo esos preceptos descansó la creación del grupo de WhatsApp Terapia para Todos y del equipo deportivo Santa Fe Running Club, ambos establecidos ya en esa red social por quien redacta esta nota y multiplicadores de modos de vida diferentes, basados en la amistad y la colaboración.

La televisión cubana también hizo lo suyo, pero no desde ahora, pues el calificativo de Educativo de dos de sus canales ha sido una muy buena contribución al conocimiento y una vital experiencia en las formas adecuadas para impartir la enseñanza.

Sin embargo, para algunos ha quedado en el olvido que existe una educación social que retoma su camino, aunque no sin ciertos obstáculos. Decidí entonces prestar atención a una humilde historia de vida pero que me llena de regocijo tanto escucharla como contarla.

El doctor Elkin Toro, especialista en Medicina General Integral y residente de 3er. año en Medicina Física y Rehabilitación cuenta que comenzó un proyecto en su comarca, luego del llamado hecho por el gobierno cubano para sembrar un pedazo de patio o jardín con lo que se desee, ya bien frutas, vegetales o viandas, destinadas al autoabastecimiento familiar y local. Escogió un terreno bastante complicado, casi un micro vertedero, en las cercanías de su edificio en San Agustín, un barrio obrero en la periferia de la capital cubana.

Allí, no le creyeron capaz de transformar la suciedad de aquel terreno, que afectaba enormemente la belleza y limpieza de su barrio. Un vecino, con vasta experiencia en la Agricultura y de casi 80 años de edad, se brindó para ayudarle con sus saberes acerca del tema: siembra, semillas, momento adecuado para cada plantación… Luego de haber escuchado el propósito del médico, concretó “su apoyo a la comunidad y a la familia de todo corazón”, junto a otro amigo común de ambos.

Las fotos que acompañan este texto son el mejor testimonio del antes y el después y Elkin ahora narra las anécdotas de los que, ya no tan escépticos, pasan hoy nuevamente y regalan una sonrisa o un ensordecedor grito de “cuando esté listo, yo quiero boniato”.

Esta iniciativa tendrá un alcance mayor, pues pretende sembrar plantas medicinales aprovechando sus conocimientos de Medicina Natural y Tradicional, con el propósito de distribuirlas gratuitamente a la población de la zona. Su principio ha sido apuntar a la educación social como maniobra para potenciar la salud, otra variante para suplir la escasez de medicamentos en el país.

Esta experiencia demuestra todo lo que puede ofrecer la educación social fuera de las redes tecnológicas, aun en circunstancias de aislamiento o confinamiento. ¿Quién enseñó a quién? ¿El vecino aventajado al médico o viceversa? ¿Aprendieron los escépticos? ¿Hubo una verdadera transmisión de conocimientos que contribuyó a nuevas enseñanzas? En un mundo tan provisto de educación en línea, no perder de vista experiencias como esta, puede ayudar a comprender que hay diversas maneras en que ella (la educación) puede llegar a nosotros.

Alejandro Terry Zamora
Médico, graduado en el 2018 de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, Residente de tercer año de Medicina Física y Rehabilitación. Durante toda su carrera participó en varios eventos nacionales relacionados con la especialidad afín, como cursos y talleres de Rehabilitación. Obtuvo premio relevante en una jornada científica estudiantil por un trabajo sobre Rehabilitación post Síndrome de Guillain Barré. Luego de graduado, ha continuado su formación participando en Curso sobre actualización Artroplastias 2018, Operation Walk 8va. y 9na. Edición, 1er. Curso Taller de dolor crónico refractario. Técnicas Intervencionistas y Neuromodulación con Dispositivos de Alta Tecnología, Curso de Rehabilitación Intervencionista 2019, Jornada Científica 30 Aniversario del Centro Internacional de Restauración Neurológica y Congreso Internacional de Medicina Integrativa 2018. Además se encuentra realizando un postgrado en Osteopatía. Es aficionado a la fotografía y fue el organizador del concurso de fotografía COVID-19, patrocinado por el mayor recinto ferial de Cuba, EXPOCUBA. Se graduó de Inglés superior en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana.