Las mujeres yucatecas y la revolución mexicana

Cuando se habla de la Revolución Mexicana y sus múltiples representaciones Yucatán, más allá de una chispa que pronto se apagó, pasa de noche ante las imágenes de grandes levantamientos y enfrentamientos bélicos en el norte y en el centro occidente de la república. Se habla incluso de una revolución importada por Salvador Alvarado, un gran militar enviado por Carranza. Ante esta realidad, en apariencia disminuida, ¿cómo podríamos hablar de la participación de las mujeres yucatecas y su aportación a la construcción de nuestra nación?

Iniciemos aclarando algo, la revolución en la península de Yucatán no se atrasó ni fue importada, más bien se adelantó y por varias décadas. En julio de 1847 estalló un gran levantamiento maya, al que se sumaron luego no pocos negros, mulatos, asiáticos, mestizos e incluso algunos blancos, que abanderó algo tan importante como lo haría en su momento el movimiento zapatista: lucharían por su tierra y por su libertad. Los hombres y mujeres mayas de la península se enfrentaron a las consecuencias del avance del capitalismo, que implicó la extensión de las grandes haciendas sobre las tierras comunales, la explotación de la mano de obra y los elevados impuestos y obvenciones eclesiásticas.

Sobre este otro levantamiento maya que antecedió a la Revolución y que explica la forma en que se dieron los acontecimientos en la península de Yucatán, es importante señalar que al igual que en la historia nacional se ignoró por mucho tiempo el importante papel de las mujeres. Sus dirigentes más conocidos fueron Manuel Antonio Ay, Cecilio Chí y Jacinto Pat. Sin embargo, tras el levantamiento y con la creación en 1850 de un territorio autónomo por los levantados a quienes se conoce como cruzo’ob (cruces) en lo que hoy es Quintana Roo, surge una nueva nación con gobierno teocrático-militar, en donde las mujeres ocuparon importantes puestos de liderazgo como Santas Patronas, gobernadoras y jefas militares. La más importante y que gobernó a los cruzo’ob por un mayor tiempo fue la Santa Patrona María Uicab, considerada reina y que tenía su centro de gobierno en Tulum.

Un dato significativo es que Tulum fue finalmente invadido en 1902, después de Noj Kaaj Santa Cuz, precisamente por Victoriano Huerta el mismo que años después se levantaría contra Madero. Así llegó Huerta en marzo de 1902, al campamento militar establecido en la Bahía de la Ascensión, para comandar una campaña contra los cruzo’ob, arrasando las poblaciones de Tulum, Muyil y alrededores.

Es importante remarcar que finalizada el levantamiento maya, conocido como Guerra de Castas, en otras partes de la península se padecían las consecuencias del gobierno dictatorial e injusto de Porfirio Díaz, el crecimiento de las haciendas sobre las tierras comunales y la extrema explotación laboral y sexual de las familias de los trabajadores acasillados. Olegario Molina como secretario de economía del régimen porfirista, impuso sus intereses incluso a un sector de los hacendados yucatecos con la regulación del comercio del henequén al exterior que solo beneficiaba a unas cuantas familias, la famosa casta divina. Esto llevo a que el malestar social incluyera varias capas sociales, y a que se diera en Valladolid la llamada “primera chispa de la revolución mexicana”, y el llamado Plan de Dzelkoop.

Nuevamente en esta etapa de la historia las mujeres han sido ignoradas y es poco conocido el importante papel que desempeñaron algunas como Elvia Carrillo Puerto y Rosa Torres. En 1909, Elvia trabajaba activamente para la causa antireeleccionista yucateca, participa en las labores de espionaje, era propagandista y mensajera, y como hablante de la lengua maya es quien directamente, junto con su hermano Felipe, convence a los campesinos mayas de la región de unirse al levantamiento.

