Los jóvenes se cansan de escuchar el lema repetido ad nausea por sus mayores: que para olvidarse de sus propios problemas deben servir a los demás. Es un consejo que huele a sótanos mohosos y a farisaísmo. Yo era uno de estos jóvenes que piensan que uno pierde su libertad cuando se involucra demasiado con los demás.
Aquí, sin norma ni medida, el aire, líquido del tiempo...
Maldigo del alto cielo, decía Violeta Parra, así maldigo yo esta cuarentena maldita, mi trabajo es en la calle, pasar inadvertido y averiguar sobre las vidas ajenas...
En medio de condolencias, tenemos que dejar ir la mente, invitarla a un viaje por medio de las letras, las que una vez más nos salvan y regalan lucidez, la luz que necesitamos para alumbrar este lóbrego pasaje en nuestro viaje por la vida.













