Desperté cuando la luz de la tarde se doraba como la piel de una manzana...
Todos los días, en el camino recorrido entre la casa y su estudio, Marina tenía que parar en ese semáforo. Era larga la espera. Algunos muchachos repartían volantes impresos: Clases de Baile Fino de Salón...
Con el primer sorbo, el capuchino que acaban de servirte se amarga en tu boca. Ricardo no te había ahorrado ningún dolor...
Los jóvenes se cansan de escuchar el lema repetido ad nausea por sus mayores: que para olvidarse de sus propios problemas deben servir a los demás. Es un consejo que huele a sótanos mohosos y a farisaísmo. Yo era uno de estos jóvenes que piensan que uno pierde su libertad cuando se involucra demasiado con los demás.













