Entramos, ante esta post pandemia, a una etapa de nuevas posibilidades de trabajo igualitario, de problemas de índole mas específico en la resolución de problemas de arquitectura y urbanismo, como los prototipos de vivienda que ya no pertenecen al estereotipo de familia clásica.

¿Existe una relación directa entre arte y arquitectura, o es una interrelación condicionada?

Un elemento de diseño arquitectónico que conlleva un gran poder es la luz; la luz solar, que ha sido olvidado en los últimos tiempos no sólo en la edificación de viviendas sino en la obra pública y social.

Reflexionar sobre los límites y las fronteras es aparente una labor de cada época y acorde a sus condiciones socioeconómicas determinadas, viable en mayor medida en momentos de crisis y cambios, siendo un trabajo irremediablemente cotidiano como el que esta pandemia nos ha expuesto. Un lugar, una interpretación y una fachada como elementos explícitos de la arquitectura que asumimos como seria y efectiva.

Se nos plantea desde la perspectiva urbano-arquitectónica construir un nuevo imaginario, nuevas hipótesis, ideas y planteamientos, ya que estamos en la etapa de transición hacia las decisiones inmediatas sobre las nuevas formas, normas y normalidades.

Iniciamos este año con la firme convicción que la arquitectura y sus diseños crearían nuevos referentes históricos y tecnológicos, que los espacios a nivel individual y colectivo conformarían una mejora en las condiciones de habitabilidad y estabilidad emocional, creíamos, como humanidad, que estábamos preparados para sobrevivir a este mundo.

El sistema constructivo de bajareque se asocia lamentablemente a la vivienda precaria, o vivienda pobre de las comunidades rurales de la Península de Yucatán, Chiapas y algunas otras partes de Latinoamérica