Violencia vs. mujeres y dos telenovelas cubanas que la enfrentaron

Cuando la humanidad se encerró obligatoria e inesperadamente en sus hogares durante este pandémico 2020, muchas personas arrastraron conductas que quebrantaron la concordancia familiar. La violencia de género, especialmente hacia las mujeres y las niñas, explotó mundialmente. Instituciones y personalidades convocaron a educar para frenarla, pero, ¿cómo hacerlo con tantas adversidades?

Antes de repasar los aciertos y desaciertos educativos que tuvieron dos telenovelas cubanas que visibilizaron este maltrato, confieso que aquí admitimos que este fenómeno existía durante la crisis cubana de los noventa, junto a la homofobia, el racismo y las desigualdades sociales. Desde entonces, los investigadores, los decisores y los comunicadores intentaron recuperar los años perdidos para extirpar estos males, sin lograr eliminarlos.

¿Por qué elegí las telenovelas “Entrega” y “El rostro de los días” entre las acciones educativas que sucedieron durante los últimos larguísimos meses para que los ciudadanos enfrentaran la violencia hacia las mujeres y las niñas? Durante años estudié los mensajes sobre relaciones de género contenidas en las telenovelas cubanas transmitidas en horarios estelares, para evaluar en qué sentido educaban a su enorme teleaudiencia de mujeres, hombres y LGBTQ. Las dos elegidas reconocieron que persiste este tipo de maltrato en Cuba y provocaron un intenso debate. La primera incluyó los feminicidios que cometía un psicópata, mientras la segunda evidenció la violación de una niña por su padrastro, cuestiones que no solían transmitirse con la crudeza que lo hicieron estas telenovelas.

Analizo unidireccionalmente los mensajes sobre esta violencia que ellas divulgaron, esto es, del emisor hacia el auditorio. Ya llegarán las encuestas y los estudios de caso que revelen cómo la audiencia los percibió.

“Entrega” tejió con profundidad y agarre las deficiencias que persisten cuando se enseña la Historia de Cuba a estudiantes preuniversitarios, y mostró la profesionalidad con que un joven profesor introdujo métodos atrevidos para que sus estudiantes amaran esta asignatura. Una vez que la telenovela atrapó a la teleaudiencia con ardides melodramáticos, lanzó la subtrama de un feminicida, quien seducía a sus víctimas para violarlas y asesinarlas. El guion describió al asesino como un ingeniero agrónomo aparentemente pacífico, que de niño sufrió la violencia sexual en su hogar, cuando su madre se prostituía ante la mirada de su hijo, quien la observaba con odio y desprecio, incluso cuando la maltrataban. La novela no se regodeó en las escenas de las violaciones ni de los asesinatos. Su valor educativo radicó en que comunicó, primero, que este tipo de violencia existe en Cuba; segundo, evidenció los estereotipos patriarcales que persisten consciente e inconscientemente en la población que causan los feminicidios y, tercero, que las víctimas no fueron mujeres “provocadoras”, esas que supuestamente buscan que las violen. Por lo tanto, ¡ojo!, esto puede suceder a cualquier cubana.

“Entrega” desató críticas fortísimas hacia esta violencia de género un año después que la Constitución de la República (2019) incorporó varios artículos condenándola y revitalizó las discusiones sobre la urgencia de una Ley contra la violencia hacia la mujer. Por tanto, continuó sembrando en la población no sólo el rechazo a estos eventos sino la necesidad de elaborar políticas públicas para erradicarlos.

“El rostro de los días” se concentró en la maternidad en Cuba: la infertilidad y la reproducción asistida; el embarazo en la adolescencia; el maltrato psicológico que sufre una embarazada porque su marido le impide ejercer su profesión; el embarazo en una mujer madura y la muerte materna. No me detengo en la mediocridad con que la telenovela abordó estos tópicos, a pesar que los guionistas podrían haber consultado los abundantes estudios sociales sobre ellos.

La violación de una niña de 14 años por su padrastro acaparó la atención de los televidentes. Lo que más despertó mi “imaginación sociológica” fueron las fallas que tuvo el guion cuando abordó este tema y los inmensos debates que esto provocó en las redes sociales, en los medios oficiales y en la calle. Aunque la telenovela mostró los pasos que llevaron a la violación dentro del hogar, ante una madre que no supo percibirlos, y, además, elaboró las imágenes de la violación de una forma que transmitían el pavor de la niña y la brutalidad del violador sin “recrearse” en ello, el guion erró cuando extendió sobremanera que la adolescente confesara que la violaron y, lo peor, que los personajes se concentraran en arrancarle quién la violó, sin mencionar la necesidad de interrumpir ese embarazo indeseado.

Este tratamiento de la violación de una adolescente desconoció que en Cuba el aborto se legalizó en 1962, mientras que la planificación familiar se introdujo gratuita y universalmente en 1964. No existen estigmas sobre sus usos, entre otras razones, porque las religiones que las condenan no están entronizadas en los modos de ser de los ciudadanos. La baja natalidad que prevalece desde 1978 preocupa porque, junto al envejecimiento de la población, provoca que la población decrezca. Dos de sus causas radican en que las mujeres controlan sus cuerpos cuando, al acceder al aborto y a los contraceptivos, disfrutan las relaciones sexuales sin necesariamente salir embarazadas. Estas dos opciones son derechos que a las cubanas nunca les arrancarán.

Como reconocí, los estudios cubanos sobre la violencia hacia las mujeres y las niñas tienen sólo 30 años. Pero desde inicios de este siglo ha sido uno de los tópicos más investigados y publicados para que la población conozca que existe, comprenda sus causas, combata los mitos que la rodean y contribuya a crear políticas sociales que persigan eliminarla.

Por ejemplo, la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género (2016)

[1] indagó cómo perciben la violencia de género los hombres y las mujeres de la muestra, con lo que reveló la “punta del iceberg” para que los estudios de caso lo tomaran como referencia. 51.9% apreció que la violencia contra la mujer en Cuba es poca, 30% estimó que es mucha y casi 9% consideró que no existe. 26.7% de las mujeres encuestadas padecieron la violencia en su relación de pareja en los últimos 12 meses, prevaleciendo la psicológica, seguida, con menor frecuencia, de la violencia económica. La mayoría de los encuestados no justificó la violencia contra las mujeres ni contra los hombres, no culpabilizó a las mujeres por los maltratos o las violaciones y rechazó que las mujeres deben soportarlas. Una parte de los encuestados mantuvo mitos que perpetúan la violencia contra las mujeres: el consumo de alcohol la provoca; las féminas soportan los maltratos porque les gusta y la mayoría de ellas no denuncia al agresor porque estiman que es un asunto privado.

La socióloga Clotilde Proveyer expresó que «la violencia de género requiere de la articulación de todos los actores de la sociedad que participan en la prevención y la atención”. [2] Añadió que si no se incluye esta perspectiva, se seguirá enclaustrando el problema como algo privado o familiar, que debe solucionarse dentro de los límites de la intimidad, sin reconocer su dimensión social ni cuestionar el contexto de la ideología patriarcal.[3]

Las investigaciones cubanas sobre la violencia de género siempre incluyen soluciones para erradicarla. Entre ellas sugieren que los medios de comunicación trasmitan mensajes que contribuyan a ello, e insisten en que acudan a los estudios para enriquecer sus guiones. 

Con sus pros y contras, las telenovelas seleccionadas elevaron a un primer plano los debates acerca de la violencia hacia las mujeres y las niñas, ante una teleaudiencia cautiva por la Covid-19.


[1] “Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género”, Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y el Centro de Estudios sobre Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (CEPDE-ONEI). Anales de la Academia de Ciencias de Cuba; Vol. 9, No. 3 (2019): Premios de la ACC, páginas 132 a 134.

[2] Edith, Dixie. “Cuba, violencia de género: conocer para no revictimizar”, red SEMLAC, agosto, 2020.

[3] Ibidem.

Marta Núñez Sarmiento (Cuba, 1946) Es socióloga y profesora titular y consultante de la Universidad de La Habana, de donde se retiró recientemente. Investiga cómo influye el empleo femenino en las relaciones de género en Cuba, así como las relaciones Cuba-EEUU. Es Máster en Sociología (Facultad de Ciencias sociales –FLACSO-, Santiago de Chile, 1971) y Doctora en Ciencias Económicas (Academia de Ciencias de la URSS, Moscú, 1983). Fue profesora invitada en universidades de República Dominicana, Suiza, Suecia, Estados Unidos, Canadá, España y Argentina. Imparte la asignatura “Género, raza y desigualdades” a estudiantes norteamericanos matriculados en el Programa Cuba del Consorcio de estudios avanzados en el exterior (C.A.S.A.) en La Habana. Imparte conferencias sobre “Relaciones de género en Cuba” a estudiantes universitarios norteamericanos durante sus estancias en Cuba. Ha sido consultora de género para agencias de Naciones Unidas (1988-2015), para la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (CIDA) (2007-2009), para la Asociación de Estados del Caribe (1999) y para ONGs. Es fundadora de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana (1991) y del Casablanca Dream Group integrado por académicas feministas de países del Sur (2007). Fue experta del Consejo de Ayuda Económica (CAME) (Moscú 1978-1983) y consejera en la Embajada de Cuba en la Federación Rusa (1993-1997). Fue profesora invitada del David Rockefeller Center for Latin American Studies de Harvard (2010). Ha publicado en libros y revistas científicas de EEUU, Cuba, Canadá y otros países. Escribió la columna “Metodología de los por qué” en Unicornio de POR ESTO! (2018-junio 2020) Publicó el libro Yo sola me represento (2011). Ostenta la Orden por el Conjunto de su Obra Científica otorgada por el Rector de la Universidad de La Habana. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Agosto de 2020