Desperté cuando la luz de la tarde se doraba como la piel de una manzana...
Todos los días, en el camino recorrido entre la casa y su estudio, Marina tenía que parar en ese semáforo. Era larga la espera. Algunos muchachos repartían volantes impresos: Clases de Baile Fino de Salón...
Con el primer sorbo, el capuchino que acaban de servirte se amarga en tu boca. Ricardo no te había ahorrado ningún dolor...













