Logos, frontis y Arquitectura; fronteras de la cotidianeidad

El papel del conocimiento es explicar lo visible complejo por medio de lo invisible simple

Jean Perrín

Reflexionar sobre los límites y las fronteras es aparente una labor de cada época y acorde a sus condiciones socioeconómicas determinadas, viable en mayor medida en momentos de crisis y cambios, siendo un trabajo irremediablemente cotidiano como el que esta pandemia nos ha expuesto. Un lugar, una interpretación y una fachada como elementos explícitos de la arquitectura que asumimos como seria y efectiva.

El modo en que los componentes del espacio en que vivimos, la casa, la sala, el cuarto, la cama, la calle, el bario la ciudad y el país, van conformando parte de los límites en nuestro espacio de vida cotidiana, en donde este diario habitar nuestra mente va encargándose de considerar fronteras y límites para lugares y espacios, visibles e invisibles.

El espacio acaba existiendo en lo que alcanzamos con nuestra mirada, lo que logramos ver, nuestra vida y nuestro espacio real termina siendo delimitado por arquitectura, o componentes de ella.

Asumimos el conocimiento de la capacidad que tiene la arquitectura para crear y contener las relaciones humanas, desde lo individual en la vivienda; hasta lo colectivo en el espacio urbano, siendo por lo cual un generador y formador en el arquetipo de sociedad determinada actualmente. Esta sociedad que se encuentra inmersa en una nueva etapa tecnológica y de transición hacia la era virtual de comunicación interpersonal sin personas, pero de una forma global y de manera instantánea hacia todo el orbe, creando así nuevas convivencias de relaciones; usuario – arquitectura; habitante – espacio, real – virtual, global – personal.

Siendo este lineamiento del espacio en la arquitectura el que nos define tantos aspectos en lo cotidiano, lo plantearemos como el eje central determinante para comprender su connotación de frontera, de contenedor o envolvente y sobre todo del logos, conocimiento del lugar donde se habita.

Para determinados arquitectos algo más trascendental que la forma en la arquitectura es el espacio, el cual no siempre se encuentra definido materialmente por la forma que lo contiene; este volumen atmosférico físico como define Tedeschi, (1969) se define por elementos reales como virtuales, visibles o intangibles, que por uso o convencimientos se establecen visual o real para un determinado grupo de usuarios.

La frontera, o delimitante del espacio tiene una función de control sobre el territorio o el pensamiento, en la arquitectura el control es parte de su condición espacial, elementos como la óptica, la acústica y la háptica definen este territorio del habitar de manera tangible y a veces abstracto o simbólico.

Existen fronteras simbólicas enmarcadas por elementos distintivos, reales o conceptuales, que fueron instaurados para jerarquizar objetos, espacios, edificios, usos o funciones y lugares, su característica principal es hallarse en territorios de la subjetividad de cada persona, que cada individuo asume como propios, es por lo cual estos límites y fronteras los que determinan un proceso de identificación y diferencia donde se incluye o excluye lo externo; los otros. Las fronteras, como manera y causa de categorización, constituyen un ejercicio cognitivo que se caracteriza por asociar un individuo a una condición, no tanto real sino como una mera interpretación de la organización espacial de lo real. (Corneille, 1997).

Al hablar de fronteras simbólicas es referirse a que son límites invisibles, barreras que separan o dividen, aislando o conteniendo; en el caso de la arquitectura el espacio, en el caso de los territorios a la sociedad. Las fronteras simbólicas componen todas las imágenes, formas, usos, acciones, pensamientos y sentimientos, que son un límite imaginario levantado en torno a los otros. (objetos, edificios, espacios, personas o sociedades)

Kevin Lynch (1984) nos hace referencia a diversos conceptos dentro de nuestro imaginario urbano y con el cual identificamos y leemos nuestras ciudades, nuestros referentes inmediatos para ubicarnos en nuestro límite social, la ciudad. Hacemos algunas referencias a estos conceptos con ejemplos locales.

  1. Sendas; conductos que sigue el observador normalmente, ocasionalmente o potencialmente. Calles, avenidas, vías principales determinadas por uso o por historia, en algunos casos tan antiguos como los sacbes. (camino blanco maya)
  2. Bordes; elementos lineales que el observador no usa o considera sendas. Nuestro principal límite natural es el mar, pero los que establecemos nosotros como referentes pueden ser desde una vía como el periférico, lo que fueron las líneas del tren, una barda como la del aeropuerto, un cambio en la tipología edificatoria, el color o textura del pavimento, entre otros.
  3. Barrios; distritos o secciones de la ciudad. Los cuales en muchos casos nos identifican como pertenecientes a un grupo aún a pesar de que quizá no se conozcan.
  4. Nodos; puntos estratégicos de una ciudad a los que se puede ingresar, y constituyen los focos intensivos desde los que se parte o hacia los cuales ir. Los lugares de referencia hitos de ciudad que son identificables para todos como la catedral, el monumento a la bandera, el parque zoológico del centenario, etc.
  5. Mojones; son un tipo de referencia, pero en el cual no se puede acceder solo ver desde el exterior.

Estas fronteras simbólicas existen en la medida que son protegidas y señaladas de una forma contundente por el grupo que las asume, buscando identidad y sobre todo pertenencia; yo pertenezco al barrio, yo vivo en ciudad, yo habito mi cuarto. Estar fuera de estos implica que estas más allá de las fronteras.  Estudiar estos límites o delimitaciones en correspondencia con el hábitat genera una dicotomía disciplinar, ya que se considera a la arquitectura y la ciudad como una asociación que debe desarrollarse como comunidad, como un ente social, principal reflejo de la actualidad y cotidianeidad.

La actualidad de la vida cotidiana y el lugar o espacio arquitectónico precisan dar respuesta a las necesidades existentes de esta era tecnológica y digital, en que la privacidad se instaura entre lo público y donde lo virtual cada vez tiene total influencia en la vida de las personas.

La nueva normalidad y la nueva arquitectura deberán ofrecer espacios y límites que acepten estas nuevas realidades, que conformen una subdivisión de estos dos conceptos contemporáneos complementarios, real y virtual, público y privado, individual y social, al mismo tiempo.

Las fronteras son por tanto un espacio o un territorio (logos o lugar) tanto físico como del pensamiento acorde a nuestro conocimiento y a nuestra percepción, el cual podemos cambiar y modificar una vez entendida la barrera que delimita, estamos al último minuto de que las barreras sólo sean un trámite en nuestro globalizado mundo, y la arquitectura pase a formar parte de este imaginario que defina cada lugar y no sólo las fronteras políticas o territoriales.

Como menciona Foucault (1980), el problema del espacio empieza a ser visto como un problema histórico-político, y no como un tratamiento geográfico-físico donde se desarrollaba la expansión de un pueblo, de una cultura, como un simple lugar de residencia.

Nuestra actual vida cotidiana está hecha de fronteras, de lugares y sus conocimientos, de la arquitectura y sus espacios vivos, de envolventes, límites y fachadas, es tiempo de comenzar a leerla como elemento incluyente y no separatista, como una oportunidad de cambiar o crear nuevas maneras de habitar acordes a estas próximas nuevas normalidades de cotidianeidad.

Bibliografía

Corneille, Olivier (1997) “La Categorisation sociale”. In J-Ph Leyens y J-L Beavouis (Eds) La psychologie sociale: l’ère de la cognition, Grenoble, Presses Universitaires de Grenoble

Lynch Kevin, 1984, La imagen de la ciudad. Ed. Gustavo Gili. México.

Sánchez Salcedo, José Fernando Gente bien, gente decente: Fronteras simbólicas, procesos de identificación y diferenciación de profesionales pertenecientes a las clases medias en Cali Revista Científica Guillermo de Ockham, vol. 5, núm. 1, enero-junio, 2007, pp. 85-100 Universidad de San Buenaventura Cali, Colombia

Tedeschi, E. (1969). Teoría de la arquitectura. Buenos Aires, Argentina: Nueva Visión

Gonzalo Coral
Arquitecto y Maestría en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. 2004 y 2010 Profesor de la Facultad de Arquitectura de la UADY de 2011 al 2017, de la Universidad Vizcaya de las América, del Centro Universitario de Valladolid (CUV) y la Universidad de Yucatán (UNY). Arquitecto responsable de los proyectos de Restauración de catorce edificios religiosos patrimoniales en el Estado de México derrumbados por el sismo de 2017. Asesor en dos proyectos sociales de vivienda en comunidades rurales sobre autoconstrucción asistida (en PLANCHAC 2015 Vivienda Popular como unidad doméstica sustentable; Medio ambiente y cultura) y Construcción de vivienda vernácula (en Tahdziú 2005). Y como Investigador asociado en el área de Seguridad en la construcción en los conjuntos de vivienda en serie del proyecto CONAVI – CONACYT clave 236282 y clave SISTPROY UADY 2015001. (2015 – 2016) Arquitecto copartícipe en la reconstrucción de viviendas destruidas por el sismo de 2017 en localidades de Chiapas, coordinando a estudiantes de Arquitectura participantes. Docente de las asignaturas de taller de materiales, Restauración, Taller de Proyectos y Teoría e historia de la arquitectura regional, Diseño Bioclimático, Así como de diversos cursos de materiales y sistemas constructivos, Técnicas de restauración y Autoconstrucción asistida de vivienda. Actualmente investigador sobre eficiencia en el uso de materiales entre los que destacan la madera, la tierra, la piedra y otros materiales naturales, así como la realización de proyectos arquitectónicos de vivienda.