Si de algo puede estar segura esta generación, es que nunca vamos a olvidar a 2020. Ha sido este un año, cuando menos, cataclísmico.
Vamos a entrar al 2021 con una gran disyuntiva. Olvidamos lo vivido y sufrido durante los últimos 12 meses y lo espantamos para que no nos traiga malos augurios, o recordamos cada detalle de lo ocurrido para sacar de ellos sus enseñanzas.
Aquello que expresa el refrán popular, que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, de nuevo en este diciembre 2020 debería estar vigente en mi opinión; aunque con la Covid-19, objetivamente todo indica que el refrán en esta ocasión va a ser una excepción, porque parece que la enfermedad no tiene fin y que los cuerpos van a tener que resistirla porque lo contrario podría ser el fin del mundo.
“Para legitimar una recuperación democrática, la sociedad estadunidense tendrá que identificarse a la larga con valores que definen el socialismo. Porque la autenticidad del socialismo se origina en valores democráticos, y sus mayores deformaciones se han dado por alejarse de ellos.
Según los diccionarios, “solavaya” es una expresión cubana de repudio a la mala suerte, una invocación de rechazo a la desgracia. Tal es la palabra que viene a la mente de la mayoría de los habitantes de la isla caribeña para calificar al año que despedimos...
Los impactos de la Covid-19 han llegado a todas las edades, sólo que los y las jóvenes por su naturaleza han estado en mejores condiciones de mostrar que constituyen una fuerza social muy valiosa que no siempre es reconocida por los adultos