ROSA TORRE GONZÁLEZ, ELVIA CARRILLO PUERTO Y ALMA REED

De acuerdo al libro “La Monja Roja” de Monique J. Lemaître, Elvia es propagandista del movimiento en las poblaciones de Acanceh, Tizimín, Temax y Valladolid y a fines de 1910 traduce un documento al maya y los distribuye dentro de la población indígena que a la letra decía:  “Es urgente aliarse a los morenistas para evitar que el estado sucumba en manos de un gobierno déspota y tirano;” gobierno formado “por una sola familia de esclavistas” cuya única ambición es “apoderarse de todas las principales riquezas del país y reducir al sufrido pueblo a braceros de sus ricas propiedades”. Elvia no sólo traduce el documento sino que les explica que Madero había prometido repartir tierras entre los campesinos y prohibir el acasillamiento de los peones henequeneros y por esa razón era el amigo de los mayas. A Elvia le toca también ser propagandista entre los medianos y pequeños hacendados del área y los burgueses vallisoletanos, cansados del monopolio que ejercen Molina Solís y sus socios los agentes de los “trusts” norteamericanos del mercado henequenero (“La Monja Roja” de Monique J. Lemaître, México: Editorial Castillo, 1998, con introducción de Elena Poniatowska)

La rebelión de Valladolid fracasa y son muchos los muertos y los prisioneros, sin embargo Elvia logra escapar y sigue trabajando de otras maneras por la revolución, el 14 de julio de 1912, organiza la Primera Liga Feminista Campesina y cuatro años después  ingresaría como propagandista y organizadora de las Ligas de Resistencia Feministas-Socialistas durante el gobierno del General Salvador Alvarado.

En febrero de 1913, como ya sabemos, tuvo  lugar en la capital del país la “Decena Trágica” durante la cual Huerta, el mismo invasor del territorio gobernado por María Uicab, mandó asesinar, a Madero y a Pino Suárez. Dos años después en marzo de 1915, Carranza, después de la rebelión militar de Abel Ortiz Argumedo, nombra al General Alvarado Gobernador y Comandante militar de Yucatán.

Es interesante notar que Rosa Torre González, la prominente revolucionaria y feminista yucateca que trabajará junto con Elvia Carrillo Puerto en las Ligas de Resistencia Feministas, durante el gobierno de Felipe Carrillo Puerto y quien llegará a ser la primera mujer Regidora de México, presta sus servicios como enfermera en la columna militar comandada por el general Alvarado.

Beatriz Peniche

Rosa Torres, según trabajos del investigador yucateco José Antonio Escalante Chan quien le ha dedicado muchos años al estudio de su trayectoria, ingresa a la lucha revolucionaria a los 20 años teniendo como jefes a Juan Barragán, Ramírez Garrido y R Moreno, que combatían las fuerzas enemigas de Victoriano Huerta  y Abel Ortiz Argumedo. Colabora con el movimiento maderista por los años de 1909 y 1910, con las organizaciones estudiantiles y del profesorado a favor de las causas democráticas del Plan de San Luis Potosí y fue agente propagandista, del Constitucionalismo, desempeñando comisiones difíciles y peligrosas (Feminismo y Revolución: La primera mujer en ocupar y ejercer un cargo de elección popular en México, José Antonio Escalante Chan en: https:poderjudicial.yucatan.gob.mx. publicaciones.micrositio.pdf.revista60web).  

Ahora bien, sin dejar de reconocer la importancia de Elvia Carrillo Puerto y Rosa Torre, como revolucionarias y feministas, no trabajaron solas, junto a ellas se encontraban otras valientes mujeres dispuestas a luchar por las causas revolucionarias, pero también por el reconocimiento de sus derechos sociales y políticos, entre ellas Susana Betancourt, Raquel Dzib C., Gloria Mireya Rosado, Eusebia Pérez y Amalia Gómez.  Estas mujeres, ligadas al partido socialista del sureste, se organizaron en “La Liga Feminista Rita Cetina Gutiérrez” el 19 de enero de 1919 y como una de sus integrantes afirmó en su momento, desde entonces se dedicaron a luchar;

…por demoler los prejuicios que minaban nuestro ambiente, al que se propuso transformar sentando sus reales y propagando sus doctrinas con especialidad entre el elemento femenino… La Liga Feminista, aunque pulsando muchas dificultades, ha logrado ampliar cada vez más su radio de acción y así tenemos que en su vasto programa figura en primer término la desalfabetización, porque comprende que la ilustración de las masas es el principal factor del progreso. También procura la protección del niño y de la obrera también, no olvidándose tampoco del obrero, porque sabe muy bien que la redención de este y de la mujer, están íntimamente relacionadas” (Alina, Tierra, Órgano de la Liga Central de Resistencia,  Época III, Número 27, “Contingente de la mujer, La liga “Rita Cetina Gutiérrez”,   Mérida 28 de Octubre, 1923, página 14. Se consultó  la reproducción elaborada por  Editorial CEPSA y la LXI Legislatura Cámara de Diputados, Mérida,  2011).

