Naked Lunch y la narrativa compleja contra la razón.

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha configurado la realidad que la rodea en relatos para compartir experiencias e ideas. Esta práctica ha sido fundamental en el proceso de construir y mantener la identidad. 

Hoy en día se vive en un sistema complejo, a causa del progreso de la tecnología y el crecimiento de las civilizaciones. Los relatos, puesto que son reflejo de las culturas, también se han vuelto más complejos por lo cual varios académicos han estudiado las transformaciones narrativas y sus probables implicaciones. 

Aristóteles sienta las bases de la narrativa clásica, la cual se caracteriza por tener una trama que organiza sus eventos de tal forma que estos sean vistos como parte de una acción lineal continua y unificada, dividida en tres actos: un inicio (iniciación de la acción), un desarrollo (complicación de la acción) y un desenlace (resolución de la complicación de la acción). La razón de esto es dotar a las narraciones de una lógica que defienda alguna moral. 

Brannigan (2002) habla de cómo en las películas de narrativa compleja la representación lineal y racional de la fenomenología natural es tergiversada a través del poder de la ficción y el uso de sus elementos formales para crear paradojas que cuestionan la lógica. Incluso podría decirse que terminan produciendo un retrato más auténtico de la fenomenología natural y los procedimientos cognitivos. 

Dennett (como se citó en Brannigan 2002) piensa que la conciencia no es algo como un cine localizado en un lugar especial de la mente, sino que está conformada por una serie de pensamientos dispares distribuidos por el cerebro, que provocan diversos estados internos: “hay varios borradores de fragmentos narrativos en varios estados de edición en varios lugares del cerebro” (Brannigan, 2002, p.106). Branigan cree que esta teoría acerca de la mente provee una base firme para pensar a la película como lenguaje. Quizá porque este modelo posibilita la concepción de un filme más acorde a la naturaleza caótica de la imaginación y menos limitado por la representación lineal que se acostumbra a hacer del universo.

Según Marsha Kinder, las películas de Buñuel muestran que los sueños son el mejor modelo para la construcción de un pensamiento revolucionario ya que estos luchan contra el poder de las narrativas clásicas represivas que encierran a las sensaciones aparentemente absurdas o aleatorias en estructuras canónicas, causales y lineales. 

Tras el sueño, el humano tiende a repasar la secuencia onírica y reconstruir una interpretación de su significado al despertar. Freud describió esta tendencia como un impulso narrativo. Marsha Kinder habla de cómo este impulso mantiene la hegemonía de ciertos productos ideológicos. “Este proceso narrativo distrae al soñador de los significados más subversivos del sueño. Esos discretos preceptos visuales y sonoros que amenazan con explotar a todas las narrativas maestras de los regímenes autoritarios de religión, nacionalidad y clase” (Kinder, 2002 p. 7). Existe la intuición de que en dichos elementos disruptivos para la lógica, reside el potencial para generar una propuesta de un pensamiento verdaderamente revolucionario. 

Para Kinder (2002), este salto revolucionario se da en la ruptura lógica entre las imágenes. Tras analizar las películas de Buñuel, describe cómo en ellas el espectador es tentado por la repentina o sutil aparición de objetos o sonidos extraños que se diluyen en el marco de una narrativa lógica y causal. Agrega que en estos casos, la percepción de esos objetos disruptivos, es más subversiva ya que amenazan con deshacer toda la fábrica narrativa. Con base en esto, Kinder concluye que las películas de Buñuel demuestran que las narrativas clásicas no son ineludibles ni naturales, sino como todas las historias, mutables y que en los sueños fluye un vasto manantial de datos oníricos, de donde se pueden extraer elementos narrativos para configurar dispositivos con el potencial de enriquecer y complicar el impulso narrativo para generar un cambio social revolucionario. 

Branningan (2002) dice que un autor puede infiltrar en la narrativa, la representación de un pensamiento casual, ya sea para la construcción de una frase kamikaze que destruya la coherencia del contenido. Quizá para mostrar las entrañas de la verdad como construcción del lenguaje, o para revelar aquello que en cierto sentido flota en el inconsciente colectivo como un vapor deforme que toma forma en el registro del producto cinematográfico. 

Naked Lunch es una película que narra los delirios subjetivos de un personaje drogadicto, donde la parte objetiva o el mundo sobrio está presente todo el tiempo pero es invisible, y se vuelve visible solamente en el breve interludio en el que el personaje está sobrio, o cuando se ve el mundo desde el punto de vista de un personaje sobrio en contraste con el punto de vista del personaje drogado. 

Naked Lunch es una película que narra los delirios subjetivos de un personaje drogadicto, donde la parte objetiva o el mundo sobrio está presente todo el tiempo pero es invisible.

El modelo de esta historia muestra una concepción más acorde a la naturaleza caótica de la imaginación puesto que el autor infiltra la representación de varios pensamientos casuales. La base de datos de esta película parece ser la de los sueños como dice Kinder, y eso en efecto provoca una lucha de poderes entre las sensaciones aparentemente absurdas y las narrativas represivas que las encierran en estructuras canónicas, causales y lineales. Quizá por esto la película resulta para muchos difícil de comprender. 

A mi parecer, la tesis del relato de esta película vendría siendo la siguiente: La conciencia es una anomalía, un parásito plagado de contradicciones paranoicas que dictan las acciones del individuo en el nombre de falsas verdades y que por lo tanto hay que eliminarla. Para comunicar esta idea el autor se vale de un símil literario y visual presente en toda la película, la comparación del oficio de escritor con el de un agente investigador que observa una situación. El agente se infiltra en la profundidad de la conciencia a través de la droga y observa. El escritor graba en papel y tinta aquello que ha observado y escribe un reporte, una perspectiva que dista mucho de ser objetiva y en cualquier momento puede llegar a cambiar. Cerca del final esto se resume en el hermoso monólogo de la máquina Clark Nova en su momento agonizante: “Solo recuerda esto. Todos los agentes se pasan a otro bando y todas las resistencias se venden. Esa es la cruda realidad Bill. Y un escritor vive la cruda realidad como todo el mundo. La única diferencia es que hace un reporte sobre ella”. 

En la película, la conciencia es representada como insectos libidinosos que encuentran un placer perverso en envenenar al ser con una idea que tiene el potencial de volverse tiránica y controladora. De aquí se desprende una especie de aversión hacia este ente que nos hace actuar algo perdidos bajo el nombre de una racionalización incongruente, llevados por cierta inercia que no alcanzamos a comprender del todo. 

El protagonista de la película no tiene control sobre sus acciones. Simplemente es un operativo. Esto funciona como metáfora respecto del mundo real más allá de la película en donde nosotros seríamos lo mismo que él. Simplemente seres programados a través dispositivos narrativos que manipulan la conciencia tales como el labor afectivo y el miedo.

De esta forma se mantiene el funcionamiento hegemónico del sistema actual y futuro. El contenido de esta historia resulta radical y revolucionario ya que tiene el potencial de cuestionar las fallas del estatus quo. Si uno comprende este aspecto de la película o de la vida podría quizá decidir no ser parte de dicho sistema, aislarse en la medida de que pueda hacerlo y no seguir los preceptos comunicados por los sistemas de control o narrativas represivas a través de los medios masivos de comunicación. Dicha acción requiere de una inmensa voluntad y la toma de conciencia no asegura la resolución de nada puesto que el sistema hegemónico puede resultar cómodo y práctico. Sin embargo, dicho sistema tiene muchos inconvenientes que son bastante nocivos para la salud mental y física. Lo óptimo sería generar conciencia respecto a esta cuestión. 

A mi entender, la obra plantea una ética radical que se encuentra implícita entre la primera y la segunda epígrafe. La primera dice que nada es cierto, todo está permitido. La segunda habla sobre la imposibilidad de engañarse a uno mismo. Esta contradicción está presente en todo lo que le acontece al protagonista. Sus tendencias y repulsiones homosexuales, el sufrimiento por asesinar a su esposa y extrañarla, su aversión y necesidad de escribir. Todo esto está mezclado en un entorno de brillante tensión entre lo erótico y lo repulsivo, lo estructural y lo salvaje, el deber ser y la inmoralidad como una misma moneda de dos caras. Ante esta situación, al principio de la película William Lee nos plantea aquella ética radical. Una extraordinaria solución. “Extermina todo pensamiento racional, esa es la conclusión a la que he llegado”.

David Puyol Arias
Nació en Quito, Ecuador el 23 de Enero de 1991. Desde joven sintió un profundo amor por el arte, en especial por la literatura, la música y la pintura. A los 19 años se fue a vivir a Buenos Aires donde estudió filosofía y letras, periodismo y finalmente Cine, disciplina de la cual se enamoró profundamente. Durante su estancia en Argentina dirigió cortometrajes, escribió poemarios y lírica para el primer álbum de la banda La Revolt. A los 25 años se trasladó a México donde terminó la carrera de cine y tuvó la oportunidad de participar en varios cortometrajes como director, guionista, director de fotografía, productor y asistente de varias áreas. Actualmente produce dos cortometrajes su autoría y trabaja en Madmex perpetual motion, empresa dedicada a la renta de equipos de estabilización.