Cuento Qué pasaría si me salen pétalos en el cuerpo Emi G. Canchola

Mi piel es verde. Pequeñas hojas comienzan a nacer en las comisuras de mis labios, en las orejas, en los costados del pecho. Espinas me crecen en los muslos. Luego vienen los pétalos. Surgen uno a uno, lentos, hasta que se forman rosas en cada pliegue de mi carne.

Me quedo toda la mañana frente al espejo. Temo la reacción de papá. Yo, su único hijo, convertido en un rosal. Seguro me va a echar de la casa. No sin antes, claro, darme una buena chinga. Tendré que vagar por la calle en busca de un lugar para dormir.

Salgo del baño. Busco en mi habitación una chamarra gruesa, guantes, bufanda y hasta una máscara de Freddy Krueger. Mamá tampoco puede enterarse de nada. No me preocupa su reacción, sino que le cuente a mi padre. Ella nunca me regaña, nunca dice nada. Solo se asegura de que papá siempre se entere de todo, con detalle.

Quizás puedo ir a la casa del tío Orlando. Sé que a él le pasó algo similar con un árbol de manzanas. Le explicaré la situación y le pediré que me lleve al médico. Podría quedarme un par de días con él hasta que todo regrese a la normalidad. Aunque, si mi caso es incurable, tendré que escaparme de casa para siempre, buscar trabajo en un circo y cambiarme el nombre.

—Hijo —grita mamá del otro lado de la puerta—, ven a comer. Hay spaghetti y milanesas.

Las tripas me piden a gritos un bocado. Pero no puedo salir así. Tendría que descubrirme la boca.

—No tengo hambre.

—¿Seguro? ¿Estás bien?

Mamá intenta abrir la puerta.

—¡Ábreme!

Dudo un momento. Me aseguro de estar completamente cubierto. Luego, con las manos temblorosas, le quito el seguro a la puerta. Mamá se queda mirándome. Suelta una risa.

—¿Qué haces con todo eso encima? ¿Qué no tienes calor?

—No, así estoy bien.

Mamá deja de sonreír. Me quita la máscara.

—¡Mamá! Yo… Es que…

—Descúbrete el resto.

Me quito la bufanda, los guantes y la chamarra. Mamá solo mira, sin ninguna expresión en su rostro.

—La comida está en la mesa. Voy a dormir un rato.

—No le digas nada a papá.

—¿Decirle que tenemos un rosal bellísimo? Él ya lo sabe.

Emi G. Canchola
Nació en la Ciudad de México en el 2000. Estudió Creación Literaria en el Centro Estatal de Bellas Artes (CEBA). Cursa la licenciatura en Antropología Social en la Universidad Autónoma de Yucatán. Obtuvo el premio estatal de poesía Tiempos de Escritura (2020), el Séptimo Premio Iberoamericano de Poesía Joven Alejandro Aura (2020) y el XVI Concurso Nacional de Expresión Literaria La Juventud y la Mar (2016). Algunos de sus poemas han sido publicados en revistas como Círculo de Poesía, Nueva York Poetry Review, La Raíz Invertida, entre otras.