Beatriz Peniche, Raquel Dzib Cicero y Elvia Carrillo Puerto

Como podemos observar como feministas socialistas sus causas de lucha  no solo reivindicaba a las mujeres, también reivindicaba el derecho al trabajo, el respeto a la jornada de ocho horas laborales, los derechos sindicales y otra serie de demandas. Discuten los temas que giran alrededor de la tenencia de la tierra que debería ser de quien la trabaja, la liberación de todos los indios acasillados, la necesidad de construir escuelas rurales en todas las poblaciones y haciendas del estado y de introducir en ellas el método de enseñanza racionalista, el problema del alcoholismo, la necesidad de educar a las mujeres sobre métodos modernos de contracepción, entre otros.

Un aspecto digno de destacar en esta etapa de la lucha es que por primera vez se articularan las demandas de las mujeres indígenas con las de otros sectores sociales. Las feministas socialistas urbanas trabajaron unidas a mujeres como Felipa Poot, mujer maya de Kinchil Yucatán sobre la que ha realizado profundas investigaciones Socorro Chable, mismas que fueron publicadas en la sección Luna Maya del periódico ¡Por Esto! Esto permitió que la lucha feminista incluyera los derechos de la etnia maya; la retribución de su territorio, la conservación de su lengua y de su cultura a través de las escuelas bilingües, entre otros. Al mismo tiempo que defendieran los derechos de toda la clase trabajadora, exigían el cumplimiento de sus derechos como mujeres: A una educación laica y científica; al control sobre su propia sexualidad y capacidad reproductiva; derecho a un salario igual por igual trabajo, el derecho al voto y al  ejercicio pleno de su ciudadanía, entre otras.

Como podemos ver la participación de las mujeres yucatecas en la revolución mexicana, pero sobre todo en la construcción de nuestra nación fue significativa y trascendente, tanto que sin ellas nuestra historia y realidad actual posiblemente seria otra, una donde nuestros derechos como mujeres y clase trabajadora no existirían.    

Georgina Rosado Rosado
Georgina Rosado Rosado es egresada de la Universidad Autónoma de Yucatán, de la licenciatura de Ciencias Antropológicas (UADY), tiene una maestría en Antropología Social en “El Colegió de Michoacán”. Profesora Investigadora de la UADY durante 33 años, donde realizó diversas investigaciones sobre la mujer y las relaciones de género, la cultura maya, la violencia y discriminación entre los jóvenes, entre otras temáticas. Pionera en la aplicación de la perspectiva de género en la docencia y en la investigación en Yucatán. Autora y coordinadora de diversos libros sobre los temas mencionados, así como de artículos científicos y de divulgación en revistas nacionales e internacionales. Durante la gestión de gobierno 2007-2012, fue directora general del Instituto para la Equidad de Género del gobierno de Yucatán (IEGY). Integrante del Sistema Nacional para la Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de Violencia y del Sistema Nacional de Igualdad entre Mujeres y Hombres. (2007-20012). Siendo directora del IEGY desarrollo un programa editorial gracias al cual se editaron la Revista “Alas de Mariposas” y cincuenta libros de diversos autores y autoras entre ellos “La Siempreviva”, emblemático del Bicentenario del gobierno del estado. La maestra Georgina Rosado es autora de publicaciones muy relevantes destacando entre estas: 1) Mujer maya: Siglos tejiendo una identidad. 2) Amazonas: Mujeres líderes de la Costa Yucateca, 3) Género y poder entre los mayas rebeldes de Yucatán, 4) Violencia y discriminación de género entre jóvenes de educación media superior en Yucatán. 5) Mujeres en tierras mayas: Nuevas Miradas, 6) Deshaciendo Nudos y 7) Las Hijas de Eva. Las semillas de una revolución. Articulista del Por Esto! del 2000 a la fecha. Colaboradora de la sección Unicornio donde participa en la difusión y desarrollo del periodismo cultural y científico.