Mientras el presidente señala a los “aspiracionistas” con sus declaraciones de: “no debe de importarnos el dinero", su hijo vive la opulencia fuera de México.
Debe ser terrible para quien ha luchado casi toda su vida contra el neoliberalismo, la corrupción, por una sociedad más justa y que piensa que al fin ha ganado, que atestigua ese triunfo antes de llegar a la tumba, que alguien le diga que eso no es verdad, que todo fue una trampa del sistema para inmovilizarnos.
Lo rescatable es que el sexenio de AMLO nos dio un respiro, sobre todo con las políticas públicas que nos estaban llevando a una debacle social.
Para muchos, si el gobierno del Estado desaparece programas culturales y educativos es y será culpa de la federación por no enviar el dinero suficiente para que los políticos se enriquezcan, por lo que no tienen más remedio que robarlo del dinero de los yucatecos.








