| A todos los artistas, escritores y gestores culturales que dedicaron su vida a la creación y partieron en esta pandemia |
Queridos Lectámbulos:
Como cada año, el mes de mayo inicia con una importante fecha que es la conmemoración del Día del Trabajo, recordatorio de lo sucedido el 1 de mayo de 1886 en Chicago, Estados Unidos, cuando un grupo de trabajadores decidieron hacer una huelga en Haymarket Square como reclamo por sus derechos laborales.
Si bien, esta celebración inicia como una lucha laboral obrera, al día de hoy, se han sumado burócratas y profesionistas de todo tipo en todo el mundo; sin embargo, aún quedan trabajadores que están completamente desamparados como las y los empleadas/os domesticas/os.
De forma particular, este mes de mayo resulta un buen momento para reflexionar a cerca de las condiciones de trabajo, después de un año en el que, a causa, o como pretexto, de la pandemia, muchas personas quedaron desempleadas de un día para otro y en muchas ocasiones en violación de sus derechos, y los que tuvieron la suerte de continuar en sus empleos han tenido que adaptarse a nuevas modalidades como el teletrabajo, el home Office, en el que —como los maestros—, se han visto en la necesidad de invertir sus propios recursos para poder cumplir con las exigencias de la empresa, sin horarios definidos y con afectaciones a su salud emocional.
El sector cultural y artístico, sin duda, ha sido uno de los más afectados. Una de las causas, y la más lamentable, es que al arte ni siquiera se le toma en cuenta como trabajo. Desafortunadamente, a pesar de ser columna primordial en la formación humana de los ciudadanos de cualquier país, se sigue pensando que el arte y la cultura son sólo una forma de recreación; es decir, no son actividades de primera necesidad. Sin embargo, en esta pandemia, los artistas, escritores y gestores culturales mostraron al mundo que son más que necesarios. Cuando el miedo y la angustia se apoderó de las ciudades durante el confinamiento, los artistas salieron a cantar, a bailar en las calles, a leer cuentos con altavoces, a usar los medios electrónicos para hacer conciertos, cursos y talleres gratuitos para levantar el espíritu y crear un espacio para la esperanza. En forma más sencilla, estuvieron presentes en el encierro los libros, la música y el cine, que nos mantuvieron cuerdos en los momentos más difíciles. Los libros, la música y el cine son producciones culturales, que sin los creadores, simplemente, no existirían.
Generalmente, los políticos piensan que los artistas son un sector de élite y, administración tras administración, los primeros presupuestos que se recortan cuando se habla de austeridad son los de cultura. Tendrían que pensar que cuando se suspende un evento artístico, no sólo se quedan sin sustento los artistas, sino también los técnicos de audio y de iluminación, tramoyistas, maquillistas, vestuaristas y diversos proveedores de servicios y recursos materiales. Asimismo, cuando se piensa en teatros, hay que señalar que no todos pertenecen al Estado, también los hay privados, y esta pandemia los dejó en la quiebra, como a muchas otras empresas, es cierto, pero, la diferencia es que este problema no resulta visible para la sociedad y, por consiguiente, tampoco para la administración pública.
Son muchos ciudadanos que dependen laboralmente del arte y la cultura; sin embargo, ¿dónde están las políticas dirigidas a este sector en época de pandemia? ¿Recortes monumentales a los presupuestos culturales? ¿Convocatorias para ilustrar ediciones del Estado de forma gratuita?
Muchos de los artistas y gestores culturales son agentes independientes, pero requieren de una sociedad y autoridades sensibles, que valoren la cultura como un aspecto formativo y de prevención a la degradación social, así como también que se dignifique la labor artística como trabajo, porque es una de las profesiones más largas que existen, más especializada y que se requiere de una gran inversión para su formación. Pero sobre todo, el resultado del trabajo artista tiene la capacidad de curar al más herido en la profunda soledad hasta levantar sociedades enteras.
Es por eso que esta edición de Lectámbulos, la hemos titulado Arte, pandemia y trabajo, ya que es un homenaje para todos aquellos que se dedican, de forma directa o indirecta, al quehacer cultural, así como un llamado a las autoridades para detenerse a pensar a cerca de lo que representa el arte y la cultura antes de tomar decisiones que afecten a los creadores artísticos, ya que también, aunque de manera invisible y a largo plazo, será toda la sociedad quien lamentará las consecuencias.
| Verónica García Rodríguez 26 de abril de 2021 |










